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Elecciones en EEUU

Imagínense: ¿el presidente Maduro en Miami?

Yo apoyo a Marco Rubio como americano, como Latino y como inmigrante que defiende las tradiciones y cultura latina. Votar por Murphy representa un voto para la destrucción
Por ALBERTO MARTÍNEZ PIEDRA

A Patrick Murphy, el candidato demócrata en la Florida al senado de EEUU, le gusta hacernos creer que es solidario y amigo de los latinos, pero no es cierto. Parece que tuvo un problema también con su resumé recientemente.

Como latinoamericano y como antiguo embajador de Estados Unidos en Guatemala durante la presidencia de Ronald Reagan, quiero ser muy claro. Yo apoyo a Marco Rubio como americano, como Latino y como inmigrante que defiende las tradiciones y cultura latina. Votar por Murphy representa un voto para la destrucción (sin que nos demos cuenta) de nuestra identidad como cristianos y un voto para transformarnos en esclavos del estado. No somos idiotas.

Voy a ser muy claro: la ideología agresiva anti-cristiana de Murphy, diga lo que diga sobre su cristianismo y amor por la clase media, es en el fondo la misma ideología de Hillary Clinton, de Fidel Castro y de Nicolás Maduro, el desastroso presidente actual de Venezuela. Por otra parte, es degradante cómo juegan con el victimismo y con la carta racial. Estamos hartos. Nos ve como números, como meros votos y no como personas.

Gente como Murphy y Clinton prefieren pasar el tiempo con sus amigotes adinerados, en vez de visitar los barrios latinos en la Florida, sea en Key West, Hialeah, o St. Augustine. Si entraran en La Casa Juancho en La Calle 8 en Miami, o en La Teresita en Tampa, probablemente pedirían “white pudding with soda bread and boiled potatoes”, en vez de “bistec empanizado con yuca frita y frijoles”. Claramente, no es uno de nosotros.

Yo quiero que los latinos de la Florida se den cuenta de que el “dúo dinámico” Clinton/Murphy representa el estancamiento económico y un Gobierno que nos asfixia, cuando lo que queremos son oportunidades de trabajo y de progreso social y que nos dejen en paz en cuanto a nuestras creencias religiosas.

En una reciente conferencia, Mrs. Clinton acusó a la religión de ser causa de desigualdad y sostuvo que “los códigos culturales profundamente asentados, las creencias religiosas y los prejuicios estructurales, tienen que cambiarse.” Esto es muy grave. La libertad religiosa es un derecho fundamental que los latinos valoramos muchísimo, pues somos predominantemente cristianos.

¿Por qué votar por Murphy cuando viola nuestra conciencia en cuestiones tan relevantes como la defensa de la vida, el sexo y el matrimonio? Su radical ideología, que también apoya la financiación federal del aborto, intenta por todos los medios que nuestros queridos símbolos y valores cristianos desaparezcan del espacio público. Al final, transformarán las iglesias en clubes sociales, antros o museos, golpeándonos en el corazón de nuestra cultura.

Y si eso no fuera poco, nos ofendemos cuando se refieren a los católicos, evangélicos y todo cristiano como gente “severamente retrasada” y unos pobrecitos que no saben de qué demonios hablan.

Así pues, mientras que uno puede votar pragmáticamente por un candidato defectuoso, uno no puede votar a favor de cualquier persona que defienda y permita actos absolutamente malos, y que incluye el aborto. El papa San Juan Pablo II dice: “En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, 'ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto'” (Evangelium Vitae 73). América está en una encrucijada. Si quieren que manden La Virgen de Guadalupe y Nuestra Señora de la Caridad del Cobre de vuelta a América Latina, allá ustedes. No digan después que no sabían que Clinton, Murphy y sus aliados ideológicos anti-Cristianos nos cerraron nuestros colegios, hospitales y negocios porque amábamos a nuestras tradiciones y creencias cristianas.

Si quieren otro Maduro en la Florida, allá ustedes, voten por Murphy, un hombre que representa el empobrecimiento del pueblo latino-americano en todo sentido.

Dr. Alberto Martínez Piedra PhD, Embajador de EEUU en Guatemala durante la presidencia de Ronald Reagan, actualmente es catedrático del “Institute of World Politics” en D.C. Llegó a EEUU, procedente de Cuba, en 1959.

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