Esta es la crónica de una mujer que decidió enfrentar su tiempo para que un país pudiera reencontrarse con su libertad, con su identidad.
Ella eligió bien... Gracias
La virtud es más rara que la venganza, sí, pero habría que agregar, más poderoso que cualquier tempestad y las fuerzas ocultas del mal, es el compromiso de mantener viva la verdad
Y en la noche más oscura decidió lanzarse al mar y aventurarse la vida por un valor superior a ella: el amor por su gente. Ya lo escribió Victor Hugo en Les Misérables: “Ser libre no es sólo romper las cadenas del opresor; es vivir respetando y promoviendo la libertad de los demás. Y Dios se hizo presente en su conciencia…que la iluminó en medio de la resaca y la tempestad.
Hay momentos en la historia de los pueblos que la política deja de ser una competencia, una reflexión posibilista, un simple ejercicio de poder y se convierte en algo mucho más profundo: la razón al servicio de la libertad [Dixit Arendt] que impulsa una decisión moral: una acción íntima de desprendimiento, que se hace hábito, carácter y destino. En ese momento el futuro y la política pertenecen más a los corazones que a las espaldas…
La historia que hoy se cuenta es la de una mujer que un día decidió no mirar hacia otro lado. Una santa guerrera.
Es en esos momentos aparecen personas—que sin proponérselo—terminan representando algo más grande que ellas mismas. No buscan necesariamente convertirse en símbolos, pero las circunstancias las empujan hacia ese lugar donde las acciones personales se vuelven carácter y conciencia colectiva. Y deciden positivamente, noblemente, dignamente, logrando el milagro de la virtud: cambiar la noche en amanecer.
Pudo haber tenido una vida distinta. Había estudiado, había trabajado, había construido una familia y un espacio propio tratando de encontrar su propio camino. Por la paz y la tranquilidad de sus hijos, adoptó a todos los hijos de la patria, ampliando su pecho no sólo a sus vástagos sino a todos aquellos cubiertos con el rostro de Dios. Su presencia se ancló en su espíritu y el país cambió.
La promesa de justicia social que había seducido a muchos terminó derivando en una concentración de poder que comenzó a transformar [liquidar] las instituciones, el lenguaje político y la vida cotidiana. Porque la justicia sin compasión es tiranía. El debate público se volvió agresivo, las diferencias se convirtieron en sospechas y la política dividió familias, amigos y comunidades. Y amaneció de golpe, de sombra, violencia y polarización. Ella elegía enfrentar esa tempestad.
Sintió que la distancia ya no era una opción, despertando su herencia guerrera, esa Venezuela Heroica que lleva en su linaje. Eligió bien. Se negó aceptar la resignación y la humillación como destino.
Elegir en momentos silenciosos.
En la vida de las naciones—como en la vida de las personas—existen instantes silenciosos que cambian el curso de todo […] Para ella ese instante llegó cuando comprendió que la defensa de la democracia no podía limitarse a opiniones o conversaciones de sobremesa. Había que actuar. Había que organizarse. Había que empoderar a un pueblo indefenso para defender sus derechos, elegir y ser escuchado. Ella decidió derrotar el mito del pueblo manso, desunido y dominado. Eligió remolinar, inspirar y reeducar a un país.
Permutar miedo por oportunidad, debilidad por porvenir, oscuridad por despertar. Sanear el odio acumulado con amor, inclusión y redención. Porque redimir es derrotar la ignorancia que siembra resentimientos y odios. Así lanzó un nuevo proceso de liberación que contagió de ciudadanía y dignidad.
Nace una iniciativa cívica que con el tiempo, se ha convertido en un movimiento ciudadano influyente y moderno en la defensa del voto, de las instituciones democráticas y muy especialmente de la capacidad de cada ciudadano de convertirse en protagonista de su propio destino. No más mesianismo ni externalidad. Una apuesta por la participación integrada, agregada y productiva que es capacitación por la libertad [...] Miles de voluntarios comenzaron a trabajar en barrios, pueblos y ciudades para promover la observación electoral y la organización ciudadana. Aquella red de jóvenes y canosos también, no sólo contaba votos sino transmitía un mensaje poderoso: tu me importas, yo me importo, tu voto cuenta, Venezuela eres tú, Venezuela soy yo: !Vente!
La democracia pertenece a la gente. La mujer que incomodó al poder.
Con el tiempo, ella decidió dar un paso más: entrar en la política. Pero no como una aliada dócil y convencional, sino con la fuerza interior de quien no busca simples seguidores, sino hombres y mujeres que se transformen con la fuerza de su luz propia, hacedores de la grandeza, del murmullo colectivo y glorioso de ser libres.
Se presentó como candidata al parlamento nacional y obtuvo la votación más alta en su circuito. Aquella victoria no sólo representaba un respaldo personal, sino también el reconocimiento a una trayectoria de compromiso cívico […] Desde el hemiciclo parlamentario comenzó a denunciar lo que consideraba una deriva peligrosa para el país: el debilitamiento de las instituciones, la concentración del poder, la politización de la justicia, la destrucción progresiva de la economía productiva y el despojo. Sus intervenciones eran directas, firmes y, a menudo, incómodas. Injusta y salvajemente fue golpeada y expulsada de su curul. Pero no se amilanó.
Antes celebro-debutó. En cadena nacional ante una visita de Chavez al Palacio Federal Legislativo, pronunció su imborrable: “Expropiar es robar.” No era simplemente una crítica económica. Era una afirmación ética sobre la relación entre el poder y la propiedad, entre el Estado y los ciudadanos. Aquella frase la convirtió en una figura aún más visible —y también más polémica— dentro del escenario político nacional.
El poder respondió como suele hacerlo cuando se siente desafiado: con hostilidad.
El costo de la coherencia le trajo momentos de distanciamiento incluso con la misma oposición que representaba. El régimen de Chavez arremetió con campañas de descrédito. Desde los medios oficiales se multiplicaron las acusaciones, los insultos y las descalificaciones. La estrategia era anular su voz antes que sus argumentos pudieran calar en la sociedad. Pero el conflicto alcanzó un punto decisivo cuando ella decidió llevar la denuncia sobre la situación política de nuestro país ante instancias internacionales. En algunas de esas jornadas tuvimos el honor de acompañarla [Canadá 2014]. A pesar de vivir momentos de desmarcaje político con el establishment opositor, no soltó la barras. Supo levantarse de cada caída y volver al ruedo de la lucha por la libertad y la dignidad de su pueblo. Maduro le hizo ‘el gran favor’: no dejarla recorrer el país por avión…
El arbitrario bloqueo la llevó a andar todos los caminos: por carreteras, ríos, trochas y veredas […] Así abrazó sobre la misma tierra cada rincón del país, cada corazón y cada mirada de cada humilde venezolano con el rostro de Dios. Cada lágrima, cada sonrisa, cada queja, cada palabra de fe, de amor y también de consuelo. Si de consuelo, porque tanto [ella] fue tocada en lo más íntimo de su corazón, como el pueblo fue estremecido en lo más sensible de su pecho. Y a política se convirtió en más corazón que espalda e incluso que palabras. Ni más ni menos.
[Ella] pasó de ser un líder político a una antorcha de esperanza de un pueblo desgarrado. Convirtió la hostilidad imperante en empatía, el dolor en compromiso, la desesperanza en fe y la oscuridad en amanecer. Lo genial fue que en medio de tanta violencia y miedo, organizó a un pueblo a la deriva. Y acompañó a ese liderazgo de base con la paciencia, la vigilia y la comprensión de una madre, para enseñarles a cuidar y defender lo que les pertenece: su derecho a ser feliz.
El precio personal: la paz en medio de la tempestad.
Para ella el precio fue profunda y sensiblemente personal. La presión política, las amenazas y la persecución judicial crearon un ambiente difícil para su familia y su organización. Sus hijos tuvieron que vivir lejos y la distancia se convirtió en una herida silenciosa que la acompañaba pero la fortalecía más. La clandestinidad fue feroz. Pero no doblegó.
Llegó la hora de tomar otras decisiones audaces y peligrosas. Casi le cuesta la vida pero alcanzó su destino: el reencuentro meritorio con la paz, con la verdad, con la justicia, con la Venezuela que aun brilla. No fue sólo un galardón. Fue la mano de Dios acompañada de su decisión de dar la vida por sus valores, por los nuestros.
Una decisión noble incapaz de aplacar su trascendencia. Contra viento y marea decidió retar sus propios temores. Como escribió William Shakespeare [The Tempest]: “La virtud es más rara que la venganza.” Y su virtud—decíamos—es su conciencia que es la realización gradual de la justicia. El camino fue difícil y podría haber sido fatal. Pero la gracia de la providencia y sus ángeles en el cielo, le permitieron contarlo y abrazarlo.
La virtud es más rara que la venganza, sí, pero habría que agregar, más poderoso que cualquier tempestad y las fuerzas ocultas del mal, es el compromiso de mantener viva la verdad; que abandera, que es la esperanza que amanece.
La construcción de un liderazgo.
Es verdad que el 3 de enero 2026 reabrió un camino histórico. Pero aun falta camino por andar. Esto comienza a comprenderlo Washington. El oro y el petróleo venezolano no está aisladamente en el subsuelo. Está en la conciencia y la bondad de un pueblo noble. Y ella lo representa genuinamente.
Visitando pueblos olvidados por la política tradicional, escuchando a trabajadores, estudiantes, madres, niños y ancianos que veían cómo sus oportunidades se desvanecían en medio de la peor crisis humanitaria enfrentada por país alguno en Latinoamérica, ella fue migrando una visión escaladora de la política, a un sentido humanista y maternal del poder. Entre pantanos, ríos o trochas; a pie, a caballo, curiaras o motocicleta, se fue transformando la conciencia del país.
La lucha por la democracia dejó de ser sólo una cuestión institucional. Se convirtió en una causa profundamente humana: la posibilidad que millones de venezolanos pudieran vivir en paz y prosperidad, y volver a tierra de gracia sin ser ignorados, rechazados ni reprimidos sino amados, valorados e incluidos, libremente.
La esperanza de una nueva era. Mujeres que transforman la historia. Washington ve y escucha.
La historia de esta líder venezolana se inscribe en una tradición más amplia: la de mujeres que han decidido enfrentar la injusticia contra todo riesgo, desigualdad y amenaza.
Ella asemeja el talante espiritual y bravío de Malala Yousafzai, quien sobrevivió a un atentado por defender el derecho de las niñas a la educación y se convirtió en una voz global por la dignidad humana; de Leymah Gbowee—cuya movilización pacífica de mujeres contribuyó a poner fin a la guerra civil en Liberia—, o de Rigoberta Menchú quien transformó la tragedia de su pueblo en una causa universal por los derechos de los pueblos indígenas.
Su voz firme ha desarrollado también un discurso orientado hacia la reconciliación nacional, un proceso impostergable de redención socio política y volver a casa. No existe actor político capaz de lograr en este momento ese salto cuántico sanador e histórico. Habla de reconstrucción institucional, de recuperación económica y de reintegración social. Pero también habla de regreso, reconciliación y recuperación de valores.
Ese anhelo resume el drama contemporáneo de Venezuela: una nación que ha visto despojar, desplazar y dividir a su gente. Su visión política apunta a crear las condiciones para que todos puedan volver. Una épica silenciosa de redención sociopolítica impostergable, cuyo eco retumba de manera ensordecedora. Y Washington también ve, escucha y valora su liderazgo, su humanidad, su integridad.
EEUU iza banderas de libertad en Caracas a sabiendas que el apoyo de la pasión y la fuerza de los pueblos que despiertan, supera a cualquier obstáculo, cualquier miedo, cualquier tanqueta. !Chile gritó, gloria al bravo pueblo! Ese grito retumbó en 'La Moneda' pero también en Pensilvania Avenue.
Las grandes epopeyas de la historia no siempre se escriben con batallas sino con gratitud.
La persistencia supera la temeridad de los malvados. La capacidad de resistir el desaliento se tranforma en carácter, hábito y destino. La emoción civil y ciudadana aun continúa cuando la creíamos muerta o reprimida. Vencer las armas con las ideas deja de ser romántico, porque quien con ejemplo arriesga su vida por mi libertad, también obliga y demanda mi sacrificio por ella…
Cuando Venezuela termine de despertar, los historiadores mirarán hacia atrás y entenderán cómo fue posible atravesar un período con tantas dificultades. Encontrarán muchas explicaciones…
Pero quizás la más notoria será reconocer como la voluntad indeclinable de una mujer hizo despertar el movimiento de movimientos que cambia la vida y la historia […] Una mujer que decidió no abandonar su país cuando hacerlo habría sido más fácil. Una mujer que inspira gratitud, porque “la virtud es más rara que la revancha...y la distancia más corta a la justicia”. Y por agradecido, ofrecemos la vida misma por quién lo hizo por la nuestra. Un valor indetenible, invencible, raro y virtuoso.
Estamos a las puertas del momento más glorioso de liberación; un reencuentro identitario, cultural, social, ciudadano y humano de Venezuela sin precedentes.
Con nosotros, con nuestro nuestro sentido de gratitud. También elegir bien significa permutar odios, miedos y delegación por dignidad, compostura, firmeza y perseverancia.
Gracias por recordarnos que la libertad no es una herencia garantizada sino una responsabilidad que cada generación debe defender. Gracias porque frente a las pruebas del tiempo y frente al juicio de la historia, tu decisión fue clara, noble y trascendental. Gracias por tus buenas decisiones, por tu arrojo y por tu seriedad en la política que es inspiración, que es la spoude platónica, “inspiracion vital para que los jóvenes no abandonen la causa ni la polis”.
“La verdadera fuerza de la historia no está en los imperios sino en la conciencia moral de los hombres y mujeres que deciden cambiar su tiempo" escribió León Tolstói. Y aún desde las mazmorras nuestros hombres y mujeres aun privados de libertad gritan:!elegimos bien! Nada es más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado. Y llegó el tuyo que es el momento de toda Venezuela.
Gracias Maria Corina Machado por cambiar nuestro tiempo y enseñarnos a todos el noble y supremo valor de ser libres en tierra de gracia. Elegiste bien. Dios te bendiga, Dios bendiga a Venezuela libre y redimida.
*Abogado. Ex Embajador de Venezuela en Canadá
@ovierablanco
vierablanco@gmail.com
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