A medida que muchos estados de la Unión Americana alcanzan y luego superan el pico de la pandemia, parece haber un apetito político común por culpar a China de la crisis sanitaria mundial.
¿Podemos confiar en China?
Si bien es cierto que las tensiones entre Estados Unidos y China no son nuevas, las opiniones sobre el gigante asiático se han crispado aún más este año, registrando un dramático aumento de la negatividad observada entre 2018 y 2019.
Ésta es la conclusión del Centro de Investigación Pew, que afirma que “aproximadamente dos tercios de los estadounidenses ahora tienen una opinión negativa de China: El porcentaje y solo alrededor de una cuarta parte en los Estados Unidos da cuenta de una actitud favorable”.
Ya antes de que el presidente Donald Trump asumiera el cargo en 2017, las fricciones bilaterales se generaban por violaciones a los derechos humanos y la represión a la libertad de prensa, que se consideran una política de Estado de Pekín.
Últimamente la presión se ha estado alimentando de acusaciones sobre prácticas comerciales deshonestas que incluso llevaron a La Casa Blanca, durante la actual administración, a iniciar una guerra de aranceles, inflamando aún más la retórica comercial. Ahora las tensiones incluyen señalamientos contra el gobrtnsnte chino Xi Jinping por no manejar responsablemente el brote que ocasionó la pandemia.
El secretario de Estado Mike Pompeo ha dicho que China es culpable de no advertir a tiempo al resto del mundo sobre el peligro sanitario que estaba en ciernes.
Si bien es cierto que China tomó medidas para cerrar la ciudad de Wuhan, origen de la pandemia, y evitar que los residentes del lugar viajaran a otras regiones del país, no detuvo los vuelos de sus ciudadanos a otras partes del mundo.
Washington, además de renovar sus amenazas de aplicar nuevos aranceles, ha ido más lejos al decir que China debería ser demandada por miles de millones de dólares como compensación por los daños ocasionados tanto a la salud como a la economía.
Algunos funcionarios de la administración habrían sugerido también que Estados Unidos debería cancelar sus obligaciones de pago con China.
La presunción todavía sin confirmar es que la pandemia podría haberse originado en el Instituto de Virología de Wuhan y el partido comunista gobernante en el país asiático ocultó información.
La Organización Mundial de la Salud ha dicho que Estados Unidos no ha presentado evidencias sobre lo que considera el origen del virus.
China por su parte ha desestimado la acusación calificándola de falsa y ha hecho votos por fortalecer la cooperación mundial para enfrentar los retos actuales.
Sin embargo, el tema se ha convertido en un importante problema político entre las dos capitales, en tanto que el presidente Trump ha anunciado que las agencias de inteligencia están realizando una investigación al respecto para clarificar las sospechas.
La semana pasada Trump incluso sugirió que ya tenía pruebas señalando que "sabía cosas que no podía hacer públicas", lo que implica que durante el informe diario de inteligencia le habrían dicho que había indicios que conectaba al laboratorio de Wuhan con el virus.
Por lo pronto, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, que supervisa las 17 agencias de inteligencia, dijo no haber encontrado evidencia todavía de que el virus se hubiera filtrado del instituto Wuhan pero sostuvo que la investigación continúa.
Ante los temores de la inminente recesión económica, las relaciones con China van cuesta abajo, mientras los mercados globales y los analistas advierten que un nuevo conflicto comercial entre las dos potencias económicas podría causar aún más daños al crecimiento mundial.
La situación ha servido como una llamada de alerta para pensar en cómo cambiar las prácticas comerciales y repatriar operaciones manufactureras y en general la desarticulación de las redes de suministro global centradas en China.
Según el periódico The Washington Post alrededor del 90% de los antibióticos que se recetan en Estados Unidos son producidos por laboratorios en China.
Los argumentos políticos sobre la fuente del virus no ayudarán a vencer la pandemia, pero sí la unión de esfuerzos para poner fin a la crisis de salud y salvar la economía.
Sin embargo, en un año de electoral será difícil lograrlo porque desde ya mucha gente se pregunta sobre el papel que desempeñó China en la propagación del virus, lo que promete que este tema será un recurso político candente por la Casa Blanca.
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