En las calles de Bogotá, entre las pistas de asfalto marcadas por conos de colores y las voces entusiastas de jóvenes en uniforme deportivo, se mueve una figura reconocida, pero sin alardes. Su silueta acompaña, corrige, anima. No grita; enseña. Su nombre es Samuel Romero, y desde hace más de dos décadas lidera una transformación que pocos esperaban: la introducción y consolidación del deporte alternativo como herramienta educativa y social en Colombia.
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Un educador sobre ruedas: la historia de Samuel Romero y su revolución silenciosa en el deporte colombiano
Con tan solo 13 años, comenzó a entrenar a otros. Lo que inició como una colaboración voluntaria en clubes barriales se convirtió en una vocación profesional
Romero no busca cámaras. Su éxito no está medido en titulares, sino en el brillo de los ojos de cientos de jóvenes que, gracias a su trabajo, encontraron una disciplina que los motiva, los forma y, en muchos casos, los rescata. Floorball, Korfball, Kin-ball: nombres desconocidos para el gran público, pero que hoy circulan con naturalidad en escuelas, clubes y comunidades de su país.
Nacido en el seno de una familia deportista, Samuel creció entre trofeos y entrenamientos. Desde pequeño practicó ciclismo, natación y tenis, pero fue en el patinaje de velocidad donde encontró su mayor afinidad. Llegó a integrar la preselección nacional, pero una lesión interrumpió su camino competitivo.
Con tan solo 13 años, comenzó a entrenar a otros. Lo que inició como una colaboración voluntaria en clubes barriales se convirtió en una vocación profesional. En 2011 fundó el Club Eagles Skate, una escuela que se volvió semillero de talentos y que hoy es sinónimo de formación con valores.
Pero fue su apuesta por las disciplinas emergentes lo que marcó un antes y un después. Romero no solo enseñó a patinar: buscó métodos para incluir a más jóvenes, para derribar barreras de acceso y expandir las posibilidades del deporte en contextos vulnerables. Así, introdujo deportes de origen europeo y asiático, adaptándolos a la realidad colombiana con creatividad y pedagogía.
La Copa Eagles, que inició como un encuentro local, hoy convoca a más de 1.200 participantes por edición, consolidándose como uno de los torneos formativos más relevantes del país. Para muchos chicos y chicas, es su primer contacto con la competencia sana, la disciplina y la construcción de identidad colectiva.
Además de formador, Samuel es autor y conferencista. Escribió manuales prácticos, colaboró con universidades, y es parte activa de foros educativos donde comparte su modelo de inclusión deportiva.
“Lo que Samuel ha hecho no es solo deporte, es intervención social”, afirma una profesora de educación física de Medellín que replicó su metodología.
Mientras en gran parte de América Latina los recursos se destinan a los deportes más populares, Romero abre camino a la diversidad. Su meta no es solo formar campeones, sino formar ciudadanos conscientes, solidarios y comprometidos. Y aunque él evita hablar de sí mismo, sus alumnos y colegas se encargan de amplificar su mensaje.
Desde Colombia, su historia inspira a educadores y entrenadores que entienden que el deporte, bien orientado, no es solo una actividad física: es una herramienta de transformación comunitaria y cultural. Samuel Romero lo sabe, y por eso sigue, paso a paso, cambiando el mundo desde una pista de entrenamiento.
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