Este deporte del boxeo cada día nos trae más sorpresas que nos dejan boquiabiertos y con ganas de no verlo nunca más, sobre todo cuando Floyd Mayweather Jr. vence a Manny Pacquiao en una deslucida pelea o, más recientemente, cuando el cubano Yunieski González es víctima de un robo en Las Vegas, boxístico, claro está.
Otro nocáut de los jueces al boxeo
Los hombres que determinan los resultados de las peleas volvieron a cometer una gran injusticia
Y cuando hablo de robo, tal vez hurto porque no hubo violencia en la decisión errada de los jueces, pienso en esa absurda victoria para Jean Pascal, quien ni siquiera mostró alegría o emoción cuando escuchó el regalo de los jueces. Así de insípido le supo el éxito.
Ese tipo de decisión es una de las grandes razones por las que este deporte ha perdido tantos fanáticos en las últimas décadas y que ha ido cediendo espacio a las artes marciales mixtas. No puede ser que en una cadena nacional, ante la mirada atenta de miles de espectadores, tengamos que vivir una decisión que, más que injusta, huele a robo, hurto o como quiera que uno deseé llamarlo.
Así no, boxeo.
El boxeo es hermoso y emociona a millones de personas alrededor del mundo, pero ante las decisiones que hemos estado viviendo y el poco entusiasmo de la juventud en el día a día del deporte, podemos estar empezando a vivir una decadencia que lo afecte y lo ponga contra las cuerdas.
Las sensaciones que sentí al escuchar el nombre de Pascal como el triunfador de esa noche fue una de frustración, dolor ajeno y pena por ese muchacho llamado Yunieski, quien se preparó como nunca para derrotar al rival más renombrado, el excampeón favorito de todos y que, después de hacer su trabajo en el cuadrilátero, esos jueces le negaron el triunfo.
Así no, boxeo.
De esa manera no vamos a ganar más fans para este deporte y la credibilidad que, gente como Mayweather con sus rivales de poca monta, se encargan de alejar del ring y los envían a otros deportes.
A mí siempre me ha interesado más la parte humana de los protagonistas que, incluso, los mismos resultados deportivos. Aun con los equipos que me gustan y que quiero que ganen a toda costa. Esa parte del ser humano que lo lleva a sufrir lo imposible para alcanzar la gloria. Ese elemento me intriga y me enamora.
Y es por eso que sentí tanta frustración al ver cómo le quitaron el triunfo al peleador cubano. Ese muchacho buscaba una victoria que lo lanzara a otra oportunidad mucho más ventajosa y más fuerte monetariamente. Pero la realidad le puso un detente vergonzoso y le hizo llorar en el cuadrilátero no más escuchó la decisión en su contra.
Ya sé que se ha hablado de otra oportunidad antes que termine este año en HBO, pero nada cambia el sabor de la derrota ni las puertas que seguramente se le iban a abrir con la victoria que le arrebataron.
Así no, boxeo.
Así no van a creerte los jóvenes que quieren amar este deporte y sufren este tipo de decepción con lo que deciden los jueces.
Esa es la triste realidad de un deporte que tiene más de un siglo de historia y que, poco a poco, ha ido muriendo, bajando en nivel de importancia en Estados Unidos y el mundo. Ya la época en que Joe Louis, Rocky Marciano y Mohammad Ali como campeones de peso pesado eran los atletas más populares del país ha pasado.
Ese fenómeno lo entiendo porque no creo que nadie piense hoy que Mayweather es el tipo, el hombre de los deportes, el más popular de todos los deportes. Pero más que todo entiendo que no puede serlo mientras vivamos decisiones como las del pasado 25 de julio en Las Vegas.
Con ese tipo de nocáut de los jueces, la gente se va, se nos va…
Así no, boxeo.
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