Mujer imperfecta
No hay grandes secretos en mí, no hay grandes planes de nada. Con el tiempo he aceptado mi pequeñez (en más de un sentido) y a ser feliz así
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Le he contado siete cuentos y han podido ser diez. En realidad no tenía apuro con que se durmiera. En la tarde se fue al parque con la nana María, lo que me permitió escribir un par de líneas de mi nueva novela, lo cual es bueno, porque la he retomado después de tiempo y la verdad no tengo mucha idea de cómo va a seguir y mucho menos cómo va a terminar. Es una novela escrita desde el forro. Cada escena me ha salido del forro mismo, ninguna frase es planeada, cada palabra me la dicta alguien que no veo ni conozco. Nunca había escrito una novela así. Mis novelas anteriores tenían, digamos, una hoja de ruta, al menos tenía una idea de lo que quería escribir, los personajes estaban inspirados en personas que había conocido. En esta novela me ocurre que conozco a los personajes, pero de las páginas que ya están escritas, no de otro lugar. Una pena. Pero si algo tiene esa novela es intensidad sexual, corazones rotos y mucho alcohol. Nada más. Como dijo algún conocido escritor peruano: no tengo nada que aportar a la literatura peruana. Y es verdad. No podría estar más de acuerdo con él. Solo escribo para sobrevivir, porque no sé hacer otra cosa. Puedo leer cuentos, puedo cambiar pañales, puedo tomar vino sin perder la cabeza, pero no puedo escribir una gran novela como la que escribió ese escritor que no parece estar contento, o como las que escribió mi chico, el niño terrible.
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Es una pena que llueva, porque si llueve, no puedo salir a correr y me tengo que sentar a escribir, una vez más, lo que me sale del forro. Pero no me molesta. Incluso diría que me gusta. Es como si tocara el piano. Mis dedos se mueven y yo solo busco la música. Aunque no tenga realmente nada que decir. Solo sé que cuando escribo no debo mentir. Debo contar lo que hice en el día o lo que me gustaría hacer con mi día. Y si hoy escribí mi novela y conté muchos cuentos, entonces toca escribir de la novela que escribí y los cuentos que conté. n
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Afuera sigue lloviendo. He amarrado mi pelo en un moño alto. Cada tanto miro mis pechos. Mis manos huelen a vainilla. Tengo las uñas largas. Todo esto es muy inusual en mí. Escucho el agua golpear la ventana que está frente a mí. No veo nada. Afuera todo está oscuro. Pero yo estoy contenta. Desde hace un tiempo soy feliz. No soy más esa mujer torturada que caminaba sola largas distancias con una libreta y un lapicero en su mochila. No soy más esa mujer llorosa que se perdía en librerías y leía cualquier cosa, todo el tiempo. Desde hace un tiempo tengo algunas buenas razones para sonreír (incluso cuando mi cuerpo me dice, por favor, necesito estar triste), y todo esto es nuevo para mí, me deja en sonrisas y sin palabras, sin nada que contar, sin nada que decir. Y lo prefiero así. Prefiero estar contenta. Tal vez eso explique por qué nunca seré una gran escritora.
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