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Una vergonzosa obscenidad

Los amables lectores de esta columna pensarán que estoy obsesionada con Venezuela. Reconozco no poder apartarme de las pocas noticias que me llegan, fragmentadas, subjetivas, divisivas, incompletas. n

El único reflejo en la prensa internacional, a un mes de protestas ciudadanas, es el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez y una bronca entre el presidente de Panamá Ricardo Martinelli, y Nicolás Maduro, quien lo acusa de estar en u201cconchupancia u201d con Estados Unidos.

Agradezco haber aprendido una nueva palabra pero Maduro no aporta nada original en estos días, porque ya todo el guión se lo escribió Cuba desde hace rato. Incluso el drama de pelearse con la OEA es una repetición histórica, aunque contradictoriamente, Venezuela votó en 1962 por la expulsión de la isla de ese extraño organismo con sede en Washington a cuyo trono se sienta el más extraño José Miguel Insulza.
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Pero del giro violento que están tomando los acontecimientos, de los gases lacrimógenos y las balas de goma contra los estudiantes que siguen en las calles, los medios en inglés no se dicen nada.
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Llevo días preguntándome qué les pasa a los medios de este país. Todos parecen haberse mudado para Ucrania. nAlgunos conductores de programas de actualidad y noticias (que cada vez son menos noticiosos y más sobre la opinión de quiénes los conducen) han dedicado horas a analizar la personalidad de Vladimir Putin.

Los ojos glaciales del presidente han borrado cualquier otro tema, ya han surgido putinólogos en todos los canales: le explican al pueblo estadounidense que allí en Rusia había algo que se llamaba la KGB y que Putin es un funcionario reciclado de esas fuerzas oscuras. Que es el fantasma amenazante de la Guerra Fría. No se habla de otra cosa. Que odia a la Unión Europea; es duro, punzante, metálico, inescrupuloso. No respeta a nadie, ni siquiera a Obama. A Obama, menos. Obama siempre coge su ramalazo de joven inexperto. n

Pero de los gases lacrimógenos y las balas de goma y los estudiantes apelando al ejército en Venezuela, nada. nMe pregunto qué han ido a buscar los medios de comunicación de este país a miles y miles de kilómetros de distancia, cuando aquí en la región está ocurriendo una catástrofe social de envergadura. nY no es que no me preocupen los asesinatos políticos en cualquier parte del mundo. Pero tengo una emoción igualitaria al respecto y una víctima en Kiev me duele tanto como otra en Caracas o Valencia.

Me encanta que se hable de las Pussy Riots, esas muchachas rusas que no le tienen miedo ni a la cárcel, pero me gustaría que se conociera igualmente a nuestras Damas de Blanco, a quienes otras turbas han arrastrado por las calles de La Habana. n u00bfPorque la prensa norteamericana esta silente con Venezuela?

No vamos a pedirle a esa prensa, que siempre ha amado las leyendas guerrilleras y los uniformes verde olivo (desde luego, no sé qué harían si vieran con semejante disfraz a su propio presidente), que sea objetiva con las noticias que llegan de Cuba, por ejemplo.

El silencio al respecto está establecido desde hace 50 años y hace falta una telenovela como la del niño Elián González para sacarla de su indiferencia. Pero pasar por alto, totalmente, el hecho de que los muchachos están en las calles desde hace un mes, en un país del hemisferio, me parece obsceno.  u00bfSerá que el tema no despierta aquí un interés inmediato? u00bfNo es tan siquiera una preocupación económica?

Es cierto que Estados Unidos perdió hace tiempo, su exclusividad como receptor del petróleo venezolano. Pero todavía compra cerca de millón y medio de barriles diarios. Fue precisamente el difunto Chávez quien se ocupó de hacerle perder a los Estados Unidos su rango de comprador preferente. Ocurrió en el 2006, cuando empezó con sus medidas nacionalizadoras y renegoció la participación de las empresas extranjeras en el país.

Por ese entonces, Chávez impuso sus propios términos y a ellos se tuvieron que plegar la Chevron y la Shell, por mencionar un par de ellas, si no querían quedarse fuera del festín.

Gracias a Chávez y a la u201corientación estratégica u201d del Gobierno, el petróleo venezolano ha ido tomando el camino de la India y de China, los dos gigantes en ciernes que si han devorado el protagonismo comercial de este país en el mundo entero. nPero de eso, nada se dice. Hay más preocupación, en los medios, por el fantasma de la Guerra Fría. n

He leído par de artículos en inglés y algunas afirmaciones sobre la situación en Venezuela son ultrajantes. Un columnista, con una indigestión marxista, afirma que se trata de una evidente lucha de clases y arremete contra lo que llama una protesta de la clase media. u00bfQué tendrá de malo la clase media?

Añade que mencionar a Cuba como protagonista en la contienda es injusto y absurdo. nHasta la visita de Raúl Castro a Caracas para el aniversario de las honras fúnebres de Chávez habría sido ignorada si no fuera porque la bandera cubana protagonizó la jornada al caerse cuando la estaban izando, anécdota que recrea otro columnista americano.

Pero cuando pensé que le iba a dar un significado de justicia poética a la caída, el hombre aprovechó para decir que Raúl Castro había sido recibido, en el país sublevado, mucho mejor que Richard Nixon en 1958, a quien una turba casi le desguaza el carro u2026 n

Me quedan dos esperanzas al cierre de esta columna: una, que Cuba no es buena consejera para una crisis de esta envergadura. u00a1Ahí sí que debían preguntarle qué hacer a Putin! La otra, que los estudiantes nos sigan sorprendiendo este fin de semana.
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