Somos hijos de nuestro tiempo, no me caben dudas. Es indiscutible que vivir tantos años en medio de una guerra tan cruenta (aunque sin tiros ni bombazos, ¡al menos no muy a menudo!) nos ha causado algunos traumas.
Sin relevos en el frente
Me gustaría tanto estar equivocado, pero viendo el panorama político cubano de cara a los cambios que todos queremos, no importa hacia dónde vayan, ni los que mandan en Cuba, ni los que aparecen en la escena como oponentes serios, tienen candidatos posibles que impidan la sucesión anunciada
Si vamos manejando y doblamos la segunda esquina con el mismo auto detrás, nos están persiguiendo. Si la persona que nos revisa el pasaporte en la entrada de cualquier país, mira dos veces nuestra foto, no será porque es de hace cinco años y no tenía canas, sino porque soy sospechoso. Si hay un ruido en nuestro teléfono o el SMS no llegó, seguro se quedó en la extensa red que nos revisa cada momento de nuestras vidas. Claro, no pensamos en lo insignificantes que somos ni en los recortes presupuestarios para todos que impide que un don nadie sea investigado.
Es que la teoría de la conspiración ha sido parte de nuestras vidas. Gracias a las múltiples series de televisión que aportan a nuestro acervo de manera gráfica y explican cómo nos afectan las guerras entre los sistemas, nos parece que cada uno de nosotros está involucrado como un gran espía en esta trama. Así pienso cuando veo que desde mi querida y empobrecida isla alguien puede enviar cientos de twiters o noticias opositoras al gobierno, sin que los que nunca dejaron ver TV Martí se preocupen.
Lo primero que pensamos: ¡¡es un agente!! A veces no sabemos de quién, pero es un agente. Y esto nos acompaña una buena parte de nuestras vidas, por más que nos autoanalicemos, vayamos a terapia o pasemos muchos años en países donde su condición de democracia nos haga pensar que esto no existe. Pero nos equivocamos.
En todas partes se cuecen habas; las democracias no existen (¡¡al menos en nuestra idílica concepción del poder del pueblo!!) y los agentes no son tan agentes, ni nos persigue el del lada de atrás. Lo que sucede es que se ha convertido en una forma de vida, gente que se mete en la piel de otro para salir adelante, no importa que en su intento eche por tierra los más sagrados y sacrosantos principios de un diferendo que dura más de lo que ha vivido el más viejo.
¿De qué se trata?
Esta diatriba se debe a un artículo publicado en un periódico de Miami (que no es éste, por supuesto, ¡¡Dios nos coja confesados!!) sobre un “meteoro” que rompe el cerco político que el gobierno de Cuba pone sobre la libertad de expresión. Una entrevista (¡un lector que comenta la define como un publirreportaje!) sobre el conocido bloguero y tuitero Yusnaby Pérez.
Desde hace años salen a la luz pública ciertos nombres que de la nada se convierten en disidentes, periodistas, reporteros, hasta bibliotecarios, y al amparo de restricciones que siguen entorpeciendo la vida cotidiana en Cuba se disparan al éter, se convierten en noticia, ganan millones de dólares y luego casi por el mismo arte se desinflan ante la fuerza de la luz. Hay excepciones, las que nos dejan superar desconfianzas y nos abren camino en el horizonte.
Normalmente no me hago eco de estas ideas, no me gusta hacer el juego a quienes se empeñan en desunir a los cubanos en sus más importantes temas, pero luego lo medito y veo que no podemos estar más desunidos que como nos vemos hoy, y me parece mejor decir lo que pienso.
La entrevista al “meteoro” Yusnaby parece sacada de un manual de propaganda china. Está llena de inconsistencias que hacen dudar de cosas que por estos días muchos quieren hacernos creer: la primera es la muerte provocada de Payá. Si tanto Yoani como Yusnaby (¡y dale con los nombrecitos con Y!) se pueden pasear libremente por el mundo, incluyendo entrar y salir de Cuba y seguir mandando sus informaciones sin problemas, muy poco controla el gobierno cubano a sus oponentes. ¿O será que no le dan bola a esta gente?
Me gustaría tanto estar equivocado, pero viendo el panorama político cubano de cara a los cambios que todos queremos, no importa hacia dónde vayan, ni los que mandan en Cuba ni los que aparecen en la escena como oponentes serios tienen candidatos posibles que impidan la sucesión anunciada. Sin cuadros, sin relevo, estos frentes, ambos, están tan debilitados que corremos el riesgo de desaparecer como nación.
Sobre todo si cada año de Cuba sale tanta gente para volver solo de vacaciones.
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