La presencia de Maduro en Miraflores es un amasijo de ilegalidades. Recordemos que su postulación siendo vicepresidente de la República, fue a contravía de la norma. Y así. Su reelección violentó los procedimientos, ni qué decir el descarado control sobre los poderes Judicial y Electoral que ha venido ejerciendo. Solo el Poder Legislativo ha escapado de sus manos. Ha sido una pelea sostenida donde la oposición cuenta con el apoyo de la comunidad internacional. Maduro ha intentado tomar el Parlamento por la vía judicial con el TSJ. También simuló la ruta electoral al inventar la Constituyente. Ha utilizado la violencia con colectivos armados. Casi todos los diputados han sido perseguidos, agredidos, amenazados, encarcelados y varios se han visto obligados a huir. A un pequeño grupo de ellos les compraron su alma con la Operación Alacrán. Y nada. La legítima Asamblea Nacional sigue firme sesionando y desde enero de 2019 designó a Juan Guaidó como presidente interino.
Maduro lanza el chavismo al foso
El comportamiento de Maduro es el de un arrabalero criminal. Su único interés es mantenerse en el poder y lo hace sin moral y con fiereza. La respuesta al informe de investigación de los hechos de la ONU que lo señala como la cabeza de un grupo de delincuentes implicado en crímenes de lesa humanidad, fue aprobar una ley –ilegal– con la que ha retado hasta al chavismo. La llamó la Ley Antibloqueo y es el instrumento con el que Maduro está concentrando el poder y los recursos para manejarlos sin tener que rendirle cuentas a nadie. En efecto, es raspar la olla, subastar lo que queda de Venezuela para beneficio de sus socios de la corporación criminal. Con ella también aprovechará para quitarse de encima a quienes le molestan. De hecho, se está sacudiendo de críticos del chavismo a quienes descalifica como traidores. No es casual que cada vez sea menor la frecuencia con la que habla de Hugo Chávez. Los escenarios de Miraflores abundan ahora en cuadros y figuras de Nicolás Maduro solo y a veces con Cilia.
Con la Ley Antibloqueo, Maduro está pateando la Constitución de 1999, el proyecto simbólico de Hugo Chávez y que solo él podía modificar.
Este adefesio de tres capítulos y 44 artículos fue encomendado al personaje que mejor ha encarnado el cinismo entre abogados de la República: Hermán Escarrá. Su inmenso cuerpo se hace pequeño para alojar tanto descaro.
Con el instrumento en mano, Maduro encomendó a Diosdado Cabello preparar el escenario conveniente para la aprobación. Diosdado recién regresó de saludar a la muerte portando el COVID-19. Volvió manso y doblegado. En el poco tiempo que la queda en agonía a la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado organizó el teatro de manera expedita. Para ello convocó a los absolutamente leales a quienes no les importa levantar la mano sin saber de qué trata el asunto. A la mayoría de los constituyentes les impidieron participar en la plenaria. Trascendió el malestar de muchos que revelaron que solían obligarlos a asistir a las sesiones y aprobar informes de los que desconocían el contenido. “Nunca hemos podido expresar una opinión allí, todo en nombre de una disciplina que nos da línea para votar por lo que decide el partido o la estructura. Siempre se nos hace llegar el planteamiento de que esa es la decisión”, denunció ante su compañera de militancia Maripili Hernández, el constituyente Telémaco Figueroa, quien no pudo llegar a Caracas a expresar su descuerdo porque no le enviaron el vehículo que lo trasladaría desde el estado Sucre.
Algunos que sí llegaron se atrevieron a salvar su voto, como el caso de la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, María Alejandra Díaz Marín, quien argumentó que “nadie debe estar por encima del principio inviolable, irrevocable e inderogable de que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo”.
El Partido Comunista y diversos teóricos del chavismo han protestado. Maduro los ha descalificado a todos desde su trinchera, dispuesto a contar los cañones para el fraude del 6D. En ese proceso llamó la atención que la FANB había guardado silencio. Mutismo explicable por la enfermedad de Vladimir Padrino López, quien siempre se apresura a pulir el piso y declamar halagos a su jefe. La lentitud la subsanó el martes pasado cuando colocó en sus redes y ordenó hacer circular por todos los comandos, un comunicado cargado de lenguaje bélico, enrevesado y cursi, como es él, donde terminó diciendo que la ley mencionada surgió ante la necesidad de enfrentar los ataques del imperio.
Maduro cree que puede avanzar impunemente. Eso está por verse.
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