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MEMORIAS

Y Cuba dejó de mamar la teta de la vaca del Kremlin

El 12 de mayo de 1986, Fidel Castro me citó a su despacho en el Palacio de la Revolución, a propósito de una carta que yo le había enviado al entonces ministro del Interior, José Abrantes

Por TANIA QUINTERO

La implantación del “período especial” en Cuba en 1990, desde mi punto de vista, tuvo dos lecturas. La primera: fue una consecuencia directa del desmembramiento de la URSS, la caída del Muro de Berlín y la desaparición del campo socialista en el este de Europa. La segunda: evidenció el fracaso de todos los planes agrícolas y pecuarios puestos en marcha por Fidel Castro.

En 1986 me ocurrieron algunas cosas como periodista oficial que de cierta manera me hicieron presentir que algo tenso, difícil y no exactamente “especial”, halagüeño, se avecinaba.

El 12 de mayo de 1986, Fidel Castro me citó a su despacho en el Palacio de la Revolución, a propósito de una carta que yo le había enviado al entonces ministro del Interior, José Abrantes, denunciando el aumento del jineterismo y la marginalidad en torno a turistas extranjeros.

¿Por qué Fidel Castro quiso hablar conmigo? Porque estaba trabajando en un plan de renovación y fortalecimiento de la policía y mis vivencias le eran útiles. ¿Para qué quería remodelar la policía? Para poder iniciar el despegue del turismo, visto como una tabla de salvación ante la realidad de que ya no íbamos a seguir mamando la teta de la vaca del Kremlin, o sea, dejaríamos de ser subvencionados y tenidos como 'hijos preferidos' de la “madre patria soviética”. Una vaca que en vez de leche nos daba petróleo, mucho petróleo.

Según distintas fuentes, desde la década de 1960 hasta el colapso de la URSS, Cuba habría recibido un subsidio de un millón de dólares diarios. Se calcula que entre 1966-78 la ayuda soviética fue de 13 mil millones de dólares. En 1977, por ejemplo, Cuba compraba el barril de petróleo ruso a 7,4 dólares, cuando su precio en el mercado mundial era de 20,5 dólares el barril. Otro ejemplo: en 1978, la Unión Soviética le pagaba a Cuba 0,40 centavos de dólar por una libra de azúcar, cuando su precio mundial era de sólo 0,18 centavos de dólar.

No haré aquí el relato de la reunión con Fidel Castro en su despacho, pero sí resaltar que uno de los problemas a vencer por la nueva policía, era contrarrestar el jineterismo, la prostitución y la delincuencia que ya en 1986, comenzaba a girar alrededor del turismo. Ese encuentro no fue conocido por mis colegas y jefes en el ICRT.

Pese a figurar en la lista de periodistas “confiables”, que gozaba de la confianza del régimen, a partir de ese encuentro, todo un 'honor' en una época en que Castro sólo recibía a periodistas del primer mundo, en particular de Estados Unidos (para él los periodistas cubanos éramos plato de segunda mesa) los funcionarios de Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), que sí supieron de esa cita, empezaron a verme de una manera distinta, como si el hecho de haber sido citada y recibida por el “comandante” me hubiera otorgado una categoría superior.

Entonces comenzaron a posibilitarme accesos hasta ese momento restringidos a un grupo muy selecto de dirigentes y funcionarios del partido comunista. Un funcionario del DOR una vez me llevó a una oficina y me dejó sola, leyendo actas del Consejo de Ministros. En otra ocasión, a ver un video destinado a la élite partidista, y de la cual no formaba parte, pues nunca fui militante del PCC ni de la UJC.

Para ilustrar la situación en que Cuba se encontraba, en tono dramático, Castro dijo que era como si todos los días, habituados a ver salir el sol desde una ventana, un día, de pronto, nos asomábamos y descubríamos que el sol no había salido ni nunca más saldría. O sea, que durante muchos años los cubanos habíamos estado tranquilos, confiados en que sin fallar una semana o un mes, a los puertos cubanos arribarían barcos cargados de petróleo procedentes de la URSS.

Fueron tiempos de un clima angustioso, incierto. Los cubanos no se imaginaban lo que se les venía encima. Dentro de la isla pensábamos -y en voz baja comentábamos- que si la revolución hubiera hecho una verdadera reforma agraria, los planes agropecuarios hubieran sido exitosos y los campesinos hubieran podido trabajar a gusto y con eficiencia la tierra, la llegada del “período especial” no hubiera tenido las consecuencias que tuvo.

Cuesta creerlo, pero durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Cuba exportaba papas, tomates y otras verduras a grandes fábricas procesadoras de alimentos en Estados Unidos, de donde salían deshidratadas, envasadas y llevadas a países europeos en conflicto. El azúcar consumida por los Países Aliados era producida en Cuba. Ya desde finales de la década de 1930, cuando la Guerra Civil Española, en la Isla se llevaron a cabo jornadas de solidaridad y hacia España salieron cajas de alimentos, ropa y medicamentos. Cuba aportó también un contingente de voluntarios.

Esas acciones solidarias volverían a repetirse en los años 40, cuando se recolectaron latas de leche condensada y otros alimentos no perecederos, destinados a los “hermanos combatientes soviéticos”. Durante la Segunda Guerra Mundial tres jóvenes cubanos perecieron en territorio ruso: Enrique Vilar y los hermanos Aldo y Jorge Vivó.

Quien vivió en Cuba antes de 1959 sabe que en el país nunca faltaron frutas, hortalizas, legumbres ni tampoco leche, queso, mantequilla, carnes, pescados, mariscos... Existía una industria alimenticia con un desarrollo tecnológico acorde a la época. El cubano se encontraba entre los pueblos mejor alimentados del continente americano y probablemente del europeo.

Lo más terrible no era que hubiéramos llegado a 1990 con el anuncio de la instauración de un “período especial en tiempos de paz” y de que algo todavía peor, la Opción Cero (cero comida) estaba ahí, a la vuelta de la esquina. Lo más doloroso era que ese proyecto denominado “revolución” hubiera sido incapaz de contar con una agricultura y una ganadería no ya igual, sino superior a la que teníamos cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959.

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