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La pobreza del millonario

Donald Sterling, dueño de los Clippers de Los Ángeles, es un hombre muy pobre. nSu millonaria fortuna, que le permite poseer una franquicia de baloncesto en Estados Unidos, no le libran de la pobreza.

Tampoco le permiten escapar de esa categoría los miles de apartamentos que ha comprado en la urbe californiana en las últimas décadas, ni sus propiedades en San Diego y Las Vegas.

Ni tan siquiera lo salva de la indigencia el hecho de que frecuentemente pueda pagar costosos anuncios en el diario Los Angeles Times, ni que haya desembolsado 12 millones de dólares por los Clippers en 1981 y que ahora el equipo esté valorado en 430 millones, según la revista Forbes. n

Sterling es pobre y sufre un tipo de miseria de la que nunca se puede salir, porque la escalera para ascender por los estratos sociales no se puede comprar.

Para demostrar que no está de cara en el fango, Sterling no puede ni presentar como prueba sus mansiones, viajes o firma en cheques que superan los seis dígitos. n

El dueño de los Clippers padece de la peor de todas las pobrezas, la que aqueja al alma sin importar que quien la experimenta tiene los bolsillos llenos y el estómago satisfecho.

Sterling es racista porque, según sus propias palabras recogidas en una grabación de una conversación que sostuvo con su novia, no quiere"negros" en sus juegos de baloncesto y le pidió que se mantuviera alejada de las minorías (léase afroamericanos y latinos) o que al menos no se tomara fotos con ellos que lo pudieran poner en una situación incómoda ante sus amigos. nSterling no tiene cura y va a sucumbir en la peor de las pobrezas, esa que tiene su origen en la ignorancia.
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