ver más
OPINIÓN

Es hora de ser buenos ciudadanos

Una somera reflexión sobre la institucionalidad y las políticas públicas nos hace ver la gran magnitud de la tarea que tenemos por delante los ciudadanos
Por MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ

Seamos empresarios, sindicalistas, agricultores, feministas, solidaristas, ambientalistas, profesionales... siempre somos ciudadanos.

En América Latina después del pobre desempeño en la década anterior a la pandemia del COVID-19 ahora vivimos el riesgo de una segunda década perdida consecutiva.

Esta grave circunstancia señala la gran responsabilidad de los actores políticos para enfrentar una situación deteriorada por la pandemia, por la guerra en Ucrania, por la inflación y el aumento de las tasas de interés, y por el poco crecimiento de los últimos años.

En muchas de nuestras naciones la pobreza ha crecido, la institucionalidad democrática se ha deteriorado y la conflictividad social ha aumentado.

Hoy vivimos un violento y desconcertante cambio de época. Viejos problemas no resueltos se unen a nuevas demandas. El acelerado cambio tecnológico y las confrontaciones de distintas ópticas culturales nos confunden, desarraigan y enfrentan. Para avanzar y vencer pobreza, desigualdad de oportunidades, retos ambientales, el cambio demográfico, y poder usar ventajosamente las nuevas tecnologías necesitamos más productividad y más innovación en los sectores público y privado.

Estamos obligados a atender los retos del pasado no resueltos, al tiempo que los acelerados cambios que vivimos en todos los órdenes nos llaman a atender los retos del presente.

Una somera reflexión sobre la institucionalidad y las políticas públicas que con urgencia ameritan soluciones para evitar males mayores y para retomar la senda del progreso en desarrollo humano, nos hace ver la gran magnitud de la tarea que tenemos por delante los ciudadanos, los partidos políticos, las organizaciones sociales y los gobernantes.

La más importante de las tareas es transformar nuestro sistema de educación y de capacitación laboral en el instrumento que permita a las personas mejorar en su desarrollo personal espiritual y con su esfuerzo propio progresar. Pero esto da resultados a mediano y largo plazo.

Las más urgentes de las tareas son, por una parte, lograr que se empleen productivamente jóvenes, mujeres y personas con poca capacitación. Esto exige preparar a las personas para que posean condiciones que los hagan empleables y aumentar la producción con innovación, eficiencia y productividad para que aumenten las posibilidades de empleo.

Por otra parte, es urgente generar la ayuda social para las personas y familias que requieren apoyo por falta de ingresos y por condiciones que les impiden generarlos por sí mismas, sean esas condiciones permanentes (ancianidad, discapacidad, orfandad) o transitorias (enfermedad, falta de capacitación laboral, desempleo transitorio).

Otras tareas son fruto del cambio en la estructura etaria de la población que exigen mayores erogaciones en salud y pensiones. La tarea es mayor si los sistemas impositivos son contrarios al emprendimiento o a la generación de empleos formales, como ocurre -por ejemplo- cuando los sistemas tributarios se basan en imposiciones sobre la planilla para atender gastos del estado diferentes a las pensiones.

A la par de esas tareas hay otras de similar importancia que se han agravado por una atención insuficiente como la infraestructura, la calidad del transporte público, la seguridad ciudadana, y la contaminación ambiental.

Ninguna de esas tareas es posible que sea exitosa si no logramos aumentar la productividad de los sectores público y privado y la racionalidad en la administración de nuestro territorio.

Por eso a la vez que enfrentamos semejantes retos debemos 1) consolidar las finanzas públicas, mejorar la planificación del estado, y su rendimiento de cuentas; 2) incrementar la innovación y la competencia en los mercados y 3) modernizar y hacer buen uso de la planificación urbana para evitar los costos innecesarios y la contaminación que causa el desorden en el uso de la tierra.

Es una tarea que en muchos países su estructura política ha demostrado ser incapaz de realizar.

Los partidos políticos están en deuda. No han sido capaces de generar apoyo ciudadano por su incapacidad para armonizar los intereses de los diferentes grupos sociales en una oferta creíble y realizable que entusiasme a los votantes.

Y eso no se resuelve con la fragmentación de los partidos y con una oferta de decenas de opciones, que lo que generan es una gobernanza ineficaz.

Si los partidos moderados de centro derecha a centro izquierda no se reinventan con posiciones nacionales serias, sin miedo a los cambios, y basados en estudio, en hechos, en conocimientos, y en una visión nacional, solo quedarán como alternativa las posiciones populistas de derecha o de izquierda, que han venido ascendiendo al gobierno en varias naciones.

En el sector público eso demanda mejor planificación, dirección, supervisión, rendimiento de cuentas y mayor eficiencia.

En el sector privado exige más competencia, mayor seguridad jurídica y mayor eficiencia.

En ambos es indispensable más capacitación y mejor uso del conocimiento.

En las últimas décadas nos ha costado prever el futuro y unirnos para enfrentarlo exitosamente.

Es hora de unirnos con base en hechos y conocimiento. De dejar de lado los prejuicios. De usar la carta de navegación que en el pasado ha sido exitosa: prioridad a la dignidad, libertad y fraternidad; respeto a ultranza a los derechos fundamentales de libertades públicas, libertad de prensa, de empresa, de propiedad y de contratación y no supeditarlos a derechos identitarios; democracia pacífica y fortalecimiento del estado de derecho con independencia de poderes y revisión judicial de las actividades administrativas.

Es hora de ser ciudadanos. No se vale ser indiferentes, ni solo defender intereses sectoriales.

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Temas

Deja tu comentario

Te puede interesar