BELÉN GONZÁLEZ
@mbelengg
Especial
Un trastorno digestivo recurrente que afecta al 7% de la población
Estudios recientes confirman que un 15% de la población mundial presenta estos síntomas al menos una vez a la semana
Según las estadísticas un siete por ciento de la población enfrenta diariamente esa sensación de ardor a nivel del esternón, conocida como reflujo gastroesofágico, una afección que se produce cuando el balance entre los factores agresores y defensivos de la mucosa esofágica se desequilibran.
Siendo más concretos, el reflujo gastroesofágico, también conocido como ERGE, tiene lugar cuando los contenidos estomacales se devuelven hacia el esófago y causa una serie de síntomas, entre los que destaca la pirosis, término que define la sensación de ardor o dolor a nivel del esternón, que por lo general aumenta después de ingerir abundante comida.
Otros de los síntomas característicos de esta afección son la regurgitación, la dificultad para tragar, el dolor torácico que no es cardiaco, los eructos, las náuseas y el hipo. Las alteraciones respiratorias, como tos, neumonía, bronquitis, broncoconstricción y el asma, también son frecuentes.
Fibra muscular relajada
Las causas de este incómodo trastorno son múltiples, aunque la más común es la alteración a nivel del esfínter esofágico inferior, un anillo muscular que rodea al esófago en su unión con el estómago y cuya función es impedir que el alimento deglutido vuelva a subir.
Este esfínter, como fibra muscular, deja de cumplir su función al relajarse, dando lugar al desagradable reflujo. La distensión muscular en este caso puede ser producto de una alteración fisiológica, así como del consumo de ciertos fármacos contra los mareos, la hipertensión arterial, el asma, el mal de Parkinson, el sangrado menstrual anormal, los sedantes y los antidepresivos.
La acción de sustancias como el alcohol, el chocolate o el tabaco también favorecen la relajación del esfínter y, por lo tanto, el reflujo.
Asunto complicado
Quienes padecen esta condición están expuestos a una serie de complicaciones como la esofagitis, que es una alteración de la mucosa producto del ácido que refluye hacia el esófago, y que según su gravedad puede ser leve o erosiva.
Otra de las complicaciones es el llamado esófago de Barrett, que consiste en la sustitución del epitelio escamoso normal del conducto como resultado de un proceso de lesión y regeneración progresivo. Esta condición aumenta 50 veces el riesgo del paciente de desarrollar un cáncer.
Están también la estenosis por esofagitis, que se produce cuando el reflujo gastroesofágico es grave y prolongado, esta se manifiesta generalmente en la dificultad para tragar alimentos sólidos; y finalmente, las hemorragias, especialmente en los casos de úlcera esofágica.
Solución a la mano
El reflujo gastroesofágico es una condición crónica y por esto el tratamiento se concentra en el alivio de los síntomas, así como evitar las complicaciones. La primera recomendación en estos casos es incorporar cambios en nuestros hábitos, por ejemplo, evitar el sobrepeso, las prendas ajustadas, las comidas copiosas e ir a la cama inmediatamente después de ingerir alimentos.
Las modificaciones en nuestros patrones de alimentación también son importantes. Lo ideal es beber mucha agua, aumentar el consumo de proteínas y disminuir las grasas, el alcohol, el chocolate, el café y el tabaco.
A nivel farmacológico, el tratamiento contempla el uso de inhibidores de la secreción ácida del estómago durante un lapso de ocho semanas en los casos leves y hasta por un año en los más severos. El objetivo es disminuir el factor agresivo responsable de los síntomas gracias a la acción de medicamentos, como el omeprazol, el pantoprazol, el lansoprazol y el rabeprazol.
Cuando los síntomas del reflujo gastroesofágico se hacen recurrentes, como sucede en el 5% de los casos, la solución es una cirugía antirreflujo. De hecho, los procedimientos quirúrgicos más usados son la funduplicatura, que consiste en enrollar, total o parcialmente; el fundus gástrico alrededor del extremo inferior del esófago, la técnica de Belsey-Mark, que se aplica en pacientes con hernias; el proceso de Collis, que se usa cuando existe un esófago acorado; y el método Hill, que fija el estómago para evitar su ascenso.
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