Cuando el 28 de septiembre de 1960 el entonces primer ministro Fidel Castro instó a más de un millón de cubanos a crear un sistema de vigilancia vecinal, sentó las bases para el derecho a la intromisión en la vida privada.
Patente para espiar vecinos
Pero a su vez en el momento que llamó a constituir los llamados Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Castro dio la orden para que todos se sintieran con la patente de intervenir en la privacidad de sus vecinos
“Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva para ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo”, dijo entonces Castro, en alusión al pretexto que desde su ascenso al poder le sirvió para todo tipo de arbitrariedades, la necesidad de combatir al “poderoso del norte”.
Pero a su vez en el momento que llamó a constituir los llamados Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Castro dio la orden para que todos se sintieran con la patente de intervenir en la privacidad de sus vecinos.
“Que todo el mundo sepa quién vive en la manzana y qué hace el que vive ahí (…), con quién se junta y en qué actividades anda”, añadió Castro en su exhortación.
Por eso no es de extrañar que a 55 años de fundada esa organización y aunque resultado del deterioro social y económico del país ya todos los controles están resquebrajados, los pocos que aún responden a los principios de los CDR son capaces de promover en los vecindarios los llamados actos de repudio en los que los disidentes y desafectos al régimen dictatorial son agredidos física y verbalmente.
Parece un anacronismo que en la nueva era anunciada por Washington y La Habana en diciembre de 2014, instituciones con fines represivos como los CDR persistan. Sin embargo, la naturaleza represiva del régimen, a pesar de las alianzas que por razones de supervivencia han aceptado los Castro con sus antiguos enemigos, exige todavía de un sistema que autoriza el espionaje entre vecinos.
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