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OPINIÓN

El mito del arma oculta iraní

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

En los diarios económicos más leídos del mundo apareció una historia alarmante. Según ese relato, Irán convirtió la inteligencia artificial (IA) en un arma temible. Sus piratas informáticos atacan ahora más rápido y con más fuerza que nunca. Vale la pena leer la historia con calma porque cuando uno mira de cerca, Irán casi no tiene nada en las manos.

Aclaremos primero de qué hablamos. La IA es esa clase de programa que hoy todos nombran. El más conocido se llama ChatGPT, donde uno le escribe una pregunta y el programa responde con un texto, como lo haría una persona. Este traduce idiomas, redacta cartas, resume documentos largos y conversa. Eso es lo que de verdad sabe hacer.

Veamos ahora qué dice el propio Irán sobre sí mismo. Sus funcionarios reconocen en público que el país quedó atrás, así, el responsable iraní del proyecto admitió que su país no está en una buena posición en IA frente a los vecinos de la región, y señaló la caída de sus investigaciones y el lento crecimiento de sus empresas del rubro. Irán destinó apenas $115 millones de dólares a esta tecnología. Por lo tanto, su gran plataforma nacional es todavía un prototipo, una primera prueba que aún no funciona del todo. Un país que confiesa estar rezagado difícilmente sea la potencia secreta del relato.

Miremos qué hizo Irán con estos programas en la práctica. Emprendió tareas como la traducción de textos del enemigo a su propio idioma, la redacción de mensajes de engaño más creíbles para tender trampas y la búsqueda de vulnerabilidades de sus adversarios. También fingió identidades falsas para ganarse la confianza de sus víctimas. Para los grupos vinculados a Irán, la IA sobre todo vuelve más veloces y eficaces las viejas tácticas de siempre. Hizo más rápido lo que ya hacía sin aprender nada nuevo. La propia empresa que fabrica uno de esos programas dijo en público que, con todos sus controles de seguridad, su producto no agrega ninguna capacidad nueva para atacar.

Hay un detalle que delata la verdadera posición de Irán. Estos programas se ofrecen de dos maneras. Algunos se alquilan, y la empresa que los fabrica vigila a quien los usa y puede cortarle el servicio; y otros se regalan, y la gerenciadora publica el aplicativo entero como un archivo gratuito que cualquiera descarga y guarda para siempre. Irán no puede alquilar los programas occidentales por culpa de las sanciones, así que descarga los gratuitos, los hace funcionar en sus propias máquinas y los adapta a su gusto. Esa es la conducta del que quedó afuera, no la del que manda. Por lo tanto, Irán usa lo que otros entregan gratis.

Resta preguntar dónde está el arma de verdad. La respuesta no señala a Teherán porque en realidad está en Estados Unidos, que usó un programa famoso de IA, fabricado por la empresa Anthropic, dentro de un sistema militar que ayuda a elegir blancos para el ataque. Ese sistema marcó más de 1.000 blancos en las primeras 24 horas de los ataques contra Irán. Está también en China, que regala sus programas al mundo entero. El programa chino más conocido se llama DeepSeek, y cualquiera puede descargarlo y modificarlo, al revés de los estadounidenses, que en su mayoría se alquilan. La historia apunta el foco sobre el actor más débil de los tres. El arma poderosa descansa en las otras dos manos.

Hay incluso una vuelta que el relato prefiere callar. En noviembre de 2025 la propia Anthropic contó que piratas al servicio del Estado chino usaron su programa para un ataque casi automático contra empresas y oficinas de gobierno. El programa occidental más celebrado terminó en manos del rival más capaz. A Irán, en cambio, le quedó la copia gratuita y la fama de monstruo.

Cabe preguntarse a quién le sirve esta historia, y es a las empresas que viven de vender seguridad informática. Cuanto mayor es el miedo del público, más grande es su negocio. Algunas de esas empresas figuran como expertas en el mismo relato que alimenta ese miedo, detalle que nadie le aclara al lector.

Toda buena historia de miedo necesita además una frase a prueba de dudas y el relato la tiene. Lo que se ve es apenas la punta del iceberg, dice una fuente sin nombre. La frase resulta perfecta, porque convierte la falta de pruebas en una prueba todavía mayor. Así, cuanto menos se ve, más se puede imaginar y es por eso por lo que Irán resulta el villano ideal de la función. A un enemigo que casi no tiene nada se le puede atribuir todo lo que no se ve.

Cerremos separando los hechos del relato. Irán quedó atrás, sin dinero, aislado por las sanciones y con sus centros de investigación dañados por los ataques. Usó programas gratuitos para hacer un poco más rápido lo que ya hacía, eso es lo que ocurrió. Lo que creció hasta el cielo no fue el arma iraní sino la historia que se cuenta sobre ella.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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