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EDITORIAL

La violencia en contra de Trump

Hay quienes no han querido asimilar los resultados electorales, y se han lanzado a las calles para demostrar su descontento tras la llegada de Trump a la Casa Blanca
Por EDITORIAL DIARIO LAS AMÉRICAS

El magnate Donald Trump, amado por muchos y odiado por otros, ganó las elecciones del pasado 8 de noviembre y el Colegio Electoral ratificó el resultado de los comicios el 19 de diciembre. Trump obtuvo el triunfo en forma limpia, y así ganó la democracia.

Pero hay quienes no han querido asimilar los resultados electorales, y por ende, en masa, se han lanzado a las calles de diferentes ciudades de los EEUU para demostrar su descontento tras la llegada de Trump a la Casa Blanca.

Esa acción es parte intrínseca de la democracia. Cualquier persona o grupo de personas puede salir de su zona de confort y reprobar o aplaudir las políticas de una administración a través de manifestaciones públicas. Nadie lo cuestiona. Pero actuar con violencia es una afrenta a los pilares democráticos que sostienen a este gran país.

Y eso es lo que ha estado ocurriendo desde que Trump puso un pie en la sede del Gobierno en Washington, como si con actos de barbarie algo vaya a cambiar, desdibujando la imagen de un país cuyos pasos siempre han seguido la línea de la democracia dentro de un marco de respeto.

Parece inconcebible ver a personas enardecidas desencadenando acciones vandálicas en contra del comercio y de todo lo que encuentran a su paso. Democracia y violencia, a menos que los preceptos estén mutando hacia una nueva realidad, no son compatibles desde ningún punto de vista.

Nadie puede oponerse a eventos como el registrado el sábado 21 en el anfiteatro del Bayfront Park, en Miami, en donde miles de personas sentaron una posición que marca distancia con algunas de las medidas anunciadas por el mandatario en sus días de campaña política. La gente protestó, pero lo hizo en completo orden.

De cualquier manera, Trump es el presidente en ejercicio de los Estados Unidos. A nada conducen las protestas con ribetes de violencia, que se han venido realizando con mayor intensidad desde un día antes de que el magnate asumiera las riendas de la nación.

La era de Trump ha comenzado, y nada es menos cierto que la postura radical adoptada por un sector de la población deslegitimiza el proceder de aquellos que se oponen al mandato del recién posesionado presidente, en un contexto permitido por la Constitución y las leyes.

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