No somos oposición, ¡con Guaidó somos gobierno!
22 de septiembre de 2019 - 00:09 - Por PEDRO MENA
Una contradicción evidente que debemos comenzar a subsanar en nuestras mentes, actuaciones y exposiciones públicas y privadas, para darle mayor respaldo político a nuestra lucha contra la dictadura usurpadora

Recientemente, en un encuentro amigable y productivo entre un importante grupo de amigos y compañeros de lucha común en la ciudad del Doral, al oeste de Miami, en una abierta exposición de ideas con respeto y tolerancia democrática, analizamos nuestros comportamientos y relaciones de fraternidad política sobre el tema “oposición y gobierno”, usados actualmente en los diversos documentos, informaciones o comentarios sobre la grave crisis humanitaria que sufre Venezuela, y llegamos a la conclusión final de que: ¡No somos oposición!, ¡con Guaidó somos gobierno!

La premisa tiene una clara y profunda fortaleza jurídica que le garantiza su vigencia en el tiempo y en el espacio por devenir en este proceso inédito e histórico del “caso venezolano”. Solo basta con analizar ante la realidad, ¿quién es el presidente legítimo y constitucional del país?

La respuesta es obvia y clara frente a los designios de la “madre de las leyes”. Es el diputado Juan Guaidó, quien revestido de su jerarquía como presidente de la legítima Asamblea Nacional, electa por más de 14 millones de votos el 6 de diciembre del 2015, asumió una vez demostrada jurídica y políticamente la usurpación del poder ejecutivo por parte de Nicolás Maduro, en forma ilegal y fraudulenta, en unas elecciones ilegítimas el 20 de mayo del 2017. Por decisión unánime de los diputados de las diversas fracciones partidistas electas, Guaidó se juramentó como presidente encargado de la República según lo establecido en el texto y articulado de la Constitución Bolivariana de Venezuela. Es claro el mandato.

Esta es la base jurídica fundamental de nuestro análisis. Por uso y costumbre, nos hemos acomodado a ser “opositores” contra un “usurpador”. No es posible que quienes detentan el poder constitucional sean a la misma vez “oposición”. Una contradicción evidente que debemos comenzar a subsanar en nuestras mentes, actuaciones y exposiciones públicas y privadas, para darle mayor respaldo político con sentido real a nuestras luchas contra la dictadura usurpadora.

¿Porqué más de 60 países han dado su reconocimiento institucional y respaldo a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela? ¿Es acaso por ser joven, inteligente, responsable y líder emergente? No, ninguna de ellas es valedera. Sencillamente por la génesis constitucional de su designación por el cuerpo legislativo correspondiente que lo coloca con la jerarquía necesaria para ejercer la primera magistratura con apego al ordenamiento jurídico nacional vigente.

Partiendo de este análisis, entramos en el campo político, a los efectos de afianzar su liderazgo y gestión de gobierno. Debemos comenzar por respetar, escuchar y cumplir las orientaciones fundamentales de su mandato.

No hay espacio para el libertinaje y las especulaciones de las opiniones, por buenas que ellas sean, sobre expresiones particulares que pretendan solapar o transformar, según la interpretación de cada uno, la decisiones formales y jurídicas del presidente o de algunos de sus asesores o comisionados a tal efecto.

La ley entra por casa y el éxito de una gestión se mide por los efectos generales positivos en el seno de la sociedad pluralista y democrática. La disciplina, el fomento y aplicación de las normas o políticas de cualquiera de nuestros funcionarios de gobierno deben ser acatadas al máximo, porque es necesario retomar el rumbo disciplinario de la gestión práctica de nuestro gobierno para acabar con la anarquía y la locura desenfrenada de intereses personales.

Cito como un ejemplo clásico y de actualidad las opiniones y acciones particulares de compatriotas que actúan de buena fe, que son seguidores y aliados de nuestra lucha por el cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres y democráticas, que pierden el sentido de la coherencia política que nos brinda el presidente Guaidó y sus colaboradores cercanos en funciones oficiales, al expresar como valederas sus propias opiniones personales por encima de la expresada por los voceros de nuestro gobierno.

En días anteriores la Sra. Michelle Bachelet, alta comisionada para los DD HH en la ONU, presentó su segunda versión de su informe demoledor y certero contra las acciones criminales del régimen usurpador de Maduro, a quien oportunamente Julio Borges, comisionado para las Relaciones Exteriores del gobierno de Guaidó, nuestro canciller, ofreció su respaldo inmediato, ya que uno de los objetivos claves es lograr el reconocimiento de la ONU al gobierno legítimo y constitucional de Guaidó.

Bien, la reacción en las redes sociales de nuestra propia gente fue diametralmente opuesta a la línea oficial y coherente del canciller Borges, quien conoce perfectamente cuales son los objetivos a corto y largo plazo de nuestro gobierno constitucional y legítimo. La tónica general ha debido ser sencillamente respaldar las opiniones y propuestas del canciller. Eso es coherencia y acción política de los seguidores y respaldantes de nuestro gobierno legítimo.

Me recuerda el pensamiento de un viejo líder fundador de AD, Juan Pellicer, expreso político en el campo de concentración de Guasina cuando la dictadura de Pérez Jiménez, quien afirmara para la historia: “Dentro del partido tengo opinión personal y fuera del partido tengo opinión partidista".

Es muy fácil su comprensión, solo tenemos que adecuarlo y tomar una actitud cónsona con la solidaridad y apoyo a nuestro gobierno para fortalecerlo e incrementar su liderazgo nacional e internacional. No nos cuesta nada. Si todos actuáramos deponiendo y cambiando actitudes individuales para ser más participativos en los alcances colectivos destinados a reconstruir la disciplina y la acción gubernamental en la nueva Venezuela libre y democrática.

Ahora bien, para darle coherencia a este análisis, debemos dar respuestas claras a una posible interrogante, ¿entonces, quiénes son los opositores? Muy concreta la respuesta, aquellos que se nos oponen haciendo “pactos y acuerdo secretos” tarifados y entregando su dignidad a los “usurpadores” que desean continuar ilegítimamente en el ejercicio arbitrario y dictatorial del poder. Ellos son los opositores reales y enemigos del progreso, la democracia, la unidad familiar y el respeto a los valores morales, religiosos, derechos humanos y ciudadanos.

Por estas razones: No somos oposición, ¡con Guaidó somos gobierno!