Ana Luisa se declara derrotada, dice que Trump es como todos los hombres, que mienten para llevarte a la cama y luego se olvidan de ti.
Huir
Ante la cancelación de la llegada de Trump y la falta de destino claro para "huir", Ana Luisa busca desesperadamente un nuevo plan, ya que las opciones como Rusia o Venezuela tampoco son viables.
Ella, que se sentía de lo más animada y que miraba desafiante a la chivata del barrio, ha vuelto a caminar por las sombras y a comprar o vender el contrabando callejero por la ventana del fondo, “la puerta de la calle ha quedado clausurada hasta nuevo aviso... los vendedores entienden, ellos también tienen que cuidarse”.
Un vecino, Pompi el de la cajita, pasó de ser el más querido a convertirse en el ave negra del infortunio. Así lo llama Ana Luisa desde ayer, cuando se apareció con la noticia de que Trump no viene, “ni Marco Rubio tampoco, lo dijeron en los noticieros esos de Miami que Pompi puede ver desde su casa”.
Por lo pronto Ana Luisa comenzará a caminar por las mañanas, al menos una hora, para entrenarse, para ver si engaña al hambre y a la incipiente flacidez de sus muslos, “ya que no se los voy a abrir a Trump que al menos me sirvan para la fuga, para resistir la caravana, que es lo que viene”.
Hay que escapar, no queda de otra, retomar los planes de la permanente fuga, a los que habían renunciado ante “la inminente llegada de los americanos, que otra vez nos dejaron con las ganas”.
Me comenta que desde ayer están desinformados, porque Pompi el de la cajita, no sale de su cuarto. A ella le consta que no ha salido porque lo está velando: el tipo vive al final del pasillo y obligatoriamente tiene que pasar por todas las puertas para llegar a la calle.
“El pobre, ayer todo el solar le cayó arriba cuando vino con la noticia de las negociaciones, hasta se cagaron en su madre, como si la culpa fuera de él”.
Sin querer mataron la gallina de los huevos de oro, Pompi el de la cajita era su único contacto con el mundo real, hoy todos en el solar se mueven alrededor del pasillo con la esperanza de que salga con las ultimas noticias, “pero parece que quedó muy ofendido”, comenta Ana Luisa. “los muchachos del 4B le jugaron cabeza para ver si lo tumbaban, le mandaron a Lazarita a tocarle la puerta, porque al Pompi se le van los ojos cada vez que la muchachita pasa en licra, pero ni a Lazarita le abrió”.
Dice que no está muerto que se sienten ruidos dentro del cuarto y la televisión funcionando, “él nada más la prende para ver los canales de afuera, gracias a la cajita que le paga un sobrino desde Miami”.
Por fin me entero para que me llama por larga distancia, “quiero saber en qué dirección coger, porque pa’ Rusia no salimos ni aunque nos regalen los pasajes, eso es pa’ la guerra y mi jabao no es ni Ogún, ni Changó, lo de él son las mujeres, está muy joven”.
La cosa es huir, pero antes tenían claro cuál era la puerta de salida, ahora hay que correr hacia la neblina, una fuga a ciegas, “ya no hay yuma, ni Venezuela, los centroamericanos le tienen un miedo a Trump que se cagan y sacaron a los cubanos del juego, ¿pa’ donde agarramos?”
Me cuenta que tiene miedo a que su hijo, el jabao, se meta en un rollo, “sale todas las noches, dice que, a cazar ladrones, eso está de moda por aquí, pero siempre trae algo para vender, algo que se le pega y tengo terror de que termine siendo a él al que le den la paliza”.
Dice que sobreviven gracias a “las cositas” que trae el jabao y que ella vende o cambia por la ventana del fondo.
“Hay que pirarse porque este negocio es pérdida total, lo mismo el jabao trae cositas cinco días seguidos que después nos quedamos en banda una semana”.
Además, el jefe de sector, el policía de la zona ha vuelto a aparecer por el barrio y la chivata parece que está cogiendo aire otra vez, “lo que le falta es un suspiro para volver a echarnos a todos pa’lante”.
Ella me insiste en que la cosa es huir pero que le diga para dónde, que la ayude al menos con un punto cardinal, no me pide más.
Por lo pronto le digo que trate de salir que después verá que hace, pero que lo primero es dejar a Cuba en la espalda. Ana Luisa tenía preparada la respuesta, “nadie huye sin un destino, hay que tener un lugar de llegada y aquí ni los santos te dicen, ayúdame tú, total si te equivocas no voy a tener como reclamarte”.
Sonrío, no le puedo hacer eso, no tengo ni idea, le explico que me da miedo aventurarme para salir del paso. “no tengas miedo, nosotros somos de lo más decentes y el jabao es serio y trabajador, el pobre, lo que no ha tenido oportunidad de demostrarlo”.
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