Trump y la confusión sobre inmigración
@schottv
Donald Trump parece que está en estado de pánico con el tema de la inmigración ilegal. Es un desafío que hasta hace poco parecía demostrar que tenía bajo control, acorde a sus firmes posiciones.
Sin embargo, a estas alturas, Trump ya sabe que, si llega a ser presidente de Estados Unidos, será difícil, si no imposible, deportar cerca de 11 millones de inmigrantes sin papeles, lo cual representa una vuelta atrás al punto que ha sido una de sus promesas principales de campaña, que produjo una gran parte de su apoyo, entre desilusionados votantes republicanos.
En una serie de apariciones públicas, Trump parece haber comenzado a flaquear, persuadido sin duda por su nuevo equipo de asesores, para inyectar un poco de sentido común a sus promesas de campaña, y ahora habla sobre la necesidad de expulsar a inmigrante sin papeles que hayan sido condenados por un delito.
Esto no es lo que sus seguidores querían escuchar, ya que les gustaba el discurso de que en vez de buscar una vía a la ciudadanía estadounidense, tal y como propone el presidente Obama, los millones de familias que se han asentado en el país deberían ser obligados a salir, aun cuando muchos de ellos han pagado impuestos durante décadas.
En realidad no es nada nuevo que políticos en campaña hagan promesas que poco tienen que ver con la realidad o el sentido práctico. Si Trump llega a ser presidente, su propuesta para deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados, no sólo conduciría a una larga batalla con los demócratas en el Congreso y muchos republicanos con mentalidad más liberal, sino también provocaría una condena internacional que minaría la reputación de Estados Unidos como una nación que fue fundada sobre las bases de la inmigración.
Hay muchas formas prácticas para controlar la inmigración ilegal, como incrementar las regulaciones de empleo, pero una deportación masiva es inviable y Donald Trump lo sabe. Sin embargo, el candidato republicano ha preferido hasta ahora aprovechar los prejuicios de una parte de los votantes estadounidenses en contra de los inmigrantes, diciéndoles lo que él cree que quieren oír.
Sus planteamientos se han visto alimentados por la crisis de migración en Europa, que ha puesto de cabeza la agenda política global, luego de las imágenes de miles de refugiados caminando en filas o llegando a Grecia o Italia en barcos repletos de hombres, mujeres y niños.
Incluso Angela Merkel, la canciller alemana, todavía libra una batalla política interna, luego de invitar a refugiados sirios a Alemania el año pasado. Fue una decisión que favoreció el referendo del Brexit, o salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, sustentada en parte por el temor a la llegada de cientos de miles de ciudadanos favorecidos por la política europea de libre circulación.
Ahora faltando tan poco para las elecciones generales, Trump ha comenzado a suavizar su postura sobre inmigración ilegal, provocando que figuras radicales de alto perfil como Sarah Palin, excandidata republicana a la vicepresidencia y exgobernadora de Alaska, denuncie su cambio de posición, como una maquillada actitud que podría significarle una importante pérdida de votos.
Trump debería estar también al tanto de que si él comienza a dar marcha atrás en sus compromisos de campaña, podría ser el final de sus esperanzas de llegar a la Casa Blanca.
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