Sobre izquierdas y derechas
Por lo general las calificaciones de izquierdas y derechas suelen ser atribuidas por los adversarios, muchas veces con intentos descalificatorios
Finalmente, para completar un cuadro de distorsión, el lenguaje aporta lo suyo. Llamamos progresista a cierta izquierda, sin saber exactamente porqué. n
La elección de Solís ha llevado a preguntar, dado su supuesto origen de izquierda, si hay un giro en Costa Rica, que u2013 sumado a la elección de Bachelet y a la más que probable elección de Tabaré Vázquez en Uruguay u2013 preanuncia un vuelco de América Latina. n
La pregunta u2013 que se produjo también en los casos de Humala en Perú y de Funes, en El Salvador- carece totalmente de significado. Esa distinción no es funcional para el análisis y no agrega nada a la discusión. nLo que realmente importa es distinguir modelos democráticos de aquellos que no lo son, aunque se proclamen como tales. n
Mary Douglas, desde la antropología cultural, propuso diferenciar a las sociedades, como aquellas que se manejan por consenso y aquellas que se imponen por la mera mayoría. Robert Dahl identificó a estas últimas como populistas y Riker, a su vez, a las primeras como liberales. Esta diferencia caracteriza a los dos modelos que conviven en América Latina. n
Por un lado, aquellas que respetan las instituciones que garantizan los derechos de todos, a través de la vigencia de la constitución y sus elementos limitantes del poder, sean hipotéticamente de izquierda o de derecha. Gobiernos asumidos de filiación izquierdista, como la Concertación chilena, el Frente Amplio, del Uruguay, o el PT de Brasil son Gobiernos respetables, desde el punto de vista de la democracia. Existen allí la separación de los poderes, la independencia del poder judicial, elecciones aceptadas como legítimas y libertad de prensa. Paradójicamente, esos países muestran muy buenos resultados en lo económico y social, donde sus políticas coinciden con las ideas económicas de la llamada derecha: apertura, libertad de comercio, control presupuestario, entre ellas. n
El otro grupo, auto-caracterizado como el u201csocialismo del siglo XXI u201d, por el contrario impone una presunta elección mayoritaria como único elemento fundante de su u201cdemocracia u201d, y no siente obligado de ninguna forma al respeto al resto del país. n
u00bfConstituye esta mayoría una democracia, por sí misma? Nunca fue esto aceptado como legítimo. n
El principio de legitimidad de la democracia es u201cel Gobierno del pueblo u201d, que incluye tanto a la mayoría como a la minoría, y que debe estar garantizada en sus derechos constitucionales. Tanto como quien gobierna (el pueblo) importa cómo se gobierna. Por eso, Aristóteles había diferenciado entre dos Gobiernos posibles del pueblo, según la forma: la democracia y la demagogia, de acuerdo a cómo se ejercía ese mandato. n
La democracia se caracteriza por el Gobierno del pueblo, pero un Gobierno limitado. Nadie había nunca pensado en un Gobierno donde la mayoría u2013que es la que toma decisiones- pudiera hacer lo que quisiera, sin restricciones. n
García Márquez, aun desde su posición de izquierda, había rechazado a aquellos gobernantes que u201cmontados en una mera elección popular, se proclaman democráticos u201d. Posiblemente, la mejor descripción de la diferencia está contenida en el discurso de despedida del Presidente Oscar Arias, en el que dijo: u201cNo se debe confundir el origen democrático de un régimen con el funcionamiento democrático del Estado. Hay en nuestra región Gobiernos que se valen de los resultados electorales para justificar su deseo de restringir libertades individuales y perseguir a sus adversarios. Se valen de un mecanismo democrático, para subvertir las bases de la democracia. Esta región, cansada de promesas huecas y palabras vacías, necesita una legión de estadistas cada vez más tolerantes, y no una legión de gobernantes cada vez más autoritarios u201d n
Desde el punto de vista de la lógica, es posible que alguien sostenga el Gobierno de la mayoría sin restricciones. Lo que es imposible es sostener que ese Gobierno es democrático. nEso es lo que establece la Carta Democrática InterAmericana, donde se consideran elementos fundamentales o esenciales de la democracia, las elecciones libres y transparentes, la separación de los poderes, la independencia del poder judicial y la libertad de expresión. n
Bajo esas normas, de vigencia obligatoria en el continente, un grupo de países u2013no importa si de izquierda o de derecha- han dejado de ser democracias. Como han ya señalado Osvaldo Hurtado y Carlos Sánchez Berzain, constituyen u201clas dictaduras del siglo XXI u201d, donde esos elementos esenciales ya no existen. En esta posición, coinciden aun los intelectuales de la misma izquierda. Reconocidos académicos han señalado que Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua ya no son democracias. Nada menos que LASA, entidad que agrupa a más de 7,000 expertos en América Latina u2013y con claras simpatías hacia la izquierda- se ha pronunciado en uno de sus últimas publicaciones en el mismo sentido. n
Es que es imposible sostener que un Gobierno que no respeta la separación de poderes, donde la justicia está al servicio de la persecución política, y donde ya no existe la libertad de expresión, pueda considerarse una democracia, aunque provenga de una elección popular. n
Ese es el único y funcional criterio para discutir la legitimidad política: democracia contra no-democracias u201d. El resto, es un mero ejercicio dialéctico.
* Presidente del InterAmerican Institute for Democracy
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