Hay dos empresas dentro de Microsoft, una construye la autopista y la otra vende autos que nadie quiere manejar. El problema es que durante años el mercado pagó el mismo precio por las dos, y ahora que la distinción se volvió imposible de ignorar, el castigo llegó junto.
Las acciones de Microsoft cayeron más del 20% en lo que va de 2026. Es su peor desempeño trimestral desde la crisis financiera de 2008. Para una empresa que reportó al mismo tiempo un crecimiento de ingresos cercano al 17% interanual, la paradoja merece explicación. No es que Microsoft pierde dinero, sino que el mercado dejó de creer en la historia que la compañía contaba sobre sí misma.
Esa historia era Copilot, presentado como el futuro de la productividad empresarial. Este es un asistente de inteligencia artificial (IA) integrado en el ecosistema de Microsoft 365 que transformaría la manera en que las empresas trabajan. La promesa era enorme, sin embargo, la ejecución fue mediocre.
Los analistas que siguen de cerca de la compañía reconocen que el producto no cumplió expectativas de adopción ni retención. Las empresas lo probaron, pagaron la licencia adicional, y en muchos casos no renovaron. El asistente que iba a redefinir el trabajo de oficina terminó siendo, para muchos usuarios, una función más en una barra de herramientas ya demasiado cargada.
Esta es una falla de diagnóstico. Microsoft asumió que la distribución masiva con acceso al escritorio de 400 millones de usuarios de Office era equivalente a la adopción. Distribuir no es convencer, y en el mercado de herramientas de IA, donde la competencia se mide en semanas y no en ciclos de producto tradicionales, llegar primero con algo mediocre es peor que llegar segundo con algo que funciona.
El Windows Team cometió el error simétrico porque saturó el sistema operativo con funciones de IA que los usuarios no pidieron y que en varios casos ralentizaron o complicaron la experiencia. La reacción del mercado fue el apodo “Microslop”, que circula entre desarrolladores y usuarios técnicos con una velocidad que ningún departamento de relaciones públicas puede frenar. Los apodos crueles son peligrosos, estos se quedan.
Pero aquí está la otra Microsoft. Azure, la plataforma de nube de la compañía, es hoy la columna vertebral de gran parte de la industria de IA. OpenAI corre sobre Azure, Anthropic usa su infraestructura, así como decenas de startups y empresas medianas que construyen las herramientas de IA del próximo ciclo dependen de los centros de datos que Microsoft expande a un ritmo que pocos competidores pueden igualar. En este sentido, Microsoft alquila la pista en lugar de perder la carrera de la IA.
La metáfora exacta es la fiebre del oro de California en 1849. Los mineros que buscaban pepitas se hicieron ricos o quebraron. Los que vendían palas, picos y overoles, empresarios como Levi Strauss entre ellos, acumularon fortuna independientemente de quién encontrara oro. Azure es la tienda de herramientas, y la tienda nunca cierra.
El problema es que las tiendas de herramientas no cotizan con múltiplos de software. Tienen márgenes distintos, ciclos de inversión más largos, y una dependencia estructural en gasto de capital que hace que la rentabilidad llegue tarde y de manera irregular. Microsoft invirtió cifras masivas en centros de datos anticipando una demanda de cómputo que llega, pero cuyo máximo todavía es incierto. Cuando los inversores ven esos números junto con el estancamiento de Copilot, sacan la conclusión más simple: gasto alto, retorno dudoso.
A esto se suma el fenómeno que algunos en la industria llaman “SaaSpcalypse”, y es la percepción creciente de que las herramientas de IA para programación permitirán que las empresas construyan su propio software interno en lugar de comprar licencias de productos comerciales. Si eso ocurre a escala, el modelo de negocio de suscripción de software empresarial, uno que Microsoft perfeccionó durante dos décadas, enfrenta una erosión estructural.
GitHub Copilot, el asistente de codificación que corre dentro de Visual Studio Code, es la gran omisión en la narrativa catastrofista sobre Microsoft. Es el producto de IA de la compañía con mayor adopción real, documentada y creciente, ya que millones de desarrolladores lo usan a diario. Compite directamente con herramientas de Anthropic y otros, y en muchos entornos corporativos es el estándar de facto. Si Copilot 365 es el auto que nadie quiere manejar, GitHub Copilot es el modelo deportivo que se vende solo. La narrativa del fracaso que domina los titulares ignora esto casi por completo, lo cual dice más sobre la calidad del análisis de mercado que sobre la realidad de Microsoft.
La pregunta que importa es si la suma de Azure más GitHub Copilot compensa la pérdida de valor en el negocio tradicional de SaaS y software de productividad.
La respuesta es probablemente sí, pero no en los plazos que el mercado quiere.
La infraestructura de IA es un negocio de largo plazo con retornos que se miden en años. El SaaS tradicional generaba cash flow predecible, trimestre a trimestre, con márgenes altos y costos de adquisición de clientes ya amortizados. Reemplazar esa previsibilidad con los ingresos más volátiles e intensivos en capital de la infraestructura de nube requiere una paciencia que los mercados de renta variable no suelen tener. Los inversores que compraron Microsoft como una máquina de software miran los balances y ven una empresa en transición hacia algo diferente. Las transiciones no cotizan bien.
Hay un escenario en el que Microsoft gana. Es el escenario en el que la demanda de cómputo para IA crece de manera exponencial durante los próximos cinco años, así, Azure captura una porción creciente de ese mercado, GitHub Copilot se convierte en el sistema nervioso del desarrollo de software a escala global, y Copilot 365 finalmente encuentra su caso de uso real en alguna vertical específica, como legal, financiera o salud; donde la integración con los datos existentes de las empresas sea la ventaja decisiva. En ese escenario, el castigo bursátil de 2026 habrá sido una oportunidad de compra.
Hay otro escenario, y es el temor de los analistas más pesimistas, que el mercado de infraestructura de IA se consolide más rápido de lo esperado, y los márgenes de Azure se compriman por competencia de Amazon y Google, así, el SaaS tradicional se erosionará antes de que los nuevos productos compensen. En ese caso, Microsoft transformará en algo más pequeño de lo que fue.
Lo que no tiene discusión es que las dos empresas dentro de Microsoft no pueden seguir cotizando como una sola por mucho más tiempo. El mercado ya las separa y la dirección de Redmond tiene que decidir si lo hace también.
Las cosas como son.
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.