TAIPEI.- En los últimos meses, la República de China, mejor conocida por Taiwán, ha sido noticia en los medios internacionales por las tensiones militares constantes con la China comunista. De hecho, mientras se escribe este artículo, bombarderos con capacidad nuclear de Pekín incursionaban en las en la zona de defensa aérea de isla asiática.
Taiwán enfrenta la amenaza de China con grandes tecnologías
Según la base de datos de la agencia de noticias AFP, se trata de un récord, de 380 incursiones de aviones de combate chinos en 2020 a más de 1.500 en 2022, que confirma una vez más la peligrosa escalada en la amenaza militar china contra la que Pekín llama ‘isla rebelde’ por no unirse a su sistema dictatorial.
A un lado del estrecho, Xi Jinping lidera una China comunista de 1.300 millones de habitantes bajo el mando de un partido único, que afirma que Taiwán es parte de China. En el otro, Tsai Ing-weg dirige una democracia con 23 millones de habitantes. Una disputa que se mantiene desde el año 1949, cuando los comunistas tomaron el poder y fundaron la República Popular China.
Mientras tanto, la capital de Taiwán, Taipéi, se muestra como una ciudad próspera, cosmopolita, moderna, dinámica y segura, con grandes tiendas y centros comerciales al mejor estilo occidental. Ciudad digna de un país que produce el 64% de las ventas mundiales de chips semiconductores, según la consultora TrendForce, y hasta el 90% de los microchips más avanzados del mundo, que tienen un tamaño de cinco nano milímetros (nm).
“El mundo podría estar en caos si China ataca a Taiwán”, afirmó Miin Chyou Wu, presidente de Macronix, una fábrica taiwanesa líder mundial en la producción de chips de memorias, especializados para la industria electrónica de consumo, proveedora de grandes empresas como Nintendo y Samsung. Esta empresa ofrece una gama completa de productos NOR Flash, NAND Flash y ROM, presentes en la mayoría de los dispositivos que usamos cotidianamente, como teléfonos móviles, ordenadores, automóviles, e incluso en dispositivos médicos y militares.
“Si estas tecnologías son tan importantes para todos, espero que todos mantengan a Taiwán seguro. Si Taiwán es destruido, será un problema para todo el mundo”, advirtió Miin Wu, señalando que las potentes fábricas de producción de microchips de la isla podrían ser el escudo de protección para evitar un ataque militar chino, pues un ataque provocaría graves repercusiones en la cadena de suministro global. Es lo que se conoce como el “escudo de silicio”, un térmico acuñado por el periodista inglés Craig Addison en su libro Silicon Shield: Taiwan's Protection Against Chinese Attack.
Dependencia
La teoría dice que, si el mundo depende de los semiconductores taiwaneses, entonces tal vez el mundo evitaría que China invadiera Taiwán. Además, China también depende de los semiconductores taiwaneses, por ejemplo, las exportaciones desde Taiwán a la China continental y a Hong Kong batieron récord en 2021: según datos oficiales citados por el diario hongkonés South China Morning Post, sólo el año pasado las exportaciones taiwanesas a China fueron de 166.527 millones de euros (188.900 millones de dólares), lo que supuso un aumento del 24,8% con respecto al año anterior, ante la fuerte demanda de semiconductores en un contexto de escasez internacional y las sanciones impuestas por Estados Unidos a algunas tecnológicas del gigante asiático.
“Un bombardeo a nuestra fábrica es lo último que me importa. Taiwán está en una posición de liderazgo. Si China y el Gobierno de Estados Unidos quieren nuestra tecnología, entonces espero que nadie nos bombardee”, aseguró Miin Wu, confirmando además que la llamada isla rebelde por Pekín es uno de los más grandes proveedores de drones a China, que luego son usados por Rusia en la invasión a Ucrania. “No creo que vengan a bombardear aquí”, subrayó.
Lo cierto es que Taiwán tiene algo que China no tiene: el equipo de fabricación de semiconductores más avanzado del mundo. Y la perla del ‘milagro taiwanés’, como se le conoce al gran desarrollo económico y tecnológico de la isla en los últimos tiempos, es una empresa llamada Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la famosa TSMC, que acapara el 54% de la industria de semiconductores a nivel global. También es la sexta compañía más valiosa del mundo con una capitalización de mercado de más de 600.000 millones de dólares y suministra chips a empresas como Apple, Intel y Nvidia.
Campeón de memorias
El ingeniero Miin Wu fundó Macronix en el año 1989 en el corazón del parque científico Hsinchu, en el Silicon Valley taiwanés, en donde exhibe con orgullo los resultados de su esfuerzo: “Cuando comencé no tenía ni un dólar, hoy los activos de la compañía son probablemente de 20 billones de dólares [taiwaneses]” (618 millones de dólares estadounidenses al cambio), expresó sonriente mientras mostraba el salón de exposición de la compañía, vestido de forma impecable.
En ese lugar se exhibe el rostro de Miin Wu en las portadas de medios importantes como Forbes y Business Week, además de los variados productos que contienen los componentes Macronix, que ya en el 2016 era considerado el mayor proveedor de ROMs del mundo.
“Ahora soy la única empresa en Taiwán que produce desde el diseño hasta la fabricación y que no ha recibido ninguna ayuda del gobierno”, evidenció para marcar la diferencia con su mayor rival, la TSMC.
En medio de las tensiones con la China de Xi Jinping, no es un secreto que tanto Estados Unidos como Europa están intentando atraer inversiones a sus territorios para la construcción de sus propias fábricas de microchips. Por ejemplo, en Italia se ha previsto la construcción de una planta de Intel, con una inversión inicial de 4,4 millardos de euros. Sin embargo, para Miin Wu, estas iniciativas están lejos de ser una amenaza: “Es una cuestión de cultura laboral. Los occidentales son buenos para innovar, pero no tienen la disciplina de países como China, Taiwán, Corea o Japón”.
El jefe de Macronix explicó que Taiwán tiene las capacidades tecnológicas que hoy conocemos gracias a su empresa. Entre 1989 y 1991, después de graduarse de la Universidad de Stanford y varios años de experiencia en Intel, convenció a numerosos taiwaneses para que regresaran a la isla. “Era un momento en que Taiwán educó a muchas élites, que luego se fueron a trabajar a los Estados Unidos. Fui el primero en provocar un regreso masivo de ingenieros”, dijo emocionado. Además, es el primero en introducir el Big Data en el mundo de los semiconductores.
A sus 74 años, el fundador de Macronix habla de haber logrado revertir la tendencia de fugas de cerebros que existía en su país: inicialmente, “traje alrededor de 40 personas y luego comencé a formar otras más para obtener el diseño apropiado.
Hoy día, “Taiwán camina hacia una situación próspera por la gente que yo he formado”, puntualizó Miin Wu. Y, a pesar de las amenazas, “nuestra gente sigue trabajando muy duro para crear nuevas tecnologías”.
Detalles
En 1949, al finalizar la guerra civil, el Partido Nacionalista fue desplazado por el Partido Comunista de la mayor parte del territorio chino, quedando limitado al territorio de Taiwán, con el nombre de República de China, mientras que el resto del país tomó el nombre de República Popular de China.
A principios de la década de 1960, Taiwán entró en un período de rápido crecimiento económico e industrialización llamado el “milagro de Taiwán”.
Después del fallecimiento de Chiang Kai-shek, en 1975, Taiwán paso a ser paulatinamente un país democrático.
El pequeño país, con 36.000 kilómetros cuadrados y cerca de 24 millones de habitantes, es hoy una nación desarrollada, que ocupa el puesto número 15 en el PIB per cápita del mundo. Está altamente calificada en términos de libertades políticas y civiles, educación, atención médica y desarrollo humano.
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