LA HABANA.- Cintia jamás olvidará el día que Fidel Castro murió. No por cariño al viejo guerrillero ni devoción a la figura del ex comandante en jefe.

Sucede que desde hace un mes, los padres de Cintia habían reservado un salón, pagado sesiones de fotografía y maquillaje e invitado a un centenar de personas a su fiesta de quince años.

Los gastos no fueron pocos. Más de dos mil pesos convertibles, unos 2.400 dólares, el salario de cuatro años de un profesional. El onomástico de la adolescente coincidió con los nueves días de luto oficial que el régimen decretó por el fallecimiento de Fidel Castro.

Cumpliendo normativas del gobierno provincial, los bares, centros nocturnos y tiendas o mercados que expenden bebidas alcohólicas prohibieron su venta.

Los padres de Cintia ya habían invertido alrededor de 500 cuc en ropa y 400 en sesiones de fotos y videos. La fecha del cumpleaños, con escenografía de baile, presentador profesional y una botella de ron añejo por mesa, estaba señalada para el domingo 27 de noviembre.

Por precaución, la familia de Cintia, antes la escasez de la cerveza, ya había comprado quince cajas de Cristal. Pero el ron, que nunca falta en las despensas de los mercados por moneda dura, pensaban adquirirlo el día antes de la fiesta.

El primer problema se presentó con el alquiler del salón, un centro estatal que de noche se utiliza como discoteca. El sábado 26 en la mañana, el administrador les devolvió el dinero, explicándoles que “por el duelo nacional tras la muerte de Fidel, estaban suspendidas las actividades recreativas y culturales”.

La familia de Cintia entendió las razones. “Imagínate, aquí casi todos los negocios son propiedad del Estado. Entonces decidimos alquilar una casa particular. El lío se produjo después, cuando fuimos a comprar ron, vino tinto y champán”, cuenta la madre.

Recorrieron decenas de mercados y observaron que en los estantes de las bebidas alcohólicas habían situado un nailon negro en señal de luto. “Señora, lo siento, no puedo hacer nada por usted. Si me cogen vendiendo bebidas pierdo mi puesto de trabajo”, le dijo una dependienta.

Al indagar de dónde procedía esa normativa, señalaron con el dedo hacia el techo. “De arriba, del Gobierno”. Como siempre sucede en Cuba, cuando usted quiere conocer el nombre del funcionario o ministro que aprobó un ucase absurdo, la madeja de instituciones burocráticas encubre al ejecutante.

Al llamar por teléfono a entidades del Ministerio de Comercio Interior y las que administran las tiendas en divisas, las respuestas eran las mismas: “Estamos de luto nacional por la muerte del comandante”.

Entonces, ¿qué hacer con quienes tenían previsto festejar su cumpleaños o su boda entre el 26 de noviembre y el 3 de diciembre? ¿O los devotos de Santa Bárbara que siempre festejan el 4 de diciembre?

Aunque la prensa oficialmente no lo ha anunciado, la ley seca se extiende a toda la isla. La periodista Lourdes Gómez reportabaen Diario de Cuba que "extrañamente no se ve a nadie consumiendo bebidas alcohólicas. La dependienta de una cafetería dijo que recibieron una directiva según la cual se ha prohibido la venta durante los próximos nueve días, el período decretado por el Consejo de Estado para el duelo nacional".

Ya los cubanos nos hemos acostumbrado a la callada por respuesta. En estos momentos, el deceso de Fidel es prioridad. Genio y figura hasta la sepultura, tras su deceso, se arma un guirigay al estilo de una comedia de Cantinflas.

El afamado tenor Placido Domingo, que tenía señalado un concierto único en el Gran Teatro de La Habana el sábado 26 de noviembre, tuvo que hacer las maletas y marcharse hasta nuevo aviso. Los amantes al béisbol o el fútbol de las ligas europeas deben gastar el equivalente a dos jornadas de trabajo y navegar por internet para conocer sus resultados, pues la prensa oficial, tanto la impresa como la radial y televisiva, solo difunden contenidos sobre la trayectoria del llamado Máximo Líder.

El ejército de bebedores en La Habana, Santiago de Cuba y el resto de las provincias, por decreto estatal no pueden beber cerveza ni ron. “Es que resulta de mal gusto, en medio del luto nacional, que la gente esté tomando y fiesteando. ¿Cuál es la alegría? Después del 4 de diciembre tendrán tiempo para empinar el codo”, responde un agente policial.

Quienes no sufren con la inesperada ley seca tropical son los borrachos consuetudinarios. “Esa gente toma cualquier cosa. Los que venden 'chispa de tren' ahora estará haciendo un billete, pues no es fácil aguantar nueve días con todo este jaleo sin darse un trago”, dice el dueño de un café por los alrededores del Mónaco, al sur de la capital.

Los bares privados, paladares y cafeterías particulares tampoco pueden servir ni vender bebidas alcohólicas, pero por debajo de la mesa se vende ron y cerveza para consumir en casa.

Volviendo a la familia de Cintia. A última hora pudieron comprar varias botellas ron y de vino tinto. Eso sí, pagándolas más caro. Finalmente pudieron celebrar los quince, con la música a bajo volumen para no ofender a Fidel Castro en su duelo nacional.

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