Francisco llega a tierras conocidas, al continente donde nació, en una visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, países a donde espera llevar alivio y en los cuales tiene buena parte de su feligresía. Basta recordar que cuatro de cada 10 católicos son de América Latina.
Una tarea por hacer
Y uno de ellos es el caso de los matrimonios entre personas del mismo sexo, una iniciativa recientemente legal en EEUU y que sin embargo, en América Latina está mucho más avanzada, o al menos en algunos países como Brasil, Uruguay, Argentina y en algunos estados de México, y otros que ofrecen ciertas protecciones como Colombia y Ecuador
Allí espera recibir el cobijo de los católicos, pero también es momento de hacerse preguntas y reflexiones y empezar a cuestionarse el real papel de la iglesia y el Vaticano en esa región. Porque si bien Francisco, el papa argentino, ha roto algunos moldes por su humildad y sinceridad al hablar de algunos temas álgidos para esta región, como el divorcio, entre otras cosas, existen también aspectos que se han venido soslayando y que es hora de enfrentar.
Y uno de ellos es el caso de los matrimonios entre personas del mismo sexo, una iniciativa recientemente legal en EEUU y que sin embargo, en América Latina está mucho más avanzada, o al menos en algunos países como Brasil, Uruguay, Argentina y en algunos estados de México, y otros que ofrecen ciertas protecciones como Colombia y Ecuador.
El Papa ha tocado el tema en varias casiones, pero, y aunque luce con una postura un poco más tolerable que sus antecesores, aún no se ve, al menos en el futuro a corto plazo, que la iglesia cambie de opinión. En 2014, por ejemplo, Francisco dijo a un diario italiano que si bien el matrimonio "era solo entre un hombre y una mujer", había situaciones diferentes que era necesario evaluar de otra manera. Su declaración más destacada, sin embargo, fue cuando dijo que no era nadie para juzgar a alguien que fuera gay y "que buscara al Señor".
El Vaticano está obligado a afrontar el matrimonio y la comunidad gay como una realidad. Quizás no sea con Francisco, ni tampoco con el próximo Papa, pero la iglesia, tarde o temprano, debe abrir realmene sus puertas a todos.
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