El lunes pasado aterrizó en Maiquetía después de 16 horas, un avión procedente del aeropuerto internacional Imán Jomeini de Teherán. Se oficializó así la reanudación de vuelos directos entre Irán y Venezuela, un paso más de acercamiento entre estos dos países sancionados por Estados Unidos.

El senador Marco Rubio reaccionó: “A menos que Irán se haya convertido repentinamente en una importante fuente de turistas internacionales, esto es otra evidencia de que Maduro es una amenaza de seguridad nacional para Estados Unidos”.

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Los vuelos se harán semanalmente a través de la aerolínea privada Mahan Air, la segunda de importancia en Irán, la cual ha sido acusada de transportar –bajo la apariencia de vuelos civiles– equipo y personal militar a Siria, así como suministros para la organización terrorista Hezbolá.

Mahan Air ha estado bajo sanciones por parte de Estados Unidos. Desde principios de este año, Alemania y Francia también prohibieron vuelos con esta aerolínea. En el 2011 fue colocada en la lista negra por la consumación de vuelos para apoyar las fuerzas del dictador Bashar Al-Assad con quien el canciller del régimen Jorge Arreaza, departió recientemente: “Me dijo que tenemos la necesidad de detener a tiempo el imperialismo para que no haya en América Latina una guerra de 8 años como la que hicieron en Siria”, enfatizó Arreaza para que nadie dude de los planes de la tiranía. En complemento a sus proyectos, reiteró que “seguiremos potenciando nuestras relaciones con Irán”.

Y aunque Maduro continúe en su juego verbal con el simulador del escenario del diálogo, para lo único que está actuando es para reforzar una ruta de fuerza que logre mantenerlos en el poder. Su afán muestra un escenario cada vez más peligroso para todo el hemisferio. No es una exageración pensar que las mismas mafias que han devastado a nuestro país, aspiran además a tomar posesión de todo el continente.

En este contexto, no deja de ser revelador que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya declarado a menos de 24 horas del primer vuelo Teherán-Maiquetía, que la Guardia Pretoriana de Irán es un grupo terrorista. Tal aseveración no ha tenido precedentes en tanto Estados Unidos contra militares de otro país.

Lo de Trump no es necesariamente una reacción a la activación de vuelos directos entre Irán y Venezuela, pero se le parece bastante a una respuesta en consonancia con el peligro de que Maduro explaye nuestro territorio para seguir recibiendo a las alimañas más peligrosas del mundo. Al respecto, antecedentes abundan.

Según la agencia Reuters, en el vuelo inaugural del lunes pasado, uno de los miembros de la delegación que llegó a Caracas fue el director del Departamento de Relaciones Exteriores para América, Mohsen Baharvand, un abogado y diplomático de 53 años conocido en Sudamérica especialmente en Argentina, donde trabajó años defendiendo a los iraníes acusados de participar en el atentado terrorista con coche bomba que sufrió la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, en Buenos Aires, en 1994. Baharvand ocupó el puesto de Encargado de Negocios en la embajada de su país.

Las relaciones entre Irán y Venezuela han sido estrechas desde tiempos de Chávez. Disidentes del oficialismo admiten que Irán siempre sacó provecho de esa relación, utilizando el afán del presidente muerto, en retar y mostrarle garras a Estados Unidos. Irán descaradamente nunca ha cumplido su parte de los acuerdos. Las mentiras han sido hasta en cadena nacional cuando se transmitió la promesa de instalar una fábrica de unos supuestos drones. El asunto fue un fraude.

En 2007 las aerolíneas estatales Conviasa y Air Iran inauguraron el primer vuelo regular cumpliendo la ruta Caracas-Damasco-Teherán. El anuncio levantó olas de críticas desde Estados Unidos, como ésta: “La intención es exportar actividades terroristas en Latinoamérica”.

Igual, todos los sábados y luego cada quince días, salía un vuelo de Caracas que regresaba los martes desde Teherán. Usaba la rampa presidencial. A pesar de que era deficitaria, la ruta permaneció en servicio hasta 2010. Cálculos extraoficiales indican que la gracia costó al país más de 45 millones de dólares, aunque los vuelos se pagaban con actividades ilícitas.

Recientemente la revista Veja de Brasil publicó una sólida investigación titulada “Aeroterrorismo”, sustentada en fuentes chavistas que sostienen que esos vuelos transportaron extremistas islámicos, dinero, armas y drogas. El reportaje reitera datos conocidos: la embajada de Venezuela en Damasco creó una red de fabricación y distribución de pasaportes venezolanos para proveer identidades falsas a terroristas. Y a la cabeza de esa red ha estado Tarek El Aissami quien ahora es vicepresidente de la economía.

La hiena afila los dientes. Con estos delincuentes no se puede bajar la guardia.

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