Solo los dioses, clarividentes o adivinos podrían predecir los resultados electorales de este martes, pero si algo es cierto es que el ganador de la silla presidencial terminará exhausto y, por seguro, dispuesto a tomarse un merecido descanso después de una campaña no solo intensa, sino también atiborrada de intrigas y desengaños.
Llegó el momento
El proceso democrático llega a su final para alegría de muchos y el desencanto de otros. Han sido largos meses de constantes apariciones de los candidatos en eventos públicos, debates en televisión y agresiones a través de avisos de prensa que demuestran la agresividad de un sistema político marcado por una sanguinaria predisposición a asesinar, literalmente, la moral y la honra del oponente.
Lo que hemos visto durante los meses de mayores picos en la contienda electoral refleja la propensión del americano por el show y el escándalo, estereotipo que hace mucho logró influir en el sentir del hispano y de otras etnias. El tema del rating es lo importante. La refriega entre Trump y Clinton, más allá de los intereses políticos de ambos, ha tenido una muy buena repercusión en los presupuestos de los medios.
Pero la campaña termina con un sinsabor en la gente que realmente esperaba más de los candidatos con mayor opción. Ninguno de los dos, ni el republicano ni la demócrata, presentó propuestas consistentes por las que el electorado esté o haya estado motivado a ir a las urnas. Definitivamente, acogiendo el sentir de muchas personas, los votantes están escogiendo entre el menos malo.
Pudimos apreciar a un Trump enfrascado en el tema de la construcción de un muro que no solo divide sino que también ha creado una polémica sin precedentes recientes. También habló de reducir la ayuda a los países aliados de Estados Unidos y de radicalizar las relaciones con Cuba, en contraposición a las políticas empleadas por el presidente Barack Obama.
Por los lados de Hillary Clinton apreciamos a una dirigente política salpicada por las investigaciones de un inoportuno FBI que sacó a relucir el caso de los correos electrónicos enviados por la exsecretaria de Estado desde servidores privados. Y lo peor, encontraron algunos de ellos en el teléfono celular del excongresista Anthony Weiner, casado con Huma Abedin, la máxima confidente de Clinton, quien se encuentra bajo investigación por haber mantenido presuntamente conversaciones de índole sexual con una menor.
Esta campaña electoral probablemente pasará a la historia como la más atípica en tiempos recientes. No queda otra cosa que desearles suerte a los candidatos y a los estadounidenses que aún no han ejercido el derecho al sufragio que asistan a los puestos de votación para escoger al mejor entre las dos propuestas con mayores posibilidades. Dios nos bendiga.
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