Los cubanos hemos escuchado durante décadas promesas de prosperidad, sacrificios temporales, victorias inminentes y enemigos externos culpables de todas nuestras desgracias y calamidades. Sin embargo, la realidad una vez más ha terminado imponiendo su veredicto.
El Armagedón del Régimen Cubano: La última batalla de una dictadura agónica
El comunismo es intrínsecamente perverso. Papa Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris (1937)
La palabra Armagedón evoca la batalla final entre las fuerzas que pretenden perpetuar la oscuridad y aquellas que luchan por la libertad y la verdad. En el caso cubano en particular, esta batalla no solamente se libraría con la ayuda del ejército de los Estados Unidos, sino en la conciencia de un pueblo que ha comenzado a perder el miedo y a recuperar su memoria.
Me gustaría ilustrar ahora como en los antiguos relatos bíblicos, una serie de plagas que en mi modesta opinión han caído sobre la nación. No son castigos Divinos, sino las consecuencias humanas, políticas, económicas y morales de un sistema que agoto su ineficiente capacidad de ofrecer soluciones y que ahora lucha desesperadamente por sobrevivir.
- La primera plaga: la destrucción de la libertad.
Durante seis nefastas décadas, el régimen identifico la Patria con un partido, la nación con un Estado y la lealtad política con el amor a Cuba. El resultado fue una ciudadanía reprimida y reducida al silencio y una sociedad privada de mecanismos necesarios para defender sus derechos.
- La segunda plaga: el éxodo masivo.
Nunca antes en la historia contemporánea de la nación tantos cubanos habían abandonado la isla hacía todas partes del mundo en tan corto tiempo. Cuando un país pierde a sus hijos, pierde también una gran parte de su futuro.
- La tercera plaga: la destrucción de la economía.
El comunismo-socialista cubano prometió abundancia y produjo escasez. Prometió igualdad y generó pobreza compartida. No hay modelo económico alguno en estos momentos para que el desgobierno cubano revitalice su economía, porque siguen creando trampas de manipulación y control militar.
- La cuarta plaga: el deterioro moral e institucional.
La supervivencia cotidiana ha obligado a muchas familias a vivir entre el mercado informal y las muy conocidas “mipimez” este ultimo representa mini- mercados privados con abastecidos productos y variedades necesaria para la vida. La decencia y el decoro están de vacaciones vitalicias en la isla por la falta de credibilidad del mismo sistema inoperante y fallido.
- La quinta plaga: la cultura del miedo.
Los acontecimientos de los últimos años y estos meses han demostrado una vez más, que la dictadura utiliza fuertemente sus mecanismos de persecución física y psicológica. Además de imponer altas penas de cárcel para amedrentar a los que hablan, disienten, y señalan las malas políticas del desconectado desgobierno.
- La sexta plaga: la persecución de la libertad religiosa.
El comunismo en todas sus formas ha considerado siempre a la religión como un rival ideológico, porque la fe proclama una verdad fundamental: que la dignidad humana no proviene del Estado, ni del Partido, ni de ningún gobernante, sino de Dios. Desde el principio el régimen cubano ha limitado esta libertad intrínseca del ser humano solamente al plano cultual.
- La séptima plaga: La ruptura familiar.
La familia cubana se ha convertido en una nación dispersa por el mundo. Donde se encuentre un cubano de bien se encontrará una esperanza de retorno a sus raíces robadas por un sueño roto.
Ante esta realidad evidente, el poder de la isla ahora responde con 176 medidas de “trasformación” y “reformas parciales”. Cada paquete de medidas intenta ganar tiempo. Cada anuncio promete correcciones. Cada reforma reconoce indirectamente el fracaso de la anterior. Es como un círculo vicioso, no pueden ofrecer nada más porque es lo mejor que saben hacer: robar y robar, inclusive asesinar si fuera necesario.
La caída del comunismo en Cuba que ciertamente es lo que queremos muchos definitivamente no garantiza automáticamente el nacimiento de una nación mejor. La verdadera tarea comenzará el día después. La Cuba futura necesitará reconciliación sin olvido, justicia sin venganza, libertad con responsabilidad y democracia con participación plural.
Quizás el verdadero Armagedón del régimen ya está sucediendo, pero aún falta que el cubano vuelva a creer en sí mismo, en su dignidad, en su libertad y en su derecho a construir su propio destino.
Y solo entonces así podremos volver a pronunciar las palabras que durante décadas hemos esperado: Dios; Patria y Libertad.
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