La pequeña lotería
Es muy interesante cómo el dinero marea y confunde a las personas, las vuelve despiadadas en ciertos casos, en otros no las cambia en absoluto
En general, toda esa nconversación me encantó, nporque me pareció que nera muy real, que esa conversación npude haberla ntenido yo con mi padre, ncon quien nunca me tomé nuna cerveza. Luego el hijo nle pregunta qué hará con nel dinero (a pesar de que nsabe que no existe tal premio) ny el viejo le contesta nque comprarse una camioneta ny una compresora de naire. El hijo le pregunta npara qué las quiere. Y el nviejo le dice: para tener nalgo que dejarte cuando nme muera. Fuerte. Tanto insiste el viejo con el tema ndel premio, tan ilusionado nestá, que el hijo decide llevarlo nal lugar en donde se ncobra el premio, para que nél mismo se de cuenta de nque tal cosa no existe. n
En el camino paran en nmuchos bares y terminan nuna noche reunidos con ntoda la familia y amigos, ncenando, celebrando el nsupuesto premio. Ahí es ndonde los hijos del viejo y nsus primos terminan en el njardín a los golpes por el ndinero en cuestión, hasta nque sale la esposa del viejo ny les dice: mi esposo no nles debe nada a ustedes, nustedes le prestaron dinero nen algún momento, nsí, pero es mucho más lo nque él les prestó a ustedes, nasí que escúchenme nbien todos, escuchen muy natentamente lo que les voy na decir: u00a1váyanse todos a nla mierda! Gran momento nde la vieja, la amé. n
Finalmente el viejo y su nhijo llegan al lugar donde nse reclama el premio, una nseñora detrás de una computadora nle dice que no nha ganado nada, que ese npapel es parte de un sorteo ny su número no es el ganador. nLo mira con pena y le nda una gorra que dice:"ganador". nEn el camino de regreso nel hijo ve a su padre ntan derrotado que para y ncambia su camioneta vieja nSubaru por una Chevrolet nmás grande, como la que el nviejo quería.
Luego para en una ntienda de cosas electrónicas ny compra la compresora nde aire. Llegan al npueblo, el hijo sobrepara ny le dice a su padre: puedes nmanejar. Entonces el npadre se sienta frente al nvolante, con su gorra de n"ganador" y maneja con nla ventana abierta, saludando na la gente que lo nve pasar en tremenda ncamioneta. n
Me encantó ese momento. nMe hizo pensar nque todos, jóvenes o viejos, ninevitablemente nos naferrarnos a unas ilusiones nque no son posibles, nque no son reales, que no nvan a ocurrir. Todos tenemos nen nuestras cabezas nun viejo como el de la película nque reclama un premio nque no existe, que no nha ganado. n
Por eso la película me nemocionó tanto y se ha nquedado en mí. El viejo de nla película era mi padre y nsoy yo y es mi chico que nsale igual de emocionado nque yo de la película, los ndos muy arriba en revoluciones, nhablando casi nal mismo tiempo, comentando nesto y lo otro. Por neso es tan genial ir al cine ncon él. n
Porque muchas veces nvemos malas películas, npero cuando vemos una ncomo esta, es como si hubiéramos nganado un partido nde fútbol, o por qué nno, una pequeña lotería.
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