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OPINIÓN

El color político de la verdad

El tema no solo pone en evidencia la extrema división bipartidista, sino que saca a la luz las fisuras que emanan del interior de los partidos
Por SONIA SCHOTT

La reciente audiencia del Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes, sobre la respuesta federal a la insurrección en el Capitolio, que ocurrió el pasado 6 de enero, revivió la memoria colectiva sobre los fatídicos eventos de ese día, pero también puso en relieve cuán diferentes pueden ser las perspectivas ante esa situación, según el interés político que se defienda.

Y es que algunos legisladores republicanos están tratando de cambiar la narrativa y restar importancia al ataque que atentó contra la democracia en el país.

“Mientras el FBI y otras agencias federales continúan presentando cargos contra los participantes del motín del 6 de enero en el Capitolio, el público en general expresa un fuerte apoyo para continuar con estos esfuerzos. Sin embargo, hay diferencias partidistas considerables en las actitudes sobre los disturbios en el Capitolio, y los demócratas son mucho más propensos que los republicanos a ver el enjuiciamiento de los alborotadores como algo muy importante, aunque creen probable, que las sanciones para ellos serán menos severas de lo que deberían ser,” según constató un estudio del Centro de investigación Pew el pasado mes de marzo.

El tema no solo pone en evidencia la extrema división bipartidista, sino que saca a la luz las fisuras que emanan del interior de los partidos.

Fue esa misma fractura interna la que llevó a la destitución, como directora del Partido Republicano, a la congresista Liz Cheney, de Wyoming, por responsabilizar al expresidente Donald Trump de sembrar desconfianza en los resultados de las elecciones 2020 sin pruebas y alimentar las protestas que culminaron con la violenta irrupción en el Congreso estadounidense.

“Hoy enfrentamos una amenaza que Estados Unidos nunca había visto: un expresidente que provocó un ataque violento en este Capitolio en un esfuerzo por robar las elecciones ha reanudado su esfuerzo agresivo para convencer a los estadounidenses de que las elecciones le fueron robadas”, dijo Cheney durante un reciente discurso en la Cámara de Representantes por el que fue abucheada por muchos de sus colegas partidistas.

Sin embargo, parece que ella no está sola en sus apreciaciones, según sostiene Kevin R. Kosar, del American Enterprise Institute de Washington, quien destaca también la atención sobre los 100 miembros republicanos que amenazaron con abandonar el partido por lo que, según califican, el abrazo de Trump; pero que más allá de esa circunstancia estáacoyuntura tiene su origen en la estructura del sistema bipartidista actual.

Kosar dice “...el cisma republicano que vemos estallar es una característica habitual del sistema bipartidista. Como explicó el académico James Sundquist, hace mucho tiempo los partidos políticos de Estados Unidos experimentan regularmente realineamientos debido a varios factores, como los cambios demográficos, el surgimiento de nuevos temas y la aparición de nuevos candidatos. Considere el cambio del Partido Demócrata en los últimos 25 años. Bill Clinton ayudó a convertir un partido prosindicato en una coalición de tercera vía, que trabajaba con Wall Street. El senador Bernie Sanders de Vermont y la representante Alexandria Ocasio-Cortez revirtieron ese desarrollo y han insertado la extrema izquierda social en la agenda de gobierno demócrata”.

Estas divisiones internas llevan a sus miembros a asumir posiciones a las antípodas sobre los hechos, estancando el debate político que debería estar centrado en temas de interés nacional.

El ultimo ejemplo sobre cuán inquietantes pueden ser las diferencias políticas sobre el resultado electoral de 2020, lo representa una carta abierta, firmada por mas de 120 generales y almirantes estadounidenses retirados, quienes, en línea con la posición de Donald Trump, promovieron la teoría de que el presidente Joe Biden se robó las elecciones y afirmaron además de que el elegido podría estar mentalmente incapacitado para el cargo.

Ninguno de los generales y almirantes ostentaba el rango superior de cuatro estrellas, pero ideas como que Biden no debería ser presidente y que el resultado de las elecciones no fue creíble, podría añadir más combustible a quienes irrumpieron en el Capitolio, de cara al próximo proceso electoral, el 8 de noviembre de 2022, cuando se celebran las elecciones de mitad de mandato que determinarán cuál partido político será el que controle ambas cámaras legislativas, actualmente en manos demócratas.

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