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Los pros y los contras del software de suscripción
"Las empresas pueden bajar sus costes en tecnología y personal al dejar en manos de los proveedores de servicios la administración y mantenimiento del software", explica un especialista de la asociación tecnológica Bitkom
Hoy en día muchos programas de software se alquilan en vez de comprarse, sobre todo los de oficina, y hay que pagar una suscripción de manera regular. Se trata de una solución que a veces puede ser ventajosa para el usuario.
Es difícil imaginarse que una empresa trabaje en la actualidad sin Excel o sin Photoshop, por lo que hace un par de años causó mucho revuelo el anuncio de que Microsoft y Adobe cambiaban su modelo de venta de los programas de oficina y del editor de fotos, respectivamente.
Con el nombre de Office 365 y Creative Cloud los populares paquetes de software ya no se pueden comprar, sino que hay que abonarse a ellos. El concepto fue bautizado como Software as a Service (SaaS), en español software de servicio.
Algunos de los programas por suscripción siguen funcionando en la propia computadora, pero otros lo hacen en los servidores de las empresas y en el navegador de Internet. También se pueden considerar SaaS los programas de webmail, las libretas de direcciones online y los calendarios o servicios como Google Docs. La mayoría son gratuitos aunque las funciones extra cuestan una cierta cantidad de dinero por mes.
El concepto procede del mundo de las empresas. "Allí ya existe todo desde hace años", explica Frank Termer, de la asociación tecnológica Bitkom. "Las empresas pueden bajar sus costes en tecnología y personal al dejar en manos de los proveedores de servicios la administración y mantenimiento del software". Sin embargo, a nivel privado también tienen mucho éxito sobre todo con programas y apps de oficina.
Para el usuario no tiene por qué ser una desventaja. "Los costes de inversión inicial son menores", explica Christian Gollner, de una asociación alemana de consumidores. En vez de gastarse varios miles en paquetes completos de programas, el usuario invierte una cifra reducida cada mes y puede usar desde el principio todo el software y todas las funciones.
Sin embargo, "a largo plazo el software de alquiler puede ser más caro que el que se compra, sobre todo si se usa por muchos años y en paquetes muy amplios", opina Gollner.
El software comprado en teoría nunca deja de funcionar, pero no se actualiza necesariamente. "El SaaS garantiza las actualizaciones y la ampliación de funciones. Esto es importante para usuarios que intercambian archivos con otros", señala Gollner, porque así no hay problemas de compatibilidad.
Los suscriptores tienen derecho por ley a los "updates", ya que en caso de alquiler el dueño tiene la responsabilidad de mantener el funcionamiento de lo que renta, señala el abogado Till Jaeger. En concreto, que no haya errores de programación o agujeros de seguridad en ningún momento.
Sin embargo, simultáneamente también hay limitaciones. "Por ejemplo yo puedo dejar que otros usen el software comprado en mi computadora, pero en el caso de alquiler esto no está nada claro", señala Jaeger. "Tampoco es posible revender el software", algo prohibido también en el caso de compra pero que en la práctica es muy difícil de controlar.
Otra dificultad puede ser que si los programas funcionan en la nube hace falta tener una buena conexión a Internet. E incluso aunque no sea así el software suele requerir un contacto con el servidor, porque de lo contrario en algún momento deja de funcionar. Y tampoco hay actualizaciones si se está offline.
Por otra parte, la necesidad de estar conectado da flexibilidad. "Con SaaS puedo trabajar desde cualquier plataforma y en teoría desde cualquier parte con mis archivos", señala Gollner. Sin embargo, a la vez se pierde control. "No se puede controlar lo que hace el proveedor con mis archivos y quién tiene acceso a ellos".
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