miércoles 24  de  junio 2026
OPINIÓN

La negociación que nadie esperaba, Jorge Rodríguez ya no juega solo

Dinorah Figuera, con respaldo estadounidense, busca redefinir las reglas políticas de Venezuela sentándose a dialogar con Jorge Rodríguez, en un escenario que va más allá de futuras elecciones.

La política tiene una virtud y un defecto al mismo tiempo: siempre encuentra la manera de sorprender, y la semana pasada Venezuela volvió a comprobarlo.

Hasta hace pocos días, el nombre de Dinorah Figuera era desconocido para muchos venezolanos. Sin embargo, su llegada a Caracas alteró el tablero político de forma inmediata; no fue una visita protocolar ni una aparición simbólica; fue un movimiento calculado que envió un mensaje claro dentro y fuera del país.

Dinorah, presidenta de la Asamblea Nacional 2015, regresó a Venezuela respaldada por EEUU y con una agenda que apunta a algo mucho más profundo que una simple negociación coyuntural: la reconstrucción institucional del país. Sobre la mesa están asuntos que definirán el futuro político de la nación, que van desde la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) hasta la conformación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y las garantías para la participación política.

Por eso el encuentro con Jorge Rodríguez no fue una fotografía más.

Durante años ambos sectores se desconocieron mutuamente, durante años la confrontación sustituyó al diálogo y la desconfianza hizo imposible cualquier acercamiento, pero hoy la realidad es distinta: los adversarios están hablando; y cuando los adversarios políticos deciden sentarse en la misma mesa, normalmente es porque ninguno tiene la fuerza suficiente para imponer por sí solo sus condiciones. Allí radica la importancia de este momento.

Muchos observan el proceso como una discusión sobre futuras elecciones; y creo que es un error; lo que realmente está en juego es quién construirá las reglas de la política venezolana para la próxima década. Los magistrados del TSJ no son cargos temporales, los rectores del CNE tampoco. Quien controle esas instituciones tendrá influencia sobre el rumbo de Venezuela mucho después de que desaparezcan los titulares de prensa.

Pero existe una diferencia fundamental con procesos anteriores, y es que muchos años el chavismo utilizó las negociaciones para ganar tiempo, aliviar presiones internacionales y dividir a sus adversarios; esa estrategia funcionó en más de una oportunidad. Hoy el escenario parece distinto: Estados Unidos observa de cerca cada movimiento, mide resultados concretos y exige avances verificables; ya no bastan los anuncios ni las promesas; se necesitan hechos, y el oficialismo lo sabe.

También resulta imposible ignorar la ausencia, hasta ahora, de una posición definitiva de María Corina Machado. Aunque no forme parte de esta primera etapa de conversaciones, continúa siendo la figura política con mayor respaldo popular dentro de Venezuela; pretender construir una salida estable sin considerar ese factor sería desconocer una realidad evidente.

Las preguntas siguen siendo: ¿Estamos frente al nacimiento de una nueva institucionalidad capaz de devolverle equilibrio democrático al país? ¿O simplemente asistimos a una reconfiguración del poder donde las decisiones fundamentales ya fueron tomadas detrás de puertas cerradas?

Todavía nadie puede responder con certeza. Lo único claro es que algo se está moviendo; después de años de choque frontal, los actores políticos vuelven a hablar, ahora les corresponde demostrar con resultados lo que hasta hoy son apenas señales.

Los venezolanos ya no están para actos simbólicos ni fotografías cuidadosamente calculadas; el país no necesita otra mesa de diálogo, lo que necesita y pide son resultados; necesita instituciones que funcionen, elecciones creíbles y reglas que se respeten.

Esta vez la vara está más alta, y al final, como siempre, no serán las palabras las que dicten sentencia, serán los hechos.

Amanecerá y veremos.

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