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OPINIÓN

Repercusiones políticas por llamar a una mujer "Miss Piggy"

Desde que la candidata demócrata mencionó a una exmiss Universo venezolana, la contienda electoral por la Casa Blanca parece haber sido reducida a un espectáculo taquillero.
Por SONIA SCHOTT

Donald Trump puede que sea el rey del género de la telerrealidad pero fue Hillary Clinton quien presentó una gran puesta en escena, durante el primer debate presidencial la semana pasada.

Desde que la candidata demócrata mencionó a una exmiss Universo venezolana, para contarle a 100 millones de espectadores que Trump la bautizó en el pasado como “Miss Piggy’ o Señorita cerdita, la contienda electoral por la Casa Blanca parece haber sido reducida a un espectáculo taquillero.

Los principales medios de comunicación se obsesionaron con la historia de esta pobre mujer que aparentemente tuvo un problema con Trump, a raíz de que fuera coronada belleza internacional en 1996, en un concurso propiedad del magnate.

La jugada fue considerada como un momento de oro para Clinton por los demócratas, ya que puso a Trump a la defensiva exponiendo evidencia de su supuesta misoginia por los crueles comentarios contra Alicia Machado.

Esta circunstancia ha sido más discutida que cualquier otro tema de relevancia nacional o internacional, disminuyendo la calidad de un debate que debía abordar temas y visión política.

¿Qué hay de la futura relación de Estados Unidos con el mundo, la creciente influencia de China en las regiones de Asia y el Pacífico, la amenaza de Corea del norte, el terrorismo, la inmigración, las relaciones con los aliados, América Latina o la inestabilidad democrática en Venezuela, mientras los precios del petróleo parecen estabilizarse?

Estos tópicos fueron ignorados o apenas discutidos. El foco estaba en “Miss Piggy” y una historia que sucedió en el pasado.

En otras palabras, la batalla por el cargo político más importante en Estados Unidos se convirtió en un “reality show” con una exreina de belleza, como protagonista.

Es difícil predecir en esta etapa si tales actuaciones proporcionarán más claridad a los votantes indecisos pero, según la encuestadora Gallup, un 57% de estadounidenses desearían tener un tercer partido político.

Así como lo de “Miss Piggy” fue una trampa planeada por el comando de campaña de Clinton para avergonzar a Trump, ahora el candidato republicano responderá, mencionando las infidelidades pasadas de Bill Clinton, mientras Hillary responderá con el tema de las maniobras del millonario para obviar el pago de impuestos. En fin, nada de esto ayudará a mejorar la calidad o el tono de los próximos debates y sí mostrará que estamos ante un ejemplo de política en su peor momento.

La razón es porque por primera vez en la historia de Estados Unidos un hombre y una mujer compiten por la presidencia, lo que hace inevitable que el tema de la discriminación de género sea aún más sensible e importante para votantes de ambos sexos.

También hace más vulnerable al republicano ante cualquier sospecha que denote un prejuicio hacia las mujeres, mientras que a Clinton le dan una buena oportunidad de exponerlo.

Es poco probable que los calificativos de Trump hubiesen causado tal alboroto, si su rival hubiese sido un hombre.

En todo caso, el próximo presidente de Estados Unidos debe ser escogido por la capacidad de su liderazgo para conducir al país en la consecución de las grandes metas, enfrentando a un mundo cada vez más peligroso e impredecible y no sobre la base de una disputa con una exreina de belleza, cuya vida fue arruinada por un comentario tonto e imperdonable, hecho por un multimillonario hace 20 años.

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