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OPINIÓN

El efectivo encanto de la diplomacia silenciosa

El conflicto israelí-palestino se origina en la disputa por Tierra Santa, esa región del Medio Oriente, con un inmenso significado religioso e histórico para las comunidades cristianas, judías y musulmanas
Por SONIA SCHOTT

La diplomacia internacional es complicada, pues siendo el arte de influir en actores internacionales debe sobrevivir a intereses nacionales.

Un buen ejemplo es lo que sucedió hace poco, con los esfuerzos realizados silenciosamente por Estados Unidos para conseguir un alto al fuego entre Israel y Hamas en Gaza, después de 11 días de terribles enfrentamientos mortales.

El presidente Joe Biden llamó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para promover una desescalada en las tensiones, pero dejó que Egipto y Qatar tomaran el protagonismo como potencias regionales con influencia sobre Hamas e Israel.

Aunque La Casa Blanca reconoció el derecho de Israel para defenderse de los ataques con cohetes de Hamas, el grupo militante palestino que controla Gaza, hizo hincapié en la disminución significativa de los altercados, para luego apoyar un cese de hostilidades.

“Creo que el hecho de que Estados Unidos no estuviera al frente de las negociaciones, dejando que los egipcios y otros tomaran la iniciativa no fue malo”, señaló el exsecretario de Defensa Robert Gates porque “cuando Estados Unidos está al frente automáticamente crea muchos anticuerpos”.

El viaje del secretario de Estado, Antony Blinken, a la región, para reunirse con israelíes y palestinos, es una iniciativa que probablemente de buenos frutos.

El conflicto israelí-palestino se origina en la disputa por Tierra Santa, esa región del Medio Oriente, con un inmenso significado religioso e histórico para las comunidades cristianas, judías y musulmanas.

Los recientes incidentes se gestaron por “una combinación de ataques árabes contra judíos-israelíes en la ciudad; restricciones que la policía impuso a los palestinos que intentaban reunirse cerca de la Puerta de Damasco, una entrada principal a la Ciudad Vieja, durante el mes sagrado musulmán del Ramadán y los desalojos de seis familias palestinas de un barrio de Jerusalén”, sostiene Steven A. Cook del Council on Foreign Relations en la capital estadounidense.

Los antecedentes de este conflicto datan de fines del siglo XIX, cuando en respuesta al creciente antisemitismo europeo, nace el movimiento político sionista que lucha por el establecimiento de un estado judío en la antigua tierra de Israel.

Es la Resolución 181 de Naciones Unidas de 1947, la que oficializa la partición de Palestina en estados árabe y hebreo y le confiere a Jerusalén un estatus especial de independencia.

Esta resolución fue rechazada por la comunidad árabe.

Por eso, cuando en 1977, el entonces presidente egipcio Anwar el-Sadat fue el primer jefe de estado árabe en visitar Israel desde la fundación del nuevo estado, en 1948, abrió la vía para los acuerdos de paz de Camp David, bajo el auspicio de Estados Unidos, durante la presidencia de Jimmy Carter.

Otro memorable momento fue el famoso apretón de manos entre el representante de Palestina Yasser Arafat y el primer ministro israelí Isaac Rabin en la Casa Blanca en 1993, durante la presidencia de Bill Clinton, en el marco de la Declaración de Washington, que estableció un reconocimiento mutuo entre Israel y Palestina.

Durante el último estallido de violencia entre Israel y Hamas en 2014, el entonces secretario de Estado, John Kerry, desempeñó un papel fundamental en las negociaciones para concertar un alto el fuego. Hubo varios acuerdos, pero todos se rompieron.

“La historia enseña demasiado bien que cualquier forma de nuevo acuerdo puede convertirse en el preludio de nuevos actos de extremismo político y polarización: la adquisición de nuevas armas y defensas, la adopción de nuevas medidas de seguridad y la creación de formas de resistencia y terrorismo”, señala con escepticismo Anthony H. Cordesman, del Centro para Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington.

Un reciente estudio de la encuestadora Gallup sostiene que Israel sigue contando con un apoyo mayoritario estadounidense, pero las opiniones favorables hacia la Autoridad Palestina están en un nuevo máximo del 30%, al igual que el porcentaje 25% de quienes simpatizan más con los palestinos.

En todo caso, el presidente Biden sostiene que continuará las casi dos décadas de apoyo estadounidense a una solución de dos estados, que exige estados israelí y palestino y con fronteras similares a las que existían antes de la guerra de 1967.

¿Habrá suerte esta vez?

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