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OPINIÓN

¿Está Estados Unidos listo para el cambio?

hora, una vez más, Estados Unidos está luchando por la seguridad, estabilidad y prosperidad de su economía
Por SONIA SCHOTT

La época conocida como la Edad de Oro (1950-1970) fue un período de prosperidad económica sin igual, gracias a los altos y sostenidos niveles de crecimiento económico y productividad, no solo en Estados Unidos sino también en el mundo, según un informe de Naciones Unidas titulado, Plan Marshall, el FMI y la Primera Década del Desarrollo de las Naciones Unidas en la Edad de Oro del capitalismo: lecciones para nuestro tiempo, publicado en 2017.

Mientras el acuerdo de Bretton Woods (1944) estableció un nuevo sistema monetario global, que reemplazó el patrón oro con el dólar estadounidense como moneda global, el Plan Marshall marcó el comienzo mismo de una cooperación internacional exitosa en el período de posguerra.

Según la revista American Heritage, alrededor de un millón de llamadas telefónicas al extranjero se originaron en Estados Unidos en 1950 y es que, en aquel entonces, el mayor cambio en los negocios estadounidenses era simplemente, el crecimiento de la economía estadounidense en su conjunto.

Ahora, una vez más, Estados Unidos está luchando por la seguridad, estabilidad y prosperidad de su economía.

“A medida que el presidente Joe Biden se acerca a los simbólicos 100 días de su presidencia a finales de marzo, su índice de aprobación laboral ha vuelto a su máximo posterior a la toma de posesión del 57%. Ha oscilado entre el 54% y el 57% desde que asumió el cargo”, según el último estudio publicado por la encuestadora Gallup.

Cuando el índice de aprobación del Presidente es alto, resulta más fácil ganarse el apoyo del Congreso, pues muchos querrán estar asociados con la persona que los votantes aprueban. De igual manera, un mandatario puede sentirse envalentonado por un alto índice de aprobación, interpretado como un voto de confianza por mantener una agenda ambiciosa.

Biden ha esbozado dos proyectos multimillonarios que tendrán un impacto duradero y significativo, tanto en el mundo laboral como en la vida general del país.

El programa de infraestructura propuesto busca cambios en todo el país, con nuevas carreteras, puentes, líneas ferroviarias, sistemas de transporte público y aeropuertos.

Sin embargo, un grupo de republicanos ya ha mostrado su oposición a la visión de Biden, al producir su propio plan de infraestructura a un costo significativamente menor: $568 mil millones en comparación con los $2,3 billones que propone el mandatario.

Luego está el cambio climático.

La semana pasada, Biden describió su ambición de reducir las emisiones de carbono en un 50 por ciento para 2030.

Si bien es vital que la Casa Blanca tome la iniciativa en la reducción de los gases de efecto invernadero para ayudar a salvar al planeta, el objetivo es que cada industria, cada negocio, cada granja, cada individuo, colabore para alcanzar la meta.

Basta observar los logros pasados en la reducción de emisiones para poner en contexto la ambiciosa agenda presidencial.

Entre 2005 y 2019, Estados Unidos redujo sus emisiones de carbono solo un 12 por ciento. Eso significa que entre ahora y 2030 las emisiones deberán reducirse tres veces más rápido, que durante el periodo 2005 -2019.

Tomando en cuenta que el desafío climático es mayor, tanto en el Congreso como a nivel nacional, debido a la naturaleza global de los objetivos, es claro que si Biden tiene éxito se asegurará un lugar destacado en la historia.

Sin embargo, incluso si ganara un segundo mandato en 2024, no sería presidente para completar ninguna de las ambiciones.

Uno de los problemas será cambiar la forma en que funciona la agricultura, pues se deberá reducir el uso de fertilizantes que emiten gases de carbono, así como recortar la producción de carne de res.

La producción de carne vacuna tiene un elevado coste ambiental, pues no sólo acelera el cambio climático, sino también estimula la pérdida de biodiversidad con la contaminación del agua.

Cambiar el mercado automotriz, será otra dificultad importante, aunque la industria está siendo parte de la solución, enfilando progresivamente hacia la producción de automóviles eléctricos con Tesla a la cabeza, seguido por Ford y General Motors.

Hasta ahora, sólo alrededor del dos por ciento de los automóviles y otros vehículos vendidos en Estados Unidos son eléctricos.

Las propuestas de infraestructura y cambio climático impulsarán el empleo y la economía, según ha prometido el Gobierno y si eso ocurre, Estados Unidos estará listo para celebrar la llegada de una segunda época dorada.

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