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Seguridad nacional

El mayor activo de La Habana, su ubicación geográfica al servicio del espionaje contra EEUU

Nuevas evaluaciones estadounidense, imágenes obtenidas por satélites comerciales y la intensificación de las operaciones de vigilancia alrededor de la isla revelan una extensa red dedicada a la inteligencia de señales

Por LUIS LEONEL LEÓN

Especial por Luis Leonel León y Martín Aróstegui

MIAMI — La Guerra Fría no terminó en Cuba. Cambió de patrocinadores, tecnologías y uniformes. La enorme estación soviética de escucha de Lourdes fue clausurada hace más de dos décadas, pero sobrevivieron la infraestructura, el personal especializado, la cultura de inteligencia y las ventajas geográficas que habían convertido a la isla en un enclave de extraordinario valor para Moscú. Todo ello permaneció bajo el control de una dictadura comunista que ahora ha puesto el territorio cubano y sus capacidades técnicas al servicio de la República Popular China.

La presencia en Cuba de instalaciones electrónicas hostiles ha adquirido una nueva urgencia tras las recientes advertencias del presidente Donald Trump sobre el aumento del espionaje electrónico chino y de las actividades subversivas cubanas dentro de Estados Unidos. Nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense, imágenes obtenidas por satélites comerciales y la intensificación de las operaciones de vigilancia alrededor de la isla revelan una extensa red dedicada a la inteligencia de señales. Algunas de sus instalaciones son controladas u operadas por China y Rusia, que se benefician del territorio, la infraestructura y las capacidades de inteligencia de Cuba.

Cuba no es simplemente una isla desde la cual China espía: es una dictadura que ha vuelto a alquilar su geografía estratégica a un enemigo de Estados Unidos. Con demasiada frecuencia, la relación entre La Habana y Beijing se interpreta como una asociación económica entre dos gobiernos comunistas distantes o como otra expresión de la búsqueda crónica de subsidios extranjeros por parte de Cuba. Esa lectura omite lo esencial. La isla no resulta valiosa para China por la fortaleza de su economía arruinada, la productividad de sus industrias paralizadas ni el poder adquisitivo de su población empobrecida. Su valor radica en su ubicación, a la entrada del golfo de México, junto a rutas marítimas vitales del Caribe y a unas 90 millas de la región con mayor concentración estratégica del sureste de Estados Unidos.

Cuántas instalaciones de inteligencia de señales en Cuba

Según evaluaciones de la inteligencia estadounidense divulgadas por The Wall Street Journal el 22 de mayo de 2026, en Cuba han sido identificadas 18 instalaciones de inteligencia de señales. Tres son operadas activamente por China, dos por Rusia y las restantes funcionan formalmente bajo el control de las Fuerzas Armadas cubanas. Desde 2023, China y Rusia habrían triplicado el personal destinado a estas operaciones, mientras varias instalaciones han recibido equipos nuevos y más sofisticados. La lista completa de los emplazamientos no se ha hecho pública. Washington tampoco ha desclasificado la identidad de las cinco instalaciones atribuidas directamente a China y Rusia ni la información utilizada para llegar a esas conclusiones. Ese secretismo limita la capacidad de reconstruir toda la red, pero no altera el hallazgo principal. China no se limita a asesorar a Cuba, venderle equipos de telecomunicaciones o intercambiar información. Opera instalaciones de inteligencia en territorio cubano.

Al otro lado del estrecho de Florida se encuentran el Comando Sur y el Comando Central de Estados Unidos, la Estación Aeronaval de Key West, la Base de la Fuerza Aérea MacDill, Cabo Cañaveral, importantes puertos militares, instalaciones aeroespaciales, operaciones submarinas y una extensa infraestructura de defensa y comunicaciones. También se encuentra en Palm Beach la residencia del presidente Donald Trump.

En mayo de 2025, Ryan C. Berg, director del Proyecto de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, declaró ante el Subcomité de Transporte y Seguridad Marítima de la Cámara de Representantes que las instalaciones situadas en Cuba podrían proporcionar cobertura sobre unas veinte bases y dependencias sensibles de Florida y sus alrededores, entre ellas Cabo Cañaveral y la sede del Comando Sur.

La inteligencia de señales, conocida por sus siglas en inglés como SIGINT, no depende únicamente del acceso al contenido de una conversación. También permite recopilar frecuencias, ubicaciones, horarios de transmisión, firmas electrónicas, patrones de comunicación y cambios en el comportamiento operativo. Analizada durante un período prolongado, esa información puede revelar ejercicios militares, movimientos de aeronaves y buques, alteraciones en los niveles de alerta, activaciones de sistemas específicos y características técnicas de las defensas estadounidenses. Incluso las comunicaciones cifradas pueden exponer metadatos y patrones operativos de gran valor.

Cuál es el alcance potencial de las instalaciones

El alcance potencial de estas instalaciones se extiende a actividades civiles sensibles. Los lanzamientos espaciales comerciales, los proveedores de telecomunicaciones, las compañías navieras, los puertos y los contratistas privados quizá no dispongan de las mismas protecciones que las comunicaciones militares. Berg advirtió al Congreso que las empresas cercanas a Cabo Cañaveral podrían ser particularmente vulnerables porque desarrollan actividades estratégicas y compiten directamente con China en el ámbito espacial. Cuba ofrece a Beijing un punto de observación no solo sobre las fuerzas militares estadounidenses, sino también sobre tecnologías civiles y redes logísticas.

El régimen cubano mantiene, además, extensas redes de espionaje humano y subversión en Estados Unidos que complementan los esfuerzos de China por manipular el sistema político estadounidense, denunciados por el presidente Trump en su discurso a la nación del 23 de julio. Grupos de extrema izquierda con agendas comunistas definidas, como Democratic Socialists of America (DSA), conservan vínculos activos con La Habana mientras reciben apoyo financiero de China. Activistas de DSA viajan regularmente a la isla y se reúnen con funcionarios de la inteligencia cubana durante visitas organizadas por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, actualmente bajo investigación federal en Estados Unidos por sus vínculos financieros con el Partido Comunista Chino. La capacidad de penetrar sistemas informáticos con información electoral, escuchar conversaciones sensibles realizadas mediante líneas privadas sin protección y vigilar el tráfico de internet podría contribuir a los esfuerzos de grupos comunistas por conquistar poder político e influencia dentro del país.

Analistas de defensa han advertido también que las instalaciones de inteligencia de señales y seguimiento satelital podrían servir como bases para operaciones de interferencia electrónica capaces de perturbar las comunicaciones tácticas militares, afectar las redes de posicionamiento global y apoyar clandestinamente operaciones terroristas.

Según fuentes del Congreso, durante los atentados del 11 de septiembre contra el Pentágono y el World Trade Center, las agencias de inteligencia estadounidenses rastrearon intentos de penetrar los códigos de señales del Air Force One, que transportaba al presidente George W. Bush desde Florida de regreso a Washington. La situación provocó el desvío del avión presidencial hacia Colorado. Existe la firme sospecha de que aquella operación fue ejecutada desde instalaciones situadas en Cuba, que ahora también podrían identificar objetivos y orientar ataques de precisión con drones Shahed recientemente adquiridos a Irán.

Las sucesivas administraciones estadounidenses, tanto demócratas como republicanas, han tendido a minimizar a Cuba como amenaza para la seguridad nacional. Esa percepción pudo verse influida por la presencia de agentes cubanos de alto nivel dentro de la burocracia de inteligencia, entre ellos una analista principal para América Latina de la Agencia de Inteligencia de la Defensa y un embajador del Departamento de Estado que llegó a servir en el Consejo de Seguridad Nacional, ambos procesados y condenados como espías cubanos. Sin embargo, la prolongada anestesia institucional frente a Cuba parece estar llegando a su fin. Durante los últimos seis meses, la administración Trump ha autorizado más de veinte misiones de vigilancia alrededor de la isla mediante aeronaves tripuladas y no tripuladas.

El secretario de Estado Marco Rubio abordó directamente el asunto el 21 de mayo en el Aeropuerto de Miami-Homestead, donde describió la presencia de inteligencia rusa y china en Cuba como un problema de seguridad nacional. La dictadura aporta territorio, protección, personal local, décadas de experiencia y la cooperación de sus organismos militares y de seguridad. Beijing y Moscú aportan tecnología, recursos, especialistas y acceso a sistemas de inteligencia de mayor alcance.

El informe del Departamento de Estado de 2026, Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, sitúa estas instalaciones dentro de un diagnóstico más amplio sobre la función de La Habana en lo que denomina una “Internacional antiestadounidense”. El documento sostiene que China opera activamente tres de las 18 instalaciones conocidas, señala que determinadas bases rusas y chinas parecen funcionar conjuntamente con organismos cubanos y describe la presencia china como un grave peligro para la seguridad operativa de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Cuba no aparece allí como un Estado fallido e irrelevante, sino como un multiplicador de fuerza que permite a adversarios de mayores dimensiones operar desde los accesos estratégicos a Estados Unidos.

Desde cuándo China usa Cuba como base de espionaje

Los orígenes de este acuerdo se remontan a febrero de 1999, cuando el general Chi Haotian, entonces ministro de Defensa de China, visitó Cuba y se reunió con Raúl Castro, quien ocupaba el mismo cargo en la isla. Según el testimonio de Berg ante el Congreso, ambos gobiernos alcanzaron un acuerdo que concedía a China acceso a antiguas estaciones soviéticas de escucha, entre ellas Bejucal, situada a menos de diez millas de Lourdes. El mismo testimonio citó informes según los cuales China ayudó a transferir equipos destinados a interferir las transmisiones de Radio Martí, una señal temprana de que la relación combinaba la recopilación de inteligencia extranjera con la guerra informativa interna y externa desarrollada por La Habana.

La cooperación militar continuó profundizándose. La Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China informó que funcionarios militares chinos y cubanos celebraron 33 reuniones entre 2003 y 2016. China suministró equipos de comunicaciones, colaboró en la modernización de los sistemas de defensa antiaérea, participó en el mantenimiento de aeronaves soviéticas e introdujo mejoras en algunos cazas MiG-21. La comisión también informó sobre la presencia física de personal chino en instalaciones de inteligencia de origen soviético situadas en Lourdes, Bejucal y Santiago de Cuba.

La importancia de la isla para Beijing se extiende mucho más allá de los campos de antenas. Las compañías chinas se convirtieron en proveedores esenciales de su infraestructura de telecomunicaciones. Testimonios ante el Congreso han identificado a Huawei, ZTE y TP-Link entre los principales suministradores de ETECSA, el monopolio estatal que controla las comunicaciones cubanas.

La tecnología china ha ayudado a La Habana a construir no solo una red de internet, sino una arquitectura capaz de vigilar, censurar e interrumpir las comunicaciones por razones políticas. Durante las protestas nacionales de julio de 2021, el régimen utilizó ese control para impedir la coordinación entre los manifestantes y obstaculizar la difusión de imágenes hacia el exterior. La contribución de Beijing cumple así dos propósitos relacionados: proteger a la dictadura frente a su propia población y ampliar la infraestructura técnica desde la cual puede recopilarse información sobre Estados Unidos.

El precedente soviético permite comprender cómo funciona esta colaboración. Lourdes fue en su momento la mayor estación soviética de inteligencia de señales fuera de la Unión Soviética. Según diversos informes, llegó a albergar aproximadamente a 1.500 operativos y proporcionó a Moscú un volumen extraordinario de información militar sobre Estados Unidos.

Aunque Cuba conservaba formalmente la soberanía sobre el territorio, ningún observador serio dudaba en describir Lourdes como una base soviética. Moscú aportaba el personal, los equipos, la tecnología y el mando operativo. La Habana proporcionaba el terreno, la protección política y la cooperación institucional. Vladimir Putin anunció su cierre en octubre de 2001 y el complejo dejó de funcionar como estación rusa al año siguiente. El presidente George W. Bush acogió favorablemente la decisión como el desmantelamiento de una reliquia de la Guerra Fría. Sin embargo, lo que desapareció fue la operación soviética, no la experiencia cubana en inteligencia electrónica. El régimen conservó técnicos capacitados, estaciones propias de escucha, relaciones con servicios extranjeros y una cultura institucional desarrollada durante décadas de vigilancia sobre Estados Unidos.

China ocupó gradualmente el vacío. En junio de 2023, The Wall Street Journal informó que Beijing y La Habana habían alcanzado un acuerdo secreto para establecer una instalación de escucha electrónica a cambio de varios miles de millones de dólares. La administración Biden cuestionó inicialmente algunos aspectos del informe, pero funcionarios estadounidenses terminaron confirmándolo y aclararon que no se trataba de un fenómeno nuevo. Reconocieron que Beijing llevaba años desarrollando operaciones de inteligencia desde la isla y que en 2019 había modernizado sus instalaciones de recopilación, el mismo año en que, según el discurso del presidente Trump del 23 de julio, aumentó considerablemente el espionaje electrónico chino contra Estados Unidos. El entonces secretario de Estado Antony Blinken confirmó esa modernización.

A partir de 2024, el registro público dejó de depender exclusivamente de declaraciones oficiales y filtraciones periodísticas. Analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales examinaron imágenes de satélites comerciales e identificaron cuatro emplazamientos con una alta probabilidad de apoyar operaciones chinas de recopilación de inteligencia: Bejucal, Wajay, Calabazar y El Salao. Los tres primeros se encuentran alrededor de La Habana. El cuarto está cerca de Santiago de Cuba, en posición de observar actividades en el Caribe oriental y en los alrededores de la Base Naval de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo.

Las imágenes satelitales no permiten identificar a cada técnico dentro de un edificio ni revelar las condiciones de acuerdos secretos. Sí muestran la construcción de campos de antenas, el movimiento y la reorientación de antenas parabólicas, recintos protegidos, edificios técnicos, posibles instalaciones subterráneas y sistemas especializados para interceptar y geolocalizar señales de radio. Analizadas junto con los testimonios ante el Congreso, las evaluaciones gubernamentales, la historia de Lourdes y dos décadas de documentos sobre la participación china en Cuba, revelan una progresión estratégica coherente.

En qué lugares se ubican las bases de espionaje

La evidencia más significativa se encuentra en Bejucal, donde un gran sistema circular compuesto por 32 antenas parece haber sido concluido y haber comenzado a operar. Es más grande y potencialmente más capaz que cualquier otro sistema cubano similar observado hasta ahora. En el extremo opuesto de la isla, El Salao presenta un proyecto estratégicamente situado que ha avanzado con lentitud y podría haber sido retrasado o rediseñado. Bejucal y El Salao son solo dos componentes de la red visible. Wajay y Calabazar contienen configuraciones diferentes de antenas que podrían cumplir funciones complementarias de recopilación, transmisión o seguimiento satelital.

Cuba ha vuelto a convertir su geografía estratégica en un instrumento al servicio de un enemigo de Estados Unidos. La responsabilidad de Washington consiste en exponer ese acuerdo, elevar sus costos, establecer límites exigibles, proteger la infraestructura que ya se encuentra dentro de su alcance y dejar claro a Beijing que el espacio situado a 90 millas de Florida no es una frontera abierta a la expansión comunista.

* Versión en español de un artículo originalmente publicado en The American Spectator https://spectator.org/the-spy-island-next-door/

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