Orlando El Duke Hernández me lo comentaba hace unos meses: la leyenda cubana de las grandes ligas cree que los peloteros de la isla se están encogiendo. Sentados en el estudio, minutos antes de salir al aire, repasábamos cómo en su época los deportistas eran tipos altos, como él y ahora son unos muchachos hábiles pero bajitos, no hay nadie que calce el diez y medio, o que use XXL en sus uniformes.
Este habanero, que no siente el menor de los temores a un hipotético enfrentamiento armado con los Estados Unidos, cree tener una explicación para el aspecto de los soldados del régimen, “los cubanos nos estamos encogiendo, la falta de luz eléctrica, de buena comida y de paciencia nos ha achicado la talla”.
El tipo no tiene ningún basamento científico para tal conclusión, pero cree que hay un símil con las jirafas del zoológico nacional de Cuba, “parieron jirafas enanas, por la falta de jama, parecen venados más que el clásico animal de enormes patas y cuello largo”. Lo molesto con la idea de que a lo mejor las compraron con defectos, “naaah, las abuelas de las actuales jirafas llegaron grandes y saludables, se las vendieron con papeles y todo a Moreno, el viejito que dirigía ese negocio en los 80, los defectos se los incorporaron aquí, sin vitaminas y con mosquitos, comenzaron a encogerse”, ahora se disfraza de científico naturalista, “igual que nosotros, la lógica de la supervivencia: a menor área de exposición disminuye el número de picadas, baja el consumo de alimentos y se reduce el sufrimiento”.
Al tiempo que converso con Mario Luis repaso los videos recientes de los combatientes cubanos en la televisión oficialista y tiene razón: los soldados se ven como sobrevivientes de una hambruna más que una tropa aguerrida que meta miedo al enemigo.
Supongo que en los videos están mostrando a la mejor representación de la tropa y me imagino cómo lucirán el resto de los combatientes, los que no alcanzaron las expectativas para salir en pantalla.
“¿Y no habrá sido la pandemia?” cuestiono, pero Mario Luis también me descalifica, “esto comenzó antes, durante el periodo especial, no la pandemia, nuestros organismos hicieron la selección natural con la caída de la Union Soviética, pasamos de koljosianos rollizos a laosianos imberbes”.
Ahora tira a jodedera la conversación y fabula con que los cubanos están llamados a convertirse en los pigmeos del futuro, “una atracción turística adicional a las playas, ¿te imaginas?, venga a Cuba, la Liliput de carne y hueso que nunca sospechó que existiera, siéntase Gulliver, un tipo alto por primera vez en su vida”. Una especie de parque temático de la miseria que ayudaría a la isla a salir de la debacle económica.
Vuelvo al ataque “¿no será que los grandes y fuertes emigraron?”, pero tampoco me da oportunidad, “nooo, es la jama bro, esos grandes de allá afuera son con los que vamos a recuperar el pie de cría cuando todo cambie”.
Le comento sobre el razonamiento del Duke Hernández y los deportistas bajitos, dice que no es solo en la pelota, que no hay un Juantorenas en el atletismo, ni un Stevensons en el boxeo, “todas las delegaciones deportivas son una banda de enanos y la Blancanieves alta es la de la seguridad del estado que les vigila y retiene sus pasaportes”.
Mario Luis tiene miedo a que los americanos no vayan a la isla de una vez y él termine convirtiéndose en un Yusuán Palacios, el vocero del régimen que es blanco de todas las burlas discriminatorias de las redes sociales, “en el mejor de los casos un Yusuán, en el peor el hombre invisible”.
Le digo que por suerte les están llegando donaciones, de México, Uruguay y hasta de los Estados Unidos, “jajaja, una lata de vegetales y otra de sardinas, eso fue lo que le tocó a un señor que lo publicó en las redes, ¿tú crees que se puede crecer con eso?”.
Ahora me interroga: que si no me veo más grande y blanco desde que me fui, que si no noto el cambio al comparar las fotos.
Soy categórico… más viejo… eso sí… mucho más viejo en estos 23 años de exilio, como corresponde.
Pero le prometo que tan pronto cuelgue me voy a chequear la altura, a comparar su tesis con mi experiencia.
“Me vas a dar la razón, aunque… bueno”, duda por unos instantes, “tú viviste cuarenta años aquí, así que a lo mejor ya tenías inoculado el ADN del periodo especial, te fuiste con el veneno en las venas”.
Me pongo serio y le digo que toda su teoría me parece una tontería, un conjugar de casualidades. Que hay formas más serias de ver los problemas de Cuba, “¿quieres algo más serio que ver todas las dificultades desde aquí abajo?”, dice y me hace reír, “todo te parece inalcanzable, cada día con la luz más lejana, con la comida achicándose en la distancia, con el país encogiéndose... como Raul”.
Seguimos riendo en medio de su desgracia, ahora asegura que según la propaganda oficial en Cuba hay solo dos tipos de personas, “está Raúl que es Raúl”, dice repitiendo el slogan tonto de los últimos días, “y luego están todos los demás, esa banda de comemierdas que llevan años gritado yo soy Fidel, ¡no jodas!... prefiero quedarme enano”.
Otro logro de la revolución según Mario Luis, los cubanos se reducen como si un enorme antibiótico les atacara.
“Si los gringos se siguen demorando será un ejército de bacterias lo que encontrarán cuando lleguen”, como permanezco callado contraataca, “yo me los imagino como hormigas bravas uniformadas resistiéndose a los pisotones de soldados enormes, la tropa cubana reducida a un hormiguero, provocando una roncha aquí, un escozor allá, mientras esperan ser aplastados”.
Nos toca colgar, yo me despido suponiendo a Mario Luis como un enano que grita en un enrome auricular mientras él me asegura que el lado bueno de la historia es que cualquiera se lo podrá llevar escondido en una maleta, una nevera o una caja de tabaco, “y al fin podré salir de este inferno, como atracción de circo, pero lejos, al fin”.