“Cuba es un país que produce canallas, demagogos y cobardes en relación desproporcionada a su población.”
Taladrid abraza el sueño de Mas Canosa
La empresa privada llegó a Cuba sobre las ruinas de la revolución marxista. Como todo cartel, el régimen cubano necesita reinventarse para sobrevivir
La empresa privada llegó a Cuba sobre las ruinas de la revolución marxista. Como todo cartel, el régimen cubano necesita reinventarse para sobrevivir. Le da lo mismo traficar con drogas que con seres humanos, siempre y cuando fluyan el cash y la buena vida.
Por eso vemos que, en medio de la devastación económica, los ineptos dirigentes cubanos salieron en busca, como lo hizo Fidel Castro con anterioridad, de los codiciados dólares. Los verdes, los que abren más puertas que las que mando a patear Stalin en su época. Son otros tiempos, la ayuda extranjera, las decadentes ideologías y los jugosos subsidios son hoy reliquias del pasado. Hay que modernizarse para sobrevivir, aunque sea renegando de los principios socialistas.
Así presenciamos la espectacular transformación de los antiguos críticos de Jorge Mas Canosa y la Fundación Nacional Cubano Americana, de seguir sus consejos. Del día a la noche, renegaron del socialismo y se abrazaron a la promesa del más formidable enemigo de la revolución: “convertir a los cubanos de proletarios en propietarios.” ¡Cosa más grande la vida! Como diría el elocuente personaje folclórico cubano, Tres Patines.
Reinaldo Taladrid, testaferro de Fidel Castro es del selecto grupo de inescrupulosos vividores que escalaron posiciones lamiendo botas. Taladrid y su socio, Lázaro Barredo, saciaron las ansias de Fidel Castro de destruir a Jorge Mas Canosa. Lo intentaron a través del fusilamiento moral con la venenosa biografía de una editorial inexistente publicada en La Habana en 1994, “El Chairman Soy Yo”. Alegaban destapar el lado oscuro de Mas Canosa, lo vinculaban a la CIA, al narcotráfico, al terrorismo y a la compra de poder político en Washington. Con un infantilismo patético, Mas Canosa era un pésimo jugador de basquetbol, porque Castro lo jugaba mejor. A tan bajo nivel sucumbieron que lo acusaron de incesto, sosteniendo relaciones sexuales con su hermana mayor. La novelesca infamia se basa en los documentos de un profesor de psiquiatría – fallecido, por supuesto – que lo había atendido y ellos por esas casualidades de la vida, encontraron el codiciado expediente clínico.
A raíz de la publicación llame a Taladrid fingiendo ser una periodista española interesándome por la obra y cuando le pregunte como dieron con ese desconocido detalle de Mas Canosa a los catorce años, me respondió: “un verdadero milagro”. Hasta los marxistas se vuelven creyentes cuando les conviene.
Lo interesante de esta saeta revolucionaria es que ahora Taladrid se nos ha convertido en ferretero. Interesante decisión en un país donde las ferreterías, grandes y pequeñas fueron confiscadas por la revolución. Como lo fue el famoso night-club Tropicana, propiedad del esposo de una tía, que corrió la misma suerte junto al resto de los negocios, nacionales y extranjeros que terminaron confiscados por la revolución. Así destruyeron a la Cuba que ahora intentan revivir.
En un país donde no hay turismo, se construyen lujosos hoteles. A diario conocemos de nuevos restaurantes que deslumbran con manjares desconocidos a las víctimas de la libreta de racionamiento. Abren bares, spas, tiendas especializadas, dulcerías finas, heladerías de productos confeccionados con la leche que no tienen los niños. Licorerías, cafeterías donde el café gourmet no contiene chicharos. Aparecen mega mercados donde abunda lo que escasea el cubano sin dólares y ferreterías con los productos que usa la nueva clase para remodelar sus viviendas. A pesar del cacareo del bloqueo, llegan semanalmente automóviles de lujo procedentes del “imperio” a un país donde, supuestamente, no existe poder adquisitivo. Eso, como diría Taladrid, es suficiente para levantar sospechas. Como, por ejemplo, que Cuba se ha convertido en la sede del blanqueo de activos del narcotráfico para el Cartel de los Soles del compañero Nicolás Maduro y demás carteles de la zona. Y ese es sin duda el motivo del nuevo boom económico en la isla de los Castro.
Habría que preguntarse cómo puede el testaferro de Taladrid montar una ferretería en pleno corazón del Vedado en la Calle 23 entre F y G con el salario de un propagandista castrista. ¿Quiénes compran los codiciados productos para arreglar las viviendas robadas? Será que su esposa Melba Ruiz cuando vende un lavamanos o una ducha también le garantiza al usuario que no les faltará el agua? ¿Los sacos de cemento de la marca Unión serán vendidos al régimen para reparar las viviendas de los damnificados de Melissa? ¿Se beneficiará económicamente el nuevo empresario con contratos estatales?
Taladrid se destacó por sus esfuerzos de intentar destruir y descalificar al exilio. Nos etiquetó como terroristas, sin otra prueba que paletadas de fango y con eso elaboraron listas que ridículamente presentaron al FBI. En sus peroratas publicadas en el diario oficialista Granma me identificaba como “la primera dama del terrorismo radial anticubano.” Todavía recientemente nos formalizaron la acusación a un grupo de exiliados en la Gaceta Oficial como si alguien aún creyera al “viejo gobierno de difuntos y flores”, como diría el visionario trovador. Ojalá, digo yo, que no llegue la Interpol a devolvernos a La Habana.
Tanto difamar para caer en lo mismo. Tanto acusar para terminar siendo lo que le criticaba a sus acusados. No se tiran piedras cuando se tiene techo de vidrio, le diría hoy la famosa tía despojada de su cabaret, a su sobrino del G-2. Me informan desde La Habana, que las tres frases más pronunciadas por la nueva clase cuando se pasan de tragos son: “Ay Marx, ¡si te veo no me acuerdo!”, “Fidel que embarque nos diste!” y la tercera es de Álvarez Guedes: “Qué clase de m….. es el comunismo!”. Ya sabemos lo que comentarios como estos le costaron a antiguos dirigentes.
El final de las diatribas de Taladrid era siempre el mismo, desde la cloaca redonda decía: “Saque usted sus propias conclusiones”. Ya las estamos sacando. ¿En una Cuba donde danzan los millones del lavado de dinero, de qué oscura procedencia salieron los fondos que convirtieron a Taladrid en el hombre que vive el sueño de Mas Canosa en el Vedado? ¡Te recuerdas Taladrid con el tono amenazador que repicabas; “Follow the money! En inglés y todo, sigan el rastro del dinero. Quien lo iba a decir, de proletario a propietario, de testaferro a ferretero. Es la eterna historia de la fracasada revolución. El hombre nuevo suena con el capitalismo que Marx intento destruir. Es la historia de un colosal desastre que llevo a Cuba a las ruinas y ahora los sobrevivientes para salir a flote se aferran a una última tabla, la del Cartel de La Habana y el poder de convertir a sus sicarios en burgueses. En fin, saque usted sus propias conclusiones sobre las aventuras del destacado graduado de la Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin, conocido entonces como “El Taladro”. Es como si sus antiguos compañeros intuyeran desde entonces que terminaría convirtiéndose en el “Ferretero del Vedado”.
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