OPINIÓN

¿Quién gana de la relación entre Trump y Putin?

El actual mandatario estadounidense busca cerrar un acuerdo comercial con Moscú que beneficie a ambas naciones, a pesar del conflicto en Ucrania.

Por SONIA SCHOTT

No debería ser un secreto para nadie que el presidente Donald Trump busque, una vez más, hacer negocios con Moscú, aunque, en este contexto, Ucrania se interponga en el camino, una visión compartida por el líder ruso, Vladimir Putin.

En realidad, este deseo no es nuevo.

No hay que olvidar que ya en 1987, Trump, atendiendo una invitación de funcionarios del gobierno, viajó a la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) para explorar las posibilidades comerciales de construir un hotel de lujo en la capital.

Los contactos continuaron aun luego de los dramáticos cambios políticos que siguieron a la caída de la URSS, en 1991. Incluso en 2013, cuando Trump aún era propietario de la organización Miss Universo, el concurso tuvo lugar en Moscú.

Ahora bien, en estos momentos, desde la perspectiva de Ucrania, un país invadido por tropas rusas hace más de cuatro años y que lucha por su existencia, estas circunstancias no son fáciles de gestionar y, más aún, avivan la incertidumbre y plantean una pregunta obvia: ¿Hasta cuándo podremos contar con el apoyo de la Casa Blanca en esta guerra?

Muchos todavía tienen en mente que Trump afirmó que pondría fin a la guerra en Ucrania el primer día de su regreso al poder, presumiblemente confiado en que, con una llamada telefónica rápida a Putin, se acordarían los pasos a seguir y, posteriormente, comunicarle al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que lo mejor era aceptar el acuerdo, le gustara o no, pero no sucedió así.

La dificultad radica en que al Kremlin solo le interesa un acuerdo que le otorgue todo lo que desea, mientras que Zelenski se negó a considerar la entrega de territorio alguno a los invasores rusos.

Hoy en día, en realidad, nada ha cambiado, salvo que el presidente estadounidense mantiene un gran interés en cerrar un acuerdo lo antes posible, por motivos de política interna.

Y es que las guerras, en general, no gozan de popularidad entre los votantes estadounidenses, por lo que mantener el statu quo no resulta favorable, especialmente cuando los republicanos luchan por conservar sus cargos en las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre.

Por su parte, Putin ha aceptado mantener conversaciones de paz, pero no ha dado indicio alguno de estar dispuesto a ofrecer concesiones; por tanto, las probabilidades de alcanzar un acuerdo en un futuro próximo, y mucho menos antes de las venideras elecciones, son escasas.

No obstante, la estrategia de Trump ha consistido en fortalecer su relación con Putin, planteando la posibilidad de realizar negocios lucrativos entre Rusia y Estados Unidos, siempre y cuando se logre poner fin a la guerra en Ucrania.

Por ahora, dos acontecimientos han puesto de relieve este nuevo enfoque de la administración Trump: la decisión de levantar las sanciones contra Moscú para permitir que Estados Unidos compre diésel ruso, y las palabras del enviado especial del presidente, Steve Witkoff, quien calificó a Putin de “humanitario” tras acceder a la liberación negociada de un ciudadano estadounidense que se encontraba en prisión.

A simple vista, parece que Trump favorece hacer negocios con Putin antes que con Zelenski, pero esto podría ser simplemente una astuta estrategia para ofrecer incentivos a Moscú y así poner fin a la guerra.

Si bien esto puede parecer improbable dada la determinación de Putin de conseguir lo que quiere, igualmente podría abrir la puerta a un acuerdo, siempre y cuando se le ofrezca también un incentivo a Zelensky, lo cual requeriría un firme compromiso por parte de Estados Unidos y Europa, para brindar garantías de seguridad que protejan a Ucrania de cualquier agresión futura por parte de Moscú.

Aún no está claro si Trump está dispuesto a suscribir dicha garantía, a pesar de que era una de las cláusulas de propuestas de acuerdos anteriores. Además, para que el gobierno de Zelensky acepte cualquier forma de acuerdo que incluya concesiones territoriales a Moscú, Kiev probablemente exigiría algún tipo de membresía o asociación con la OTAN, y esto podría ser un paso demasiado arriesgado para Trump.

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