El Watergate de Trump
28 de agosto de 2018 - 19:08 - Por SONIA SCHOTT
El mandatario siempre ha negado la colusión, alegando que cualquier reunión con los rusos fue parte del proceso político normal de recopilación de información sobre su oponente presidencial, Hillary Clinton

El presidente Donald Trump ha vuelto a arremeter contra el fiscal general, Jeff Sessions, a quien hace responsable, como cabeza del Departamento de Justicia, por permitir la nueva oleada de denuncias que podrían poner en peligro la continuidad de su gobierno.

Y es que la semana pasada fue realmente crucial para quien ocupa la Oficina Oval, luego de que Michael Cohen, su exabogado y "amigo", formuló serias acusaciones alegando de que fue el propio Trump quien le ordenó utilizar fondos de la campaña presidencial 2016, para comprar el silencio de dos mujeres con las que había tenido relaciones extramaritales.

Luego, a través de su representante legal, Cohen anunció estar listo para cooperar con el fiscal especial Robert Mueller, para compartir lo que sabe sobre las alegaciones de que el equipo de la campaña de Trump conspiró con Rusia para ganar las elecciones.

El mandatario siempre ha negado la colusión, alegando que cualquier reunión con los rusos fue parte del proceso político normal de recopilación de información sobre su oponente presidencial, Hillary Clinton.

Sin embargo, lo que realmente enfurece a Trump es que Sessions, el hombre que eligió para ser fiscal general, por su lealtad, amistad y apoyo, se haya negado a abrir una investigación en contra de Clinton.

El Presidente no puede entender por qué, si el Departamento de Justicia investiga las denuncias contra su equipo de campaña, Sessions no realiza investigaciones similares sobre los esfuerzos del equipo de campaña de Clinton para sacar a la luz información que le compromete y sobre el mal uso de correos electrónicos que hizo la demócrata, cuando era secretaria de Estado.

Cuando Sessions debió inhibirse de participar en las indagaciones sobre la supuesta conspiración con el Kremlin, después de admitir que no había divulgado una reunión con el embajador ruso en Washington, Trump se enfureció y desde entonces nunca le ha perdonado a Sessions que haya otorgado la investigación a su adjunto, Rod Rosenstein, responsable del nombramiento de Mueller, para encargarse del caso.

La batalla entre la Casa Blanca y el Departamento de Justicia cobró nueva vida luego de que Trump reiteró sus ataques a Sessions por la forma que ha manejado el caso de Cohen y lo acusa de no tener el control de su cartera.

Por lo pronto, Sessions ha asegurado que no permitirá que el Departamento de Justicia sea influenciado indebidamente por consideraciones políticas.

Es cierto que el Presidente puede criticar a sus colaboradores, como sostiene Alberto González, quien sirvió como fiscal general en 2005 para el gobierno de George W. Bush “El presidente de Estados Unidos tiene el derecho de ser crítico con los miembros de su gabinete, pero es más efectivo hacerlo en privado que en público porque menoscaba al Departamento de Justicia y lastima la moral de sus funcionarios”.

Los enfrentamientos con Sessions podrían terminar mal y no se puede descartar que en algún momento Trump despida tanto a Mueller como a Sessions.

El Presidente ya ha indicado que él mismo podría hacerse cargo de la investigación sobre las acusaciones de colusión con Rusia, mientras los medios han comenzado a decir que Trump ahora se enfrenta a su propio Watergate, el escándalo que destruyó la presidencia de Richard Nixon en la década de 1970, y algunos sostienen en Washington que esta situación tiene incluso posibilidades de ser mucho más grande.

El presidente Nixon renunció para evitar el juicio político, luego de que se descubriera un encubrimiento de la Casa Blanca por el asalto de cinco hombres a la sede central del Comité Nacional Demócrata en el edificio Watergate.

Los inculpados eran veteranos miembros de la CIA, cuyo jefe era director de seguridad del comité que trabajaba para la reelección del presidente Nixon.

El escándalo de Watergate se ha mantenido como icono de la corrupción política en Estados Unidos, que puso a prueba la solidez del sistema político estadounidense que está en unas instituciones fuertes.

Si alguna vez se demuestra que Trump ganó las elecciones de 2016, en parte como resultado de la colusión con Rusia, abriría un nuevo hito en la historia política del país.