sábado 21  de  febrero 2026
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Desde su comunidad digital, el influencer tecnológico Yari Taft expone los retos del nuevo mercado laboral

Como señaló Yari Taft, hay una cadena de desafíos que, en conjunto, explican por qué tantos perfiles preparados no logran posicionarse en el mercado global

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

En la industria tecnológica latinoamericana hay una conversación que avanza a media voz. Se habla de inteligencia artificial, de arquitecturas distribuidas, de frameworks que cambian cada año. Se discuten salarios, sí, pero casi siempre como anécdota. Lo que rara vez se analiza con profundidad es el sistema que determina quién accede a los ingresos más altos y quién queda atrapado en el mismo rango durante años.

Yari Taft se detuvo en ese punto incómodo. No lo hizo desde la teoría, sino desde la experiencia acumulada después de atravesar procesos internacionales, trabajar con empresas estadounidenses y luego acompañar a cientos de desarrolladores que querían replicar ese salto. Lo que encontró no fue un único obstáculo, sino una cadena de desafíos que, en conjunto, explican por qué tantos perfiles preparados no logran posicionarse en el mercado global.

El primero, según Yari Taft, es la desalineación. Muchos desarrolladores invierten años perfeccionando tecnologías que les resultan cómodas, pero que no necesariamente están en el centro de la demanda internacional. El mercado no premia la lealtad a una herramienta; premia la relevancia.

Y ese ajuste, que parece técnico, es en realidad estratégico. Implica observar hacia dónde se mueve la industria y aceptar que, a veces, hay que reconstruir parte del perfil profesional.

El segundo desafío es menos visible y más difícil de admitir: la mentalidad. Yari Taft sostiene que una parte significativa del estancamiento salarial no responde a falta de capacidad, sino a límites internos. “Muchos no se creen capaces de competir afuera”, ha señalado en distintas conversaciones. Esa percepción condiciona decisiones antes incluso de postularse a una vacante internacional. No es un problema de código; es un problema de autopercepción.

A eso se suma un tercer obstáculo estructural: la incomodidad frente a habilidades no técnicas. En comunidades developer, hablar de marketing personal, posicionamiento o ventas suele generar resistencia. Sin embargo, Yari Taft insiste en que vender talento no es sinónimo de exagerarlo, sino de saber comunicarlo. El mercado global no evalúa únicamente profundidad técnica; evalúa claridad, capacidad de explicar impacto y dominio del inglés en contextos profesionales reales.

En el recorrido de Yari Taft hay también un aprendizaje empresarial que se convirtió en desafío personal.

Pasar de acompañar individualmente a tres desarrolladores a construir un modelo escalable implicó enfrentar temores propios: contratar equipo, invertir en estructura, delegar. No es casual que él mismo describa el crecimiento de su proyecto como un proceso de transformación interna. Escalar no fue simplemente sumar alumnos; fue cambiar la manera de operar.

Otro desafío que Yari Taft identifica es la confusión entre desempeño laboral y desempeño en entrevistas. No siempre son habilidades equivalentes. Hay desarrolladores brillantes en ejecución que fallan en entornos de evaluación estructurada. Comprender la lógica detrás de entrevistas teóricas, challenges asincrónicos o ejercicios de diseño de sistemas requiere preparación específica. Ignorar esa diferencia suele ser costoso.

En paralelo, el mercado mismo impone nuevos retos. El avance de la inteligencia artificial está redefiniendo perfiles. Ya no alcanza con ejecutar tareas repetitivas; se valora cada vez más la comprensión profunda de sistemas y la capacidad de diseñar soluciones completas. Yari Taft advierte que se está ampliando la brecha entre quienes entienden lo que hacen y quienes simplemente replican soluciones encontradas en foros. En ese escenario, el aprendizaje superficial deja de ser suficiente.

También existe un desafío cultural. En América Latina persiste cierta resignación frente a la brecha salarial con Estados Unidos. Sin embargo, el propio mercado estadounidense muestra otra realidad: contratar talento latinoamericano representa una ventaja competitiva significativa en términos de costos. Eso no significa que el acceso sea automático. Significa que la oportunidad existe, pero requiere preparación consciente.

Yari Taft ha repetido en distintos espacios que el error no está en aspirar a mejores ingresos, sino en competir en el lugar equivocado. El mapa laboral se volvió global, pero muchas estrategias siguen siendo locales. Ajustar esa ecuación implica revisar hábitos, creencias y decisiones profesionales.

Hablar de desafíos puede sonar abstracto, pero en el caso de Yari Taft tiene una dimensión concreta. Son desafíos técnicos, sí, pero también psicológicos, estratégicos y culturales. No se resuelven con un curso aislado ni con un cambio superficial de CV. Exigen un replanteo más profundo sobre cómo se concibe la carrera profesional en tecnología.

El debate recién empieza. Mientras la industria continúa transformándose, la pregunta no es si habrá oportunidades internacionales para desarrolladores latinoamericanos. La pregunta es quién estará preparado para asumirlas cuando aparezcan. Y en esa discusión, Yari Taft eligió no quedarse en la comodidad del código, sino abrir una conversación que, aunque incomoda a algunos, parece cada vez más necesaria.

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