“¿Quién tiene la respuesta de los cuarenta millones?”, pregunta en la radio una de las presentadoras hispanas más reconocidas de Miami.
Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión
“¿Quién tiene la respuesta de los cuarenta millones?”, pregunta en la radio una de las presentadoras hispanas más reconocidas de Miami.
En su programa vespertino acaba de reproducir al aire las recientes declaraciones del congresista republicano Mario Diaz Balart y se queja porque, luego de esperar todo el día por las palabras del político cubano americano, ahora dice que no encuentra nada nuevo para comentar.
“¿Por fin con quién están hablando? Porque, mientras no digan, por lo claro, el nombre de la persona que está al otro lado de la mesa, esto parece más un cuento de presión que un camino para la libertad de Cuba”.
Desde el Vaticano, el papa León XIV aparece para demostrar que la historia va en serio, asegurando que, otra vez, la Santa Sede está sirviendo de intermediaria entre Washington y La Habana, como ocurrió cuando Obama y Raúl. La diferencia es que ahora lo anuncian desde el principio, no como en aquella oportunidad, cuando se lo tuvieron callado hasta el último minuto.
Igual, el comunicado del Vaticano es ambiguo y no ofrece detalles. Eso sí, desmiente al noticiero nacional de la televisión cubana empeñado en negar cualquier contacto oficial con Estados Unidos.
La incertidumbre no desaparece.
Ahora mismo un importante miembro del exilio cubano prefiere no venir a los programas de MegaTV, “enfriémoslo un rato que ando de capa caída”, me dice por teléfono, dejándonos asombrados porque siempre ha sido un tipo dispuesto.
El hombre se explica: “es que me llegué a creer que la cosa era inminente, soñaba con los helicópteros sobrevolando la plaza de la revolución y de repente me hablan de un posible acuerdo comercial”, reclama haciendo referencias a un articulo publicado por USA Today sobre supuestas negociaciones para la salida de Diaz Canel, la liberación del turismo estadounidense y el retiro de Raul Castro y su familia, pero permaneciendo en la isla. Algo que los congresistas Mario Días Balart y Carlos Giménez han salido a negar.
En el club de los cubanos en Miami, el Big Five, la peña nocturna repasa que tenemos en limpio hasta ahora: Todos coinciden en que sí están hablando, y también tienen claro que del lado de acá es Marco Rubio el que negocia, pero la cosa se complica al momento de definir al interlocutor cubano.
“Olvídate del cangrejo, eso es cuento; es Raúl en persona el que está pichando este inning”, dice Pepón, que presume de contactos, no se sabe dónde. “Si el cangrejo se encuentra con Rubio, es para traerle un recado del abuelo y llevarse las respuestas de los yumas”.
En términos beisboleros y cañeros el Gallego dice que ya perdió las esperanzas de que a Díaz Canel “le apliquen la alzadora”.
Pepón y su grupo le desmienten, dicen que esa opción “todavía está sobre la mesa”.
El Gallego cree “que Trump olió dólares y ya se jodió la cosa, como en Venezuela”. Lo que le cae arriba no es de amigo, le quitan hasta la botella de cerveza de las manos porque supuestamente la bebida le hace daño, “el alcohol te tupe el cerebro Gallego y enseguida a hablar mierda”.
Nuestra colaboradora desde Cuba por primera vez llama sin información, en los pocos minutos de conexión lo que hace es repetir la misma pregunta, “¿entonces ustedes no van a venir?”
En la categoría de “ustedes” entiendo que no entramos nosotros, se refiere a Trump, el Pentágono y los aviones de combate que ahora mismo bombardean Irán. “por favor, díganle a Johnson que no hay brete, que aquí todos le estamos esperando”.
En una conversación siempre en claves, creo entender que se refiere al líder de la mayoría de la cámara baja del congreso, el republicano Mike Johnson quien, esta semana, descartó la posibilidad de enviar tropas a Cuba.
Me atrevo a decirle que no tengo maneras de hacer llegar su recado, y que mis capacidades, como las de ella, no pasan de leer las noticias de cada día, quizás las mías un poco más actualizadas.
“Estamos perdidos por aquí, no entendemos nada”, soy solidario al asegurarle que por acá andamos en las mismas.
Con complicidad y un poco de sigilo me pregunta si creo que pueden seguir confiando en el anaranjado. “Depende de lo que estás esperando”, le digo, “bueno ... más bien de lo que espera el naranja”, replica ella, refiriéndose al presidente Trump. “El problema es que no se le ve la seña desde mi patio... la está tirando enredada”.
En el Big Five hay un aspirante a analista político que se impone con su vozarrón, dice que hay que esperar a que se acabe lo de Irán, porque está claro que el próximo capítulo es Cuba.
El Gallego niega con la cabeza, “Irán no tiene para cuando acabar, y si tenemos que esperar dos años para el próximo capítulo, mejor me entierran”. El del vozarrón habla del final del petróleo, de la necesidad de negociar antes de que reviente otro once de julio en las calles, de Venezuela dándole la espalda a Cuba, de los aviones vacíos que van y vienen entre las dos orillas.
Nada tranquiliza al Gallego: “él dijo dos semanas y ya se cumplieron”. Lo acusan de ser categórico y de malinterpretar una frase que no es medible en días, sino en poco tiempo, según su traducción.
“El presidente de seguro tiene su plan, como con Venezuela, decían que no pasaría nada y ahora tenemos petróleo y a Maduro, lo que hay es que confiar en él”.
El Gallego sigue sin asentir, “el problema es que llevo cuarenta años confiando y en esta película siempre gana el malo”.
Pepón lo acusa de pesimista; él ve la cosa muy buena para el cambio: “Lo único que no me cuadra es el Papa metido por el medio; esos lo suavizan todo, como con Obama, que acabó de espaldas y enjabonado”.
Desde Cuba nuestra colaboradora se despide con un recado, “diles a los amigos de más arriba que esto está cocinado, que ya huele y todo, solo hay que comérselo, pero para tragárselo tienen que venir, que no hay digestión a distancia, que no nos dejen con la comida hecha”.
Orlando es un sabio para confiar, un tipo al que recurrimos para esclarecer, aunque esta vez parece que se mueve en círculos, “nunca estuvimos tan cerca de una posibilidad de cambio... nunca supimos menos de lo que está pasando”.
Yo me acuerdo del personaje de Edith Massola en la telenovela cubana El año que viene, donde la genialidad del escritor Héctor Quintero la ponía a repetir la misma frase una y otra vez: “Dime algo Fernández”, insistía en cada capítulo esperando una respuesta que nunca le llegaba.
Estamos como Edith, diciendo lo mismo, pero mirando a la Casablanca, o esperando a que Don Rafael del Junco hable de una vez, como en la novela radial El Derecho de Nacer de Félix B Caignet.
Por lo pronto, el Gallego sigue negando en la mesa del Big Five, mientras todos le rodean a gritos para convencerle de un posible final feliz.
