viernes 24  de  abril 2026
OPINIÓN

Cuba: Ya no hay pan y al circo le queda poco

No hay en la tierra, conforme a mi parecer, contento que se iguale al alcanzar la libertad perdida. Miguel de Cervantes.

Hoy podemos apreciar profundamente el despertar de la conciencia cívica del pueblo cubano de a pie que hasta hace unos años atrás no se veía con tanta determinación. La fuerza por alcanzar la dignidad y la libertad se asoma en el corazón, cuando se pierde el temor alzar la voz y señalar directamente al gobierno como sistema anacrónico y fallido.

Durante seis funestas décadas, el control, la represión y la asfixia han sido el pan de cada día del régimen de la isla hacia sus ciudadanos. Porque toda dictadura sanguinaria como lo es la cubana necesita una narrativa que la justifique en el poder. Y cuando esa historia se rompe, el poder queda expuesto drásticamente al escarnio público. Cuba parece haber llegado a ese punto definitivamente.

El hambre ha dejado de ser una metáfora para convertirse en experiencia cotidiana. No es solamente la falta de alimentos: es la incertidumbre del sin vivir, la angustia, la muerte y la humillación de no sentirse realizado como persona en dignidad plena.

Pero algo ha cambiado. El pan no alcanza, y el circo… ya no convence. Cuando la mesa está vacía, el discurso demagógico pierde autoridad. Cuando la necesidad aprieta, la conciencia despierta. Y las palabras empiezan a abrirse paso en medio de la represión, porque hay un punto en que callar deja de ser prudencia para convertirse en arma pacífica de legitimidad social en derecho a ser libres.

El circo, por su parte, sigue ahí… pero desgastado, incongruente, las mismas promesas. Todo repetido hasta el cansancio, obra que ha perdido su público que mira sin creer. Es ahí, donde para mí empieza el verdadero cambio. No necesariamente en la calle, aunque también, sino en el interior de cada uno que reconoce que ha vivido demasiado tiempo en una ficción. Recordemos: quien deja de creer, empieza a pensar. Y quien empieza a pensar… ya no es fácil controlar. Ya la sociedad cubana el 11 J se adentró en el poderoso terreno de la conciencia despierta. Y cuando todo un pueblo empieza el despertar de la conciencia cívica, la historia personal y social deja de ser un ciclo más para convertirse en una decisión imperante y necesaria de cambio. Ya estamos acercándonos a ese umbral de la libertad tan anhelado y querido por los que viven dentro de la Isla como por los que estamos en el exilio.

La Esperanza no defrauda jamás a los hombres y mujeres que confían en que esa hora ya está próxima. ¿Cuándo?

Eso no lo anuncian los discursos, las conversaciones… lo anuncia y vive el alma de una nación que decidió no vivir más de rodillas.

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