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OPINIÓN

Invisibles para el Estado, detectados por la máquina: la nueva era del exilio digital

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Hasta 2025, el sistema de deportaciones en Estados Unidos dependía casi por completo de procedimientos humanos: oficiales de inmigración recibían alertas de vencimiento de visas, analizaban expedientes, cruzaban información dispersa entre agencias y ejecutaban las órdenes de remoción tras un proceso administrativo que podía tomar semanas o incluso meses. En muchos casos, el seguimiento era ineficiente. Sólo una fracción de los casos detectados terminaban en una remoción efectiva, y los recursos se destinaban a trámites burocráticos, búsqueda física de personas y tareas de verificación repetitivas. A modo de ejemplo, durante los primeros tres años del gobierno de Biden, el promedio diario de deportaciones fue de unas 742 personas. En los últimos años de Obama, ese número se ubicaba por encima de las 1.000 diarias. La administración Trump en su primer mandato promediaba unas 850, pero con cuellos logísticos y legales.

La diferencia estructural comenzó en enero de 2025, con la adopción completa de plataformas automatizadas controladas por inteligencia artificial (IA). Desde ese momento, el proceso dejó de estar limitado por la capacidad humana de análisis. Cada persona en situación migratoria irregular recibió la evaluación de modelos algorítmicos, identificando patrones de riesgo y generando acciones automáticas. Se centralizaron más de 60 millones de registros personales: pasaportes, entradas y salidas del país, registros escolares, laborales, médicos, de tránsito, impuestos, consumo eléctrico y hasta actividad en redes sociales. Esta base, actualizada en tiempo real, triplicó la velocidad de detección de casos por deportar.

La IA, en lugar de esperar que un caso llegue a una oficina, inicia la búsqueda. El sistema sugiere operativos, calcula rutas de detención, asigna prioridades y coordina con la aplicación móvil que usan los agentes en la calle. Antes, para confirmar la identidad de una persona y chequear su estatus migratorio, podía pasar un día entero. Ahora lleva menos de 10 segundos. Antes, el sistema identificaba de manera efectiva entre el 18% y el 25% de las personas con visa vencida o sin estatus. Con la IA, esa cifra supera el 60%.

En los primeros seis meses del segundo mandato de Trump, se deportaron más de 140.000 personas, lo que representa una tasa promedio de 737 deportaciones diarias. A ese ritmo, el total anual proyectado ronda las 270.000, pero si se implementa por completo la segunda fase de automatización —que incluye órdenes automáticas de detención sin paso previo por tribunales migratorios, la cifra alcanzará más de 400.000 al año. Para ponerlo en contexto: en 2012, el pico histórico fue de 409.849 deportaciones. Si la IA acelera los procesos como hasta ahora, ese récord se superará sin aumentar el número de agentes ni jueces.

La diferencia entre antes y ahora no está en la voluntad política de deportar, sino en la capacidad técnica para ejecutar. El sistema no espera que alguien denuncie, que un expediente se actualice o que se firme una orden. La IA detecta, prioriza, localiza y dispara una secuencia de acciones automáticas que reducen a minutos lo que antes tomaba semanas. En ese salto temporal se encuentra la diferencia estratégica de esta etapa: más datos, menos fricción, mayor volumen y menos intervención humana. A este ritmo, por cada agente operativo se pueden procesar hasta cinco veces más casos que en 2020. La deportación ya no es una tarea. Es una línea de producción.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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