El que pega paga, el que miente peca
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El segundo es el caso de Cristina Siekavizza, ama de casa guatemalteca que desapareció en julio de 2011 después de un supuesto altercado con su marido, Roberto Barreda, quien huyó a México con sus hijos. Finalmente fue capturado en octubre pasado y será juzgado en su país. Vivía con otra identidad como un paisano sin culpas. nLa forma horrenda como habría muerto Cristina todavía es un misterio, aunque el testimonio de una criada relata un episodio sangriento dentro de la casa Barreda-Siekavizza. Al parecer, él la golpeó múltiples veces con un instrumento contundente y la sepultó en un lugar desconocido. Él dice que pronto se sabrá la verdad. n
Los casos mencionados probablemente tuvieron antecedentes de maltratos sicológicos. Hay muchos tipos de maltrato: quien usa el chantaje emocional para conseguir sus objetivos manipuladores o lo hace para hacer sentir culpable a su pareja, por ejemplo, de ser mala madre o mal padre. Eso también es despreciable. nMienten porque creen que es una manera benigna de sentirse menos culpable del mal que hacen con su egoísmo, pero, en el fondo, es otra forma de agresión. Una acusación falsa es un ultraje tan dañino como un golpe. Los que inculpan a su pareja de un inexistente o imaginario evento con el fin de vengarse o tomar revancha. Ésa es una intimidación a la cual ciertos sicólogos se refieren como sorda, muda e invisible. nHacer sufrir a la persona por asuntos económicos es otro eslabón de la cadena de maltratos; amenazar con abandonar a una pareja constantemente o chantajear con los hijos. n
Podría repetir las cifras de muertes y denuncias por ataques que acumula la oficina especializada de la Naciones Unidas a nivel mundial, pero como dice el eslogan de la campaña contra la violencia intrafamiliar no son cifras sino vidas humanas las que están en juego. nNo está de más repetir que el peor error es creer que un golpeador (o una golpeadora) no lo hará de nuevo. Darle una nueva oportunidad a quien usa la violencia para mantener el control y amedrentar a la familia, favorece la impunidad y permite que lo vuelva a repetir. nRecuerden esto: vivir bajo amenaza es vivir en un infierno y bordea los límites de la complicidad cuando el silencio embarga.
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