El azar y nuestra interpretación del mundo
Todos tratamos de explicar por qué algo pasó. Y todos cometemos errores
n nA través de mi carrera, he tenido un gran interés por estudiar cómo las personas forman juicios y toman decisiones cuando se enfrentan a poca información o información adecuada, y estoy convencido de que el factor u201csuerte u201d está involucrado, los procesos que utilizamos son deficientes y nos equivocamos constantemente en las decisiones que tomamos. n n
Precisamente hoy, después de un almuerzo mensual que tenemos algunos amigos intelectuales, hablando con mi amigo el economista Jorge Sanguinetti, mencionamos un ejemplo que nos dio el famoso psicólogo, ganador del premio Nóbel de Economía, Daniel Kahneman, sobre el gran reto de entender u201cel azar u201d que surge de la lógica que usamos diariamente y que a veces las consecuencias de la lógica, son contra intuitivas. n
nNos cuenta Kahneman que cuando era profesor en la Hebrew University, le estaba dando una clase a instructores de la fuerza aérea Israelita sobre la modificación de la conducta. Les dijo que recompensar el buen comportamiento funcionaba mejor que castigar el mal comportamiento. Comportamiento que se recompensa se repite, comportamiento que se castiga no se repite. Este es un viejo principio de la teoría conductista en psicología. n
nUno de los instructores lo interrumpió y le dijo que su experiencia era totalmente contraria a lo que estaba enseñando. Dijo que en su caso, cada vez que un piloto llevaba a cabo un gran vuelo y él lo recompensaba, el próximo vuelo lo hacía peor. Y que cuando un piloto hacía un vuelo pésimo, y lo regañaba, el próximo vuelo era mejor. n
Los demás instructores inmediatamente estuvieron de acuerdo con el que expresó esa opinión. nAños le tomó a Kahneman descubrir que el regaño que le daba el instructor al piloto precedía la mejora, pero no la causaba. n n
La respuesta está en lo que se llama la regresión hacia lo normal. Cuando un piloto lo hacía mal, en el próximo vuelo se iba hacia lo normal, o sea mejoraba. Y cuando un piloto lo hacía muy bien, en el próximo vuelo, regresaba a lo normal y lo hacía peor. n
nComo pueden ver, la conclusión de los instructores estaba errada. El éxito o el fracaso de los pilotos no tenía nada que ver con la recompensa o el castigo que recibían después de un buen o mal vuelo. Asimismo nosotros interpretamos sucesos y estamos totalmente equivocados.
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