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Venezuela

Futura diplomacia venezolana

Los venezolanos merecemos tener funcionarios diplomáticos de altura, que hayan estudiado su profesión tanto en Venezuela como en el exterior, que hayan alcanzado sus posiciones mediante una muy bien diseñada carrera diplomática y que su nombramiento, promoción y supervisión no dependa de los partidos políticos de turno en el poder
Por JUAN IGNACIO RIQUEZES

A los venezolanos debe darnos vergüenza la pésima representación de nuestro servicio diplomático desplegado en el exterior. Igualmente debe causarnos indignación la manera en que se han comportado durante los últimos 20 años los cancilleres, embajadores, cónsules y representantes diplomáticos acreditados ante otros países o ante organizaciones internacionales.

Entendiendo que los funcionarios diplomáticos son los representantes del país ante la comunidad internacional y que cada país desea promover de la mejor manera posible a sus nacionales ante el concierto de las naciones, es lógico pensar que cada país velará por escoger a sus diplomáticos de entre sus mejores y más preparados profesionales.

La diplomacia es una profesión que demanda el estudio profundo y disciplinado de las normas de etiqueta, comportamiento y protocolo de cumplimiento universal que rigen la conducta y actuación de los funcionarios diplomáticos, así como de los tratados, del derecho internacional y del lenguaje diplomático.

Cada vez que el chavismo designó a un militar como embajador nos dio una bofetada a todos los venezolanos y nos hizo saber el poco respeto que nos tiene, de la misma manera en que un enfermo de cáncer escogería a un plomero para decidir y conducir su delicado tratamiento.

Valga preguntar a cualquier venezolano que se hubiere visto en la necesidad de asistir a alguna embajada o consulado de Venezuela en procura de algún servicio diplomático o consular. Valga preguntar las razones por la que el chavismo decidió cerrar el consulado de Venezuela en Miami, ciudad que alberga la mayor cantidad de venezolanos en la diáspora.

Pareciera que los cargos diplomáticos y consulares venezolanos estuvieran diseñados para servir de arabescos laterales, premios o castigos a los políticos o militares que la nomenclatura chavista deseare enfriar, apartar o premiar en determinado momento, según las circunstancias. Muy distinto al deber ser de la diplomacia que, según Henry Kissinger, “es el arte de limitar el poder”.

Así vemos como personajes que sirvieron al chavismo como rectores del Consejo Supremo Electoral para ganar una elección o como magistrados del Tribunal Supremo de Justicia para blindar unas sentencias o como Fiscal General de la República para manipular unas acusaciones contra disidentes y acallar investigaciones contra los suyos, entre una inmensa lista de casos claramente denunciables, terminan con cargos de embajadores o de cónsules sin preparación previa alguna.

Los venezolanos merecemos tener funcionarios diplomáticos de altura, que hayan estudiado su profesión tanto en Venezuela como en el exterior, que hayan alcanzado sus posiciones mediante una muy bien diseñada carrera diplomática y que su nombramiento, promoción y supervisión no dependa de los partidos políticos de turno en el poder.

Control Civil propone que tanto la Política Internacional como la Cancillería y el Servicio Diplomático venezolano dependan directamente del Consejo Rector del Poder Civil.

De esta manera, los funcionarios diplomáticos venezolanos tendrán clara su permanente obligación de promocionar a sus conciudadanos donde sea que estos se encuentren y nunca más un venezolano tendrá que avergonzarse de la conducta de sus representantes diplomáticos o sufrir el escarnio o maltrato de quienes tienen la responsabilidad de atenderle o socorrerle.

juanriquezes@gmail.com
@juanriquezes

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