Con el X Diálogo sobre América Latina y el final de sus dictaduras, que tuviésemos el honor de organizar en sus temas y desarrollo, los exjefes de Estado y de Gobierno integrantes del Grupo IDEA – Iniciativa Democrática de España y las Américas – celebran y todos celebramos el décimo aniversario de nuestra constitución, en la ciudad de Panamá, a propósito de la Cumbre de las Américas.
Hacia el final de las dictaduras
Un análisis minucioso y normativo que plantea reflexiones y tiene en cuenta los dictámenes de la historia
Hablar de una década de brega sostenida, de avances a contracorriente, en un marco de descreimiento regional en la democracia, es un verdadero milagro. El mundo, en lo particular Occidente, se nos ha hecho líquido. Los occidentales, herederos de las tradiciones judeocristianas y grecolatinas, nos hemos transformado en cultores del relativismo. Buena parte de nuestras élites políticas cultivan la instantaneidad, practican el narcisismo digital, al punto que la razón, tanto pura como práctica, sigue adormecida. Y bien lo señala el aguafuerte de Goya: el sueño de la razón produce monstruos. Allí están, por si existiesen dudas, las satrapías reinantes en Cuba, Nicaragua y Venezuela, de las que nos ocuparemos en esta mañana.
Casi dos centenares de declaraciones y documentos, siempre endosados por un promedio de 30 expresidentes, revelan la importancia modeladora de las palabras. Son un desafío a las incertezas, a la perturbación del lenguaje y de sus significantes, para impedir todo diálogo, y a las posverdades de nuestro tiempo.
El Grupo IDEA optó por sostener, a contracorriente, los valores éticos de la democracia donde estos y la misma democracia han desaparecido; fortaleciéndolos donde se debilitan; acompañando a las democracias allí donde sus raíces fertilizan. Pero, al cabo y bien lo saben los expresidentes, la libertad y la experiencia de la democracia son un camino sin final, que se trilla sin descanso y en la cotidianidad.
Dos volúmenes, subidos al portal de Idea-Democrática, resumen lo realizado a lo largo de dicha década por los expresidentes, que incluye la asistencia de víctimas, publicaciones de libros, actividades pedagógicas, observaciones electorales, diálogos como el presente. Por lo mismo, en mis palabras de presentación del X Diálogo Presidencial hice constar las gracias infinitas que todos debemos a todos los exjefes de Estado del Grupo IDEA. Permanecen vivos y activos de los 40 fundadores unos 35, representados en el encuentro por el más veterano, Luis Alberto Lacalle, y por los pioneros, los expresidentes José María Aznar y Andrés Pastrana; los expresidentes Laura Chinchilla y Tuto Quiroga, Álvaro Uribe y Jamil Mahuad, Hipólito Mejía y Federico Franco. Gracias infinitas a Ustedes por ser ejemplos para las actuales y futuras generaciones les dije.
Le exprese mi público agradecimiento a Nelson Mezerhane Gosen, por su patronato y su ejemplaridad. Es una rara avis, pues sólo saben de derechos humanos y de Estado de derecho los que han perdido los suyos bajo la opresión del mal absoluto. Eso me repetía Karel Vasak, tras mi discurso en su homenaje ante la UNESCO, en 2000. Acompañé mi agradecimiento con otro hacia Madeline Pumariega y al Miami Dade College, invaluables y consecuentes anfitriones de nuestros diálogos a lo largo de la década y a sus colaboradores.
Durante el primer día de nuestros trabajos, presentes la viuda y la hija del expresidente, Cecilia Morel y Magdalena Piñera, se le hizo entrega a Luis Almagro Lemes, quien finaliza su mandato como secretario general de la OEA, del Premio Sebastián Piñera a la Libertad. Almagro es un “esclavo de los principios”. Otra rara avis de nuestro tiempo. Rescató la Carta Democrática Interamericana, que languidecía en los archivos de la Organización; apoyó a la Comisión de Venecia y la Corte Interamericana en sus prohibiciones de la reelección presidencial indefinida; e integró el equipo que preparó el expediente sobre los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Venezuela, consignándolo ante la Corte Penal Internacional.
En fin, fue mi propósito fundamental durante mis palabras de introducción al X Diálogo Presidencial del Grupo IDEA hablarles acerca de la persona que nos dirigió desde su clandestinidad en Venezuela las palabras de apertura, honrando a nuestra audiencia, un auditorio de lleno total. Y refiero a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, de quien dije lo que sigue.
Comprometida desde sus primeros años con el cuidado de los niños abandonados y con problemas de conducta, luego profesional de la ingeniería egresada de la Universidad Católica Andrés Bello – recuerdo vívidamente su memorable discurso al concluir su posgrado en el IESA, en 1999 – ha sido María Corina, desde la sociedad civil y también como parlamentaria, el referente para la construcción de una voluntad de nación que exprese al conjunto de los venezolanos; en una Venezuela que, hasta finales del siglo XX, hizo privar sobre estos, sujetándolos a sus moldes, a la república militar o a la república de partidos.
Una desviación amoral de esas experiencias se hizo presente en el seno de la república, actualmente desmaterializada y a la que María Corina Machado le da frente en todos los terrenos. Su cuerpo sufre los embates de los atentados a su integridad personal, en la misma sede parlamentaria de esa república declinante. En ese tránsito, nos enseñaba a todos los venezolanos que no hay república posible, ni experiencia democrática realizable sin la nación en su conjunto.
En uno de mis recientes libros, Venezuela, en la antesala de la historia, explico que “ante el vacío republicano y el fingimiento democrático, en una nación que se ha desmembrado y cuya cruda imagen son los caminos del destierro, pero que con tozudez se empina desde el territorio de la orfandad, Machado logra interpretarla en su situación de «liminariedad». Más que ofrecerles opta por acompañar a los venezolanos en sus propósitos resilientes, en sus decursos por espacios todavía desérticos y sin alma, con vistas a otro tiempo,” el tiempo de la libertad.
En esta misma sede, hace un año, en gesta que encabezan Madeline Pumariega del Miami Dade College y Marcel Felipe, del Museo Cubano Americano de la Diáspora, los rectores de cuatro universidades de la Florida ( Pumariega del Miami Dade College, Kenneth A. Jessel de la Universidad Internacional de Florida (FIU), David Armstrong de la Universidad de Saint Thomas, y Mike Allen de la Barry University) anunciaron ante el Grupo IDEA haber propuesto a María Corina Machado para el Premio Nobel de la Paz. Al pedido siguió el del grupo de parlamentarios norteamericanos y lo más granado de la academia y el liderazgo de Chile. El Comité Nobel concedió esa justa aspiración.
Al darle su justificación, también a contracorriente del ecosistema que ha buscado imperar sobre la disolución de los lazos sociales y culturales, el Comité hace presente que “la democracia es una precondición para la paz duradera”. Y se explica: “Vivimos en un mundo donde la democracia está en retirada, donde más regímenes autoritarios están desafiando la norma y recurriendo a la violencia”.
Así, observa y es conteste en cuanto al valor eminente y a los merecimientos que acopia de María Corina Machado al respecto. “Ella ha unido la oposición de su país, nunca ha renunciado a resistir la militarización de la sociedad venezolana, ha sido firme en su apoyo de una transición democrática en paz. María Corina Machado ha demostrado que las herramientas de la democracia son también las herramientas de la paz. Ella incorpora la esperanza de un futuro diferente, uno donde los derechos fundamentales de los ciudadanos son protegidos y sus voces son escuchadas. En este futuro, el pueblo será finalmente libre de vivir en paz”, concluye el Comité del Nobel, en su declaración dada desde Oslo.
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