Hace pocos días, durante la Gala del Festival de Primavera, el evento televisivo más visto de China, el gobierno desplegó un espectáculo que dio la vuelta al mundo con decenas de robots humanoides Unitree G1 ejecutando una coreografía de artes marciales junto a niños. Estos estaban blandiendo lanzas y nunchakus, corriendo por paredes y haciendo volteretas en el aire.
El gran espectáculo de los robots chinos: mucho circo, poca inteligencia
Un análisis preciso para contar las cosas como son
Las redes sociales explotaron y los titulares occidentales se llenaron de admiración y un poco de miedo. “China nos está dejando atrás en robótica,” repitieron analistas y periodistas como loros bien entrenados.
Pero hay un problema con esa narrativa porque esos robots no piensan ni deciden, son maniquíes que se mueven muy rápido, para decirlo sin rodeos.
Para entender por qué esto importa, hay que separar dos cosas que los medios mezclan constantemente y son la mecánica y la inteligencia artificial (IA). La mecánica es lo que permite que un robot se mueva con agilidad, mantenga el equilibrio y ejecute movimientos acrobáticos.
Es ingeniería impresionante, sin duda, comparable a la de un reloj suizo muy sofisticado. Pero un reloj suizo no piensa, y estos robots tampoco. Cada movimiento que hicieron en esa gala estaba preprogramado al milímetro, ensayado y cronometrado como un número de circo. Si un niño se hubiera tropezado y caído frente a uno de esos robots, la máquina no habría sabido detenerse, esquivarlo ni mucho menos ayudarlo. Habría continuado su rutina, porque no tiene la menor idea de lo que ocurre a su alrededor.
La IA es otra cosa completamente distinta, porque es la capacidad de una máquina para percibir su entorno, interpretar lo que pasa y tomar decisiones por sí misma. Es lo que necesitaría un robot para limpiar una casa, donde cada día las cosas están en lugares diferentes, el perro se cruza en el camino y los niños dejan juguetes donde nadie los espera. Eso no existe todavía en ningún robot humanoide del mundo, ni chino, ni estadounidense, ni de ningún otro país.
Y aquí es donde la historia se pone interesante porque China describe un patrón reconocible cuando hace espectáculos espectaculares con tecnología que impresiona, pero debe mostrar avances reales en IA aplicada a robótica, las demostraciones desaparecen. Lo que aparece en su lugar son papers académicos llenos de promesas, comunicados de prensa grandilocuentes y videos cuidadosamente editados. Cuando algo funciona de verdad, no lo muestran, porque lo que funciona de verdad tiene valor estratégico y militar, y no se regala en un programa de televisión.
El propio Elon Musk desarrolla su robot Optimus en Tesla, y dijo recientemente que China es la mayor competencia en robótica humanoide. Pero lo que no dijo es que su propio robot todavía necesita un operador humano con un casco de realidad virtual para moverse, es decir, tampoco piensa.
La realidad es que estamos ante una carrera donde todos los competidores muestran los músculos de sus robots, pero ninguno resolvió el problema del cerebro. Y mientras tanto, lo que el gobierno chino logró con esa gala fue lo que buscaba, y es que el mundo entero hablara de lo avanzados que están, sin que nadie se detuviera a preguntar qué es lo que realmente pueden hacer esos robots cuando se apagan las cámaras y se desmonta el escenario.
La respuesta, hoy por hoy, es casi nada.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.
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