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OPINIÓN

El dragón encadenado: por qué un chino libre produce cinco veces más

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Es el experimento económico más grande de la historia y el resultado es humillante para Pekín: la cultura china es una máquina perfecta de generar prosperidad, pero solo cuando se le quita la bota del Partido de encima.

Imaginemos un experimento científico. Tomamos el mismo "hardware" humano, con la misma genética, la misma herencia cultural milenaria, la misma ética de trabajo confuciana y la misma obsesión histórica por el comercio y la educación. Luego, instalamos este hardware en dos sistemas operativos diferentes.

En el Sistema A, instalamos libertad de mercado, estado de derecho y propiedad privada.

En el Sistema B, instalamos una dictadura centralizada, corrupción sistémica y control estatal.

No hace falta imaginar el resultado, la historia ya lo hizo. Y la conclusión destruye cualquier relato del Partido Comunista Chino, el "milagro chino" no existe gracias al Gobierno, existe a pesar de él.

La prueba del algodón: la diáspora

El argumento definitivo no está en Shanghái, está fuera de ella. Miremos el sudeste asiático. En países como Indonesia o Malasia, los chinos son minorías étnicas que llegaron sin nada. A menudo fueron discriminados legalmente. No tenían al Estado a su favor, sino que lo tenían en contra.

Sin embargo, el resultado fue que, con su pura capacidad de trabajo y su instinto comercial, dominan la economía privada de esas naciones. Controlan los bancos, el comercio minorista y las grandes industrias, todo, sin planes quinquenales y sin el "Libro Rojo". Todo esto lo alcanzaron solo con su cultura de esfuerzo y ahorro. Demostraron ser los comerciantes más eficientes del planeta.

La matemática de la libertad

Pero la comparación más dolorosa es la del PIB per cápita. Es la medida de cuánto valor es capaz de generar una persona promedio en un año:

-Un chino bajo el sistema de Singapur genera cerca de $88.000 dólares anuales.

-Un chino bajo el sistema de Taiwán genera más de $34.000 dólares, superando a potencias antiguas.

-Un chino bajo el control del Partido Comunista genera apenas unos $13.000 dólares.

La diferencia es abismal, ya que un chino libre es entre tres y seis veces más productivo que uno sometido. No es que trabajen menos en el continente, de hecho, trabajan más horas, en condiciones de casi esclavitud con el infame horario "996". Es que el sistema se queda con la riqueza, la malgasta en ineficiencias estatales o se pierde en la corrupción de la élite.

El talento desatado en Occidente

Miremos a Estados Unidos. La comunidad chino-americana no necesita "cuotas" ni ayuda estatal. Lideran las estadísticas en matemáticas, en admisiones a universidades de élite, las de Ivy League, y en creación de empresas tecnológicas.

Jensen Huang (Nvidia) y Lisa Su (AMD) nacieron en Taiwán. Eric Yuan (Zoom) emigró de China a EE.UU. Cuando el talento chino toca un suelo donde se respeta la propiedad intelectual y el mérito, no solo compite; domina. Son los mejores ingenieros, los mejores matemáticos y los empresarios más feroces.

La mafia, no el comunismo

Esto nos lleva a la conclusión inevitable sobre la naturaleza del régimen de Pekín hoy. Ya no es "comunismo" en el sentido ideológico de repartir riqueza. Es, funcionalmente, una red de extracción de rentas. Una organización que se ha colocado como intermediaria forzosa entre el trabajo del pueblo y el fruto de ese trabajo.

El Partido Comunista Chino actúa hoy como un sindicato criminal que cobra "protección" a 1.400 millones de personas. Les permiten ganar lo suficiente para no morir de hambre y mantener la fábrica global funcionando, pero les impiden alcanzar su verdadero potencial.

El drama de China no es cultural. A diferencia de otras naciones que luchan por industrializarse porque carecen de una cultura de disciplina o ahorro, China tiene todo eso de sobra. Tienen el motor de un Ferrari. El crimen histórico es que hay una élite política pisando el freno y robando la gasolina, mientras convence al mundo de que, sin ellos, el coche no andaría. La realidad es justo la contraria: si soltaran el freno, China no solo sería rica; sería imparable.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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