ver más

Nobel: palabra aguda

En sueco, su lengua de origen, es una palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español

A raíz de que el pasado jueves 17 de abril murió el escritor colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, se ha escuchado mucho el término Nobel, y no, precisamente, bien pronunciado. n

Si revisamos la edición impresa de octubre de 2005 del Diccionario panhispánico de dudas (DPD), encontramos que Nobel es el nombre de los premios instituidos por el químico sueco Alfred Nobel.
n
En sueco, su lengua de origen, es una palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español, a pesar de que la pronunciación llana [nóbel] está muy extendida, incluso entre personas cultas.
n
Aquí vale recordar que por tratarse de una palabra aguda no lleva tilde, pues termina en -l, y las agudas se acentúan ortográficamente cuando terminan en -n, en u2013s o en vocal. n

El DPD aclara que cuando este vocablo se refiere al nombre del premio, se escribe con inicial mayúscula y es invariable en plural: Los premios Nobel son los más prestigiosos del mundo; La ceremonia de entrega de los Nobel es muy vistosa. Sin embargo, cuando hablamos de la persona que lo ha recibido, se escribe con minúscula y hace el plural en -es: Al congreso acudieron cinco nobeles. n

No debe confundirse gráficamente con el adjetivo novel, que se escribe con uve y es sinónimo de u2018principiante u2019. Novel es, también, una voz aguda: [nobél]. Y no resulta correcta la forma llana nóvel. Como podemos darnos cuenta, Nobel y novel son homófonos: suenan de igual modo, pero difieren en el significado. n
n
Del refranero popular n
n
Es muy probable que usted haya escuchado, y hasta utilizado, más de una vez la frase: u201cAhí le aprieta el zapato u201d, la cual se usa cuando se descubre el punto débil de una persona, o algo que le molesta o duele sobremanera. n

Pues bien, según he podido indagar, la expresión debe su origen a un simpático cuento castellano protagonizado por un cura y un zapatero. n

Relatan que este último, muy apesadumbrado, fue a visitar al párroco para contarle que quería separarse de su mujer. Entonces, el cura intentó disuadirle, y comenzó a mencionarle las cualidades de su esposa: u201cEs bella, es buena cocinera, es una cristiana modelo... u201d.
n
Después de escuchar todos esos argumentos, el zapatero mostró sus zapatos al cura, y le preguntó: u201c u00bfQué le parece este par? u201d. El párroco respondió: u201cMe parecen unos hermosos zapatos, hechos con una piel muy buena y parecen cómodos u201d. A lo que el artesano replicó: u201cAsí es, padre, pero usted no puede saber dónde me aprietan u201d.
n
Un dicho muy parecido a este es u201cyo sé dónde me aprieta el zapato u201d, y proviene de una anécdota que cuenta el historiador, biógrafo y ensayista griego Plutarco en su colección biográfica Vidas Paralelas. n

De esta manera, me despido por hoy, para regresar con más, el próximo sábado.
 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar